Entre los especialistas, van y vienen las razones para mantener con vida el concepto de industria cultural. Google arroja 427,000 referencias; con industrias creativas baja a 143,000. La combinación da 1 millón 420,000. Si a la mezcla agregamos México, 587,000.

Las clases o tipo de actividades de la economía cultural distan de poder ser enumeradas con suficiencia conceptual y metodológica en virtud de la falta de caracterización del sector. A partir del SCIAN, y con la ayuda del libro Cuenta Satélite de Cultura. Manual metodológico para su implementación en Latinoamérica, se puede enlistar: teatro, danza, literatura, música, televisión, cine, video, publicidad, telecomunicaciones, artesanías, periódicos, revistas, radio, centros educativos, festivales, festividades, diseño, arquitectura, servicios de innovación tecnológica, museos, galerías, gastronomía, sitios históricos, parques recreativos, zoológicos, antigüedades, consultoría, turismo cultural y centros de espectáculos.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) opera sus mediciones a partir de la caracterización de las industrias creativas: sitios culturales, expresiones culturales y tradicionales, artes escénicas, audio-visuales, media interactiva, servicios creativos, diseño, literatura y publicidad, y artes visuales.

La convocatoria del Conaculta y sus aliados para estimular a las mipymes dicen que habremos de atenernos a lo que sigue: libros, libros digitales y audio libros; artes plásticas; centros y talleres culturales; escuelas de pintura, música, ballet, danza y teatro; cine y video; radio; fotografía; proyectos multimedios; agrupaciones musicales, compañías de teatro, danza y otras artes escénicas; museografía; diseño; curaduría; fabricación de instrumentos musicales; restauración de obras de arte; textiles; gastronomía; turismo cultural, artesanías y otras manifestaciones de la cultura popular. La convocatoria al Premio Morelos a la Empresa Cultural considera: galerías, centros culturales, compañías artísticas, operadoras de turismo cultural, librerías, sellos editoriales, promotoras de actividades culturales y artísticas, espacios de venta y exposición de artesanía y artículos de diseño y arte, escuelas y academias de arte, productoras de espectáculos, cine y video, y otras.

Para el solaz de los pragmáticos (sigamos brindando bostezos), tomemos un fragmento de la descripción de las unidades económicas del subsector Servicios artísticos, culturales y deportivos, y otros servicios relacionados del sector 71 del SCIAN que se dedican principalmente a la producción, promoción y presentación de espectáculos artísticos, culturales, deportivos y similares; a la representación y administración de artistas, deportistas y similares, y a la creación y producción, por cuenta propia, de trabajos artísticos y culturales o a proveer la experiencia técnica necesaria para realizar dichos trabajos .

Tras este paneo, la conclusión es obvia. Como en todos los campos de la economía, en el sector cultural necesitamos un piso conceptual que permita generar políticas públicas consistentes.

Si he logrado que llegue a esta línea, si tuve el privilegio de que leyera los dos anteriores paredones, comprenderá el imperativo de evidenciar el despropósito de la convocatoria que a ciegas avalaron al Conaculta la Secretaría de Economía, Nafin y Banorte.

Si nos apegamos, precisamente, a lo dicho en el programa sectorial de cultura, bien harían en retirar esa convocatoria, que envilece a los emprendedores culturales y a quienes se esmeran por construir el andamiaje de la economía cultural mexicana. Seguiremos en el asunto.

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