El pasado martes, 45 empresas anunciaron el reto Leer Más, como parte de los trabajos de la Campaña Leer para Aprender, promovido por el Consejo de la Comunicación (CC), reto que consiste en que los 320,000 empleados de dichas empresas acumulen 2 millones 12,000 horas de lectura, un reto simbólico en voz de los representantes del CC, y cuyo objetivo de fondo es impactar en un mayor nivel educativo nacional, curiosamente, en el único país de la OCDE que no ofrece ventajas a aquellas personas que estudian más.

Bajo este esquema de responsabilidad empresarial social, que se formula en diversas campañas en favor de la lectura, nos acercamos a aquellos que son considerados lectores por excelencia, los escritores, para pedirles su opinión sobre estas campañas, y para que nos platicaran de qué forma adquirieron ellos el hábito de la lectura.

Sus respuestas, en suma, coinciden en la creencia de que ellos hubieran llegado a la lectura con o sin facilitadores, con o sin campañas. Además, algunos se expresan de una forma muy corrosiva y crítica sobre estas campañas, mientras otros prefieren mirar el lado amable.

LA CUESTIÓN MEDULAR ES LA FAMILIA Y LA ESCUELA

Para el filósofo y escritor mexicano Heriberto Yépez, cualquier esfuerzo en favor de la lectura es digno de aprecio. Sin embargo, su análisis se detiene en aspectos culturales de mayor calado:

Creo que la cuestión medular es la familia y la escuela. En la familia mexicana el gran enemigo del libro es la forma en que se trata a la Biblia . Advierte que eso repercute en que los chicos relacionen leer con palabras como aburrimiento e imposición , precisó el crítico pensador mexicano.

Coincide con Yépez el escritor y twittero Alberto Chimal, para quien cualquier campaña con ese fin, ya sea grande o pequeña, es positiva: Excepto si trata de imponer un gusto , afirma.

En este sentido, sería dudosa la integración de la campaña publicitaria del Círculo Sanborns, la cual consiste en una serie de fotografías de diversos escritores en ambientes cómodos donde simulan leer libros de su propia autoría; la estrategia ofrece beneficios a aquellos que se inscriban en el Círculo Sanborns, desde descuentos hasta cenas en grupo con los autores.

A juicio del editor de Sexto Piso, Diego Rabasa, la campaña de Sanborns le parece mejor lograda que la instrumentada por el Consejo de la Comunicación con artistas, dice: El proyecto viene de la mano con un lanzamiento de una colección editorial, por lo que tiene un sentido, una dirección y una salida comercial claras. Podrás estar o no de acuerdo con la selección y con el programa pero tiene un sentido de trascendencia, lo mismo pragmático que en términos más abstractos (de promoción a la lectura).

El del CC me parece desarticulado, poco claro y muy poco efectivo. Casi elaborado por personas que no entienden de libros y cómo se promueven. Una lástima, porque no lo veo teniendo ninguna incidencia positiva (ojalá me equivoque) y me parece que se desperdician muchos recursos que podrían tener un efecto mucho más claro , opina el editor.

A propósito, entrevistamos a uno de los autores que aparecen en la campaña de Sanborns, el escritor y monero Bernardo Fernández (Bef), quien opina: Me parece más interesante esta campaña porque está hecha por escritores, y no por celebridades que a la legua se nota que no leen. O no todos , precisa el dibujante.

¿DÓNDE ESTÁ LO PROFUNDO, LO REVELADOR, LO LITERARIO?

Dos de los puntos débiles de ésta o cualquier campaña de promoción de la lectura son: lo complicado de seguir una contabilidad en sus metas (cuántos libros se leen como impacto directo) y la duda de qué tan necesario es acumular y acumular horas de lectura o libros en las repisas, como apunta el escritor mexicano Mario Bellatin:

Lo absurdo de casi todas las campañas es que toman la lectura como si fuera un acto en sí mismo, es decir casi nunca se mencionan los contenidos y los universos que un lector va a ser capaz de encontrar. Las personas que yo conozco que leen lo hacen porque es un deseo que muchas veces va más allá de una decisión consciente, que han llegado a cultivar la costumbre sin necesidad de campañas. Sin embargo, creo que es importante dar a conocer los contenidos de los libros. Hacer saber de qué está constituido un libro, qué es lo que se va a encontrar en él , comenta el mexicano.

