Excelente desempeño orquestal del Ensamble Filarmonía concertado por Jan Latham-Koenig, que supo envolver en seda una selección de versos de Façade (1922) de William Walton (de la autoría de la poeta Edith Sitwell), la ópera Les malheurs d’Orphée (1926) de Darius Milhaud y la cantata escénica Mahagonny Songspiel (1927) de Kurt Weill y Bertolt Brecht.

Notable acontecimiento operístico ocurrido este fin de semana en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario. En palabras del director general de Música de la UNAM, Gustavo Rivero Weber, este proyecto buscó proponer nuevas cosas… (Se trató) de óperas que se escribieron hace mucho tiempo, pero que por primera vez se presentan en el país .

Fue una buena apuesta de la UNAM para dar a conocer en México estos trabajos, aunque un poco tarde -no mucho, nada más como 100 años-, pero valió la pena esperar. Son tres piezas redondas, deliciosas, bien logradas, con mucho contenido social, como se estilaba en aquellos tiempos, cuando el proletariado -Revueltas dixit- sí tenía cabeza .

Según explicó Jan Latham-Koenig -también director artístico de la OFUNAM- estos trabajos se ubican en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando los jóvenes estaban dispuestos a darse a conocer mediante cuestiones artísticas revolucionarias e innovadoras, en contraposición con las fuerzas del conservadurismo .

Mahagonny Songspiel es una obra desafiante en su estructura, irreverente, contestataria. En el estreno, la concepción escénica corrió a cargo de Caspar Neher, quien situó la acción dramática en un ring de box, detrás del que se proyectaron imágenes en una pantalla. Ahora, en la Sala Miguel Covarrubias, se incluyeron barcos, obreros en huelga, una ciudad destruida… Y también un ring de box un tanto más moderno que los de la época.

En general, la escenografía de las tres obras fue muy sencilla: en Façade solamente se empleó un atril. También vimos elementos simbólicos, como tres tristes puertas, una casa y un árbol; máscaras de zorros y lobos en Les malheurs d’Orphée.

De los tres estupendos trabajos, la Mahagonny Songspiel es el que mejor impresión dejó en el público, de acuerdo con el aplausómetro. En ella se manifiesta claramente la concepción de Brecht acerca del arte aristotélico de la composición dramática.

Ciertamente, una creación anticlimática que se sostiene en el imperativo de resaltar los aspectos didácticos. Y que así sea más fácil para un público popular desentrañar los entresijos de ese capitalismo monopólico que hacia los años 20 despunta con toda su fuerza en América y Europa, desplegando su cauda de guerras, miseria, desempleo, parasitismo, delincuencia e individualismo atroz.

Visto como totalidad, este fin de semana, en la Miguel Covarrubias, la puesta en escena fue muy buena.

En esta triada operística participaron el Ensamble Filarmonía y cantantes de nivel internacional con experiencia en este tipo de obras: Andrew Ashwin, Andrew Rees, Yvonne Fontane, Natasha Day, Andreas Mattersberger, Adelaide Rouyer y Richard Wiegold. En cuanto a los cantantes nacionales, estuvieron Lourdes Ambriz, Irasema Terrazas y Josué Cerón.