Segunda y última parte

La conciliación de la vida personal, familiar y laboral es sin duda una necesidad social urgente si lo que se busca es alcanzar una verdadera igualdad de género. Para lograrla habría que reconocer también que la función principal del ser humano no es trabajar, y que trabajar no es sólo desempeñar tal o cual función para ganarse la vida. Como hemos visto, niñas y mujeres llevan a cabo la mayor parte de las imprescindibles tareas del hogar y de cuidado, estén o no insertas estas últimas en el mercado laboral.

En Occidente se han diseñado políticas de conciliación para hacer posible un equilibrio entre la vida en el trabajo y fuera de él. Éstas incluyen permisos de maternidad (y poco a poco también de paternidad), permisos por necesidades de cuidado de familiares y, aunque menos común, cierta flexibilidad laboral (con empleos de medio tiempo o a distancia, por ejemplo). En la Unión Europea, donde se han dado los mayores avances en este campo, estas políticas pueden incluir también servicios de transporte o guarderías, entre otros.

Según algunos estudios, sin embargo, estas medidas funcionan a medias, porque siguen siendo las mujeres quienes más permisos por razones familiares piden y quienes más asumen puestos de medio tiempo o trabajos a distancia, con menores salarios y menores prestaciones. Así, la reforma legal se topa todavía, incluso en esos países, con el peso de la cultura y de la costumbre que reproducen la añeja visión del cuidado, la limpieza y la cocina como tareas primordialmente femeninas. En este sentido, la conciliación facilita la inserción de las mujeres en el espacio del trabajo asalariado, pero a costa de menores ingresos y menores oportunidades de ascenso.

En México se ha impulsado también este tipo de políticas; instituciones y empresas otorgan permisos de paternidad o facilitan la lactancia, o reconocen iguales derechos al cónyuge de la trabajadora o trabajador.

Cabe preguntarse, no obstante, si este tipo de medidas basta para favorecer no sólo la igualdad de género, sino también el equilibrio entre vida laboral y vida personal. ¿Qué pasa, por ejemplo, con las funcionarias y funcionarios que no tienen familia? ¿No deberían tener también derecho a conciliar vida personal y vida laboral? ¿No necesita cualquier ser humano descanso, ocio, ejercicio, para preservar su salud física y mental, y para su desarrollo como persona? La respuesta parece evidente. En los hechos, sin embargo, la cultura laboral predominante tiende a ampliar las fronteras del mundo del trabajo a expensas de la vida personal y familiar, y de la igualdad de género.

Para no quedarnos en el aire, pensemos simplemente en los horarios reales (no oficiales) de las dependencias gubernamentales. Como dicen muchos: la hora de entrada es fija; la de salida, quién sabe. Depende del bomberazo, del horario del jefe o jefa, de las necesidades, todas urgentes , del trabajo. La expansión del horario laboral va imponiendo la mala costumbre de asociar horas-silla con laboriosidad y productividad, de tal forma que parece valorarse más a quien más disposición tiene de quedarse hasta morir , lo cual en nada favorece a quienes tienen hijos, estudian y trabajan, o no quieren arriesgarse a salir a altas horas de la noche. No es de extrañar entonces que más mujeres prefieran no ascender o ganar menos, con tal de evitar jornadas interminables, sobre todo si, como sucede en la ciudad de México, tienen que recorrer largos trayectos en un transporte público por demás ineficiente y muchas veces inseguro.

Una verdadera política de igualdad de género y de conciliación laboral-personal debería empezar por lo más básico: la racionalización de la jornada de trabajo y el respeto por los derechos laborales, incluyendo la jornada de ocho horas. Fijar una hora de salida razonable no es imposible: en el sexenio del presidente Zedillo esto se hizo en las oficinas públicas para ahorrar electricidad. ¿No es igual o más importante el bienestar de millones de personas? ¿Acaso el gobierno federal, en congruencia con su discurso a favor de la igualdad de género, no podría dar el ejemplo?