“Creo que no hemos acabado de procesar que estamos en un tránsito histórico e ideológico entre ese viejo Estado que surge en la Revolución y que se legitima a través de la cultura y el nuevo Estado que surge en la democracia actual, y que requiere de un ejercicio de debate nacional para definir qué idea de cultura es la que nos importa, como país, impulsar hoy”, dice Enrique Márquez, director ejecutivo de Diplomacia Cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), frente a la efervescencia de la comunidad artística ante los recortes presupuestales y la desaparición o acotamiento de instancias y programas culturales en México.

“Estamos acostumbrados a ser un país de silencios o de unanimidades. Porque ese es el sistema que heredamos desde el Porfiriato. Y donde debiera debatirse de manera natural, que es en la comunidad cultural, no lo estamos haciendo. Tenemos de dialogar, debatir, no nos podemos quedarnos en la descalificación”, sostiene Márquez, historiador y poeta.

Para Enrique Márquez, que ha encabezado proyectos de gestión cultural, como los festejos del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución en la Ciudad de México en el 2010, los recortes al presupuesto de cultura son un falso problema.

“El tema del presupuesto es un problema desgastante y limitante que yo no acepto. Todos estamos de acuerdo en que siempre serán insuficientes los recursos destinados a cultura. A veces es un problema de ideas y de gestión que permita aplicar mejor los recursos con mejores resultados”, señala.

“El capital principal de cualquier instancia de cultura son sus creadores, sus artistas. Cuando acudes a la energía y al consenso de los creadores el capital es enorme, y eso te permite atreverte a emprender programas que en otras condiciones no podrías imaginar. Discutir a partir de si hay poco dinero o mucho me parece que no es lo más importante, vamos viendo mejor qué propuestas hay, si esas propuestas son aceptadas por la comunidad y si están acorde con lo que está pasando en el mundo, y entonces así los proyectos pueden avanzar”, asegura.

Un nuevo modelo

El director ejecutivo de Diplomacia Cultural de la cancillería fue becario del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1976, luego de recibir el Premio Nacional de Poesía Joven, que le permitió publicar su libro de poemas Liturgia del gallo en tres pies en el Fondo Editorial Tierra Adentro, prologado por Carlos Monsiváis.

Frente a los cambios que vive el hoy sistema de subsidios y becas del Estado a la creación cultural, opina que las comunidades artísticas y culturales también han cambiado, y que atender las necesidades de todos es más complicado: “no es un asunto nada más de presupuesto sino un problema entre lo tradicional y lo nuevo”.

“La Secretaría de Cultura es una dependencia nueva que está viviendo sus propias transiciones y actuando en un espacio nacional que no necesariamente es favorable. Hay muchas regiones del país con una desintegración institucional y política muy acusada y es muy difícil tener una acción homogénea en todo el territorio porque hay procesos que han alterado la integración del país”, asegura.

“Creo que lo que urge en México es la definición de una nueva política cultural de Estado que supla a la vieja política cultural del Estado posrevolucionario, que era una política nacionalista, vertical, cargada de estereotipos”, y ese sentido aboga por abrir, desde las comunidades culturales, una discusión sobre los distintos tipos de cultura que se reconocen en el mundo.

“Cómo construyes una presencia cultural de Estado que se inserte en un modelo más abierto y más democrático en el mundo, es una dificultad que todas instancias de cultura enfrentamos en este país”, sostiene Márquez.

Entre los aciertos del nuevo gobierno, a poco más de seis meses de su arranque, destaca la creación del Consejo de Diplomacia Cultural recientemente constituido entre la Secretaría de Cultura y la cancillería.

“Uno de los esfuerzos que si se están haciendo en la ruta para cambiar el orden de las cosas en la gestión cultural es el que compartimos con la Secretaría de Cultura en la constitución del Consejo de Diplomacia Cultural, una necesidad muy sentida y muy bien recibida por la comunidad artística y creadora. La secretaria Frausto y el secretario Ebrard llegaron a un acuerdo para su constitución, y en estos días acabamos de iniciar la primera consulta a los 20 consejeros para definir las orientaciones que debiera tener la política cultural del Estado mexicano en el exterior”, revela.

Pero, aunque las funciones del consejo, dice, “son muy importantes”, reconoce también que son limitadas. Por eso señala que “estamos ante una oportunidad de abrir un gran debate nacional para discutir qué queremos y qué tipo de cultura es importante que impulsemos y promovamos hoy”.

“No todo puede agotarse en la anécdota, la descalificación de los funcionarios o la descalificación de los artistas, como también ocurre. La práctica que siempre sustituye perversamente al debate es la descalificación, la diatriba, la gacetilla, el trascendido”, señala.

Creo que es un buen momento para dialogar y debatir. Y ese ejercicio, lo más ampliamente posible, debe partir de las propias comunidades artísticas, esa iniciativa no puede partir del gobierno. En ese sentido las funciones del consejo son limitadas”.

Cultura-migración, la diplomacia cultural, a prueba

Enrique Márquez revela que en la SRE un tema prioritario para este año que es el de la relación cultura-migración. “Varios de los proyectos importantes de cultura que tenemos en la cancillería circulan por esta prioridad, por el eje de la migración. Proyectos que compartimos con la Secretaría de Cultura, (ya que) la secretaria Alejandra Frausto tiene una propuesta amplia a desarrollar con las comunidades de mexicanos que viven en Estados Unidos.

Señala que bajo esa prioridad el eje de la política cultural hacia el exterior es “acercar al mundo lo mejor de la creación, la cultura y el arte mexicanos y acercar a México lo que el mundo está ofreciendo en sus distintas regiones. Es un viaje de ida y de regreso. Hay que favorecer el encuentro de la nueva cultura mexicana y las culturas del mundo”, concluye.

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