Magníficas, sería el calificativo que mejor le cuadraría a las presentaciones de la Limón Dance Company en el Teatro de la Ciudad, los pasados sábado y domingo . Las coreografías fueron emotivas y poderosas, los bailarines hicieron honor a las mismas.

Y sin embargo, fue inevitable quedarse con la sensación de que algo quedaron a deber o, quizá, que algo sobró.

El estadounidense

La idea de estas presentaciones era traer a México algo de lo que el mexicano José Limón logró crear en Estados Unidos.

Y hay que poner mexicano entre comillas porque si algo quedó claro desde el documental con que inició la presentación de la compañía, es que José Limón era un estadounidense y que su origen mexicano fue más una traba en un país abiertamente racista que una ayuda en su formación, si bien es cierto que nunca pretendió negarla, como se demuestra por el hecho de La Malinche fue su primer trabajo al frente de la compañía .

La familia Limón, huyendo de la inseguridad que imperaba en México en los meses previos a la revolución, emigró de Culiacán Sinaloa a Estados Unidos en 1908, cuando el pequeño José tenía sólo siete años.

Su educación, su carrera y su servicio militar los hizo allá, adonde, ni hablar, pertenecía. Sus aportaciones a la danza, en las que cuales no hay que quitar mérito a sus mentores Doris Humphrey y Charles Weidman, se valoran como parte fundamental de la american modern dance .

Es más, la suya fue la primera compañía de danza que su gira fue auspiciada por el gobierno estadounidense.

En ese sentido, la compañía fue muy amable en venir de visita, pero no nos debían nada.

Revolucionario

Se presentaron tres coreografías de José Limón: Hay un tiempo para…, La traición y La pavana del Moro.

Estupendas, diversas. La primera trata sobre las actividades y emociones de una pequeña población; la segunda es una recreación de la traición de Judas, y la tercera, el drama del Othelo de Shakespeare.

Ahora bien, el artista trabaja para sus contemporáneos. Y, viendo este rescate de su trabajo, no cabe duda de porqué Limón fue un revolucionario en los años 50.

Es más, tampoco cabe duda de porqué la compañía que él fundó es la más longeva (de las que trabajan con repertorio contemporáneo) de Estados Unidos.

Pero para que el rescate hubiera sido completo, hizo falta saber qué está haciendo la compañía actualmente, bajo la sombra de su fundador, pero sin su presencia.

Quizá no algún ejemplo del trabajo de Carla Maxwell, la actual directora de la compañía, porque no está en el repertorio de la compañía para esta temporada, pero sí de Anna Sokolw, Clay Taliaferro o Jonathan Frederickson.

A quién importa que no sean mexicanos.

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