Son palabras con las que cualquiera nacido en América latina después de los 60 se siente identificado como si fueran su propio apellido: crisis, deuda externa, Tercer Mundo. Subdesarrollo, en fin. Para entenderlas se necesita sólo tomar un periódico. Para interpretarlas sólo hace falta vivir un mes con Inés.

“Objects look closer than they are” nos advierten los espejos de los autos. Las obras de arte latinoamericano del siglo XX parecen viejas, lejanas (nada más obsoleto que el pasado reciente), pero cuando uno las ve se siente irremediablemente reflejado.

Somos, bien dijo Paulo Freire, hijos de los oprimidos. Por eso habría de existir una pedagogía especial para nosotros: un nacimiento de la revolución. Muerte a la colonización imperialista, encontremos nuestro pendón y alcémonos como hombres nuevos.

Memorias del subdesarrollo: El giro descolonial en el arte de América Latina, 1960-1985 es la gran exposición con la que el Museo Jumex nos cuenta de nosotros mismos. No sólo hace falta historia política, análisis macroeconómico y activismo para entender a nuestra región. También para eso está el arte.

Descolonizar es la palabra del día. Que es lo mismo que decir que nuestros países necesitan su propia identidad, por más trasnochado que suene.

La exposición comienza con un recuerdo, ahora ya lejano como Plutón, de la era en la que Latinoamérica creyó el progreso. Fotos de Ciudad Universitaria, tomadas por Armando Salas Portugal en 1952, ponen sobre la mesa los rastros arquitectónicos, visibles todavía hoy, de cómo la modernidad se asomaba a México.

Juan Guzmán toma una foto primorosa de la construcción de la Torre Latinoamericana y Lola Álvarez Bravo documenta con su cámara la construcción de carreteras y autopistas para estos mexicanos que cada vez tenían mayor acceso a esa maravilla llamada automóvil.

Rápida industrialización, sabrosa ciencia, modernidad falsa, que en nuestro país tomó el rostro de desarrollo estabilizador que creó una amplia clase media que se caería en los años 80.

El recorrido no pasa sólo por México, desde luego. El visitante va de dictadura en dictadura, de Argentina de Videla a Chile de Pinochet, Brasil proletario y orgulloso.

Las fotografías y documentales del húngaro Thomas Farkas dan cuenta del Brasil popular mientras que las instalaciones-juguetes de Hélio Oiticica bailan samba. Las obras de Hélio invitan al juego: los “Parangolés”, especie de disfraz en forma de cubo colorido, invita a la selfie. También así su instalación con las loros vivos (no tocar, no les dé de comer) Lori y Pila son lúdicas y hacen pensar en una paraíso perdido: Lori y Pilla pertenecen a una especie amenazada.

Hay espacio también para las obras controversiales. “La deuda e(x)terna que la pague el Papa” grita la pieza de la chilena Catalina Parra. Parra fue una voz en contra de Augusto Pinochet y denunció a la iglesia católica como cómplice del desangre de su país.

El siempre extremo León Ferrari, argentino, hace un collage de mierda con su jaula de pájaros (dos canarios vivos) sobre “El juicio final”, la famosa pieza de El Bosco.

Memorias del subdesarrollo nos recuerda épocas de lucha, muchas veces vana, de sangre, de uso indiscriminado de dirección izquierda-derecha de eso que llaman “el pueblo” y que nadie alcanza a definir con la visión preclara del filósofo.

“Nadie educa a nadie, tampoco nadie se educa solo. Los hombres se educan entre sí mediatizados por el mundo”. Como remate, ese cartel de la Escuela Popular de Arte, un experimento mexicano de los 70. Es una crítica a la hegemonía, contra las dictaduras, el imperio yanqui y el embate consumista de los mass media.

¿Qué es hoy Latinoamérica? Una serie de contradicciones. Pero al menos tenemos una voz, esa voz que fue naciendo de la oposición a modelos dominantes y también a la adquisición simultánea de esos modelos al modo tropical.

Museo Jumex

Cervantes de Saavedra 303, col. Granada

Martes a domingo, de 11 am a 8 pm

Entrada: $30

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