Quizá por eso hoy las mejores formas de promoción de la lectura, que son también las mejores formas de publicidad, son las entrevistas a los autores de libros. Sin embargo, el asunto aún se queda corto porque sigue tratándose de los libros.

Para Brenda Lozano, estas campañas son gravemente superficiales . En primer lugar, porque los libros tienen más o menos la misma utilidad que un florero: Son objetos decorativos , dice. Y añade: Pero (ese lector de las fotos de publicidad) no discute en absoluto con el problema profundo. ¿Por qué asociar la imagen de una celebridad a la lectura? ¿No alimentan, con ese culto a la celebridad, justamente lo contrario que se supone buscan? , se pregunta la autora.

Heriberto Yépez anuda un punto más elevado que separa la mera fascinación libresca y engarza al periodismo con su compromiso con lo que él llama revelación: También la prensa es parte del problema, porque si la prensa fuera muy buena, fuera reveladora, la gente común la leería. Es así como un lector pasa a otras cosas, lo que genera lectores es que una persona sienta que leer le da algo único, algo revelador. En cambio, por eso la gente lee tantos e-mails y tanto Facebook. Porque funcionan bajo esa premisa: comunicar algo íntimo, publicar lo que pudiera ser secreto , arguye el filósofo.

UNA VERGÜENZA Y UNA PÉRDIDA DE TIEMPO

Más ácidos son los escritores Felipe Soto Viterbo y Carlos Velázquez a la hora de hilvanar puntos de vista.

Felipe Soto considera, en principio, que los lectores somos seres viciosos, con una vida monótona. Por lo que, inevitablemente, hallamos más interesantes las vidas que otro sujeto ideó y tuvo la paciencia de narrar. No es honroso ser lector, y mucho menos, escritor , comenta Soto. Luego añade: ¡Inviten a un puñado de dudosas celebridades, que sin duda tienen una existencia más entretenida que la del lector promedio -o al menos que la mía, sin duda-, a que finjan estar leyendo. O seleccionen a un puñado de autores a ponerlos a fingir que leen sus propios libros. Hagan eso y esa deshonra se hace patente! El único consuelo que me queda es que absolutamente ningún no-lector cambió su sana conducta a partir de esas campañas. Al verlas, los no-lectores refuerzan la vergüenza que experimentan ante la cercanía de cualquier libro y nosotros, los lectores y escritores, empezamos a considerar el suicidio .

Para el narrador norteño Carlos Velázquez, estas campañas son simple y llanamente una pérdida de tiempo porque son superfluas . Dice que el problema de fondo es la educación: Si le escarbamos, nos daremos cuenta de que el sistema educativo mexicano tiene 40 años de retraso; entonces, es una espiral que no se termina nunca porque si el sistema está obsoleto, los maestros no están preparados y así podemos seguirle , afirma.

Tiene razón. Si visitamos los resultados de la última ENLACE, la cual arroja que en nivel primaria y secundaria más de 40% de los educandos reprueba en Español (materia donde se incluye la comprensión de lectura, la cual es más importante todavía para la Filosofía, ya en pleno abandono), ubicándose en los niveles Insuficiente y Elemental. La falta en estas campañas de un método claro de contabilidad y repercusión directa en los niveles de educación de los mexicanos obliga a cuestionar sus alcances.

Más allá de esas campañas con signo publicitario, el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, quien radica en Estados Unidos y no conoce estas campañas, coincide en lo importante que es discutir la lectura y afirma que lo central es encontrar un punto medio entre la campaña y la educación. Porque si los niños y adolescentes comienzan a ver la lectura como una imposición, la batalla estará perdida. Lo cierto es que el verdadero lector llegará a la lectura con o sin campaña, pero hay otros más indecisos -que creo, son los más-, que son los verdaderos beneficiados por una campaña así , opina el autor de Río Fugitivo y compilador de Bolaño salvaje. El asunto es mucho más delicado que la búsqueda de un número o la promoción panfletaria, cuando sabemos que 20% de los mexicanos no lee o que 15% nunca ha ido a una librería o que en México no se cuenta con una red de bibliotecas o que la ley del precio único es una vacilada. Los signos parecen indicar que se requieren programas (visiones), no metas (objetivos).

aflores@eleconomista.com.mx