“Los internistas hemos tenido que hacer en un año un sincretismo de lo que iba a pasar en los próximos 30, porque somos los médicos de la comunidad, en los últimos meses además se tuvo que desarrollar una serie de procesos y sistemas para saber qué sirve y qué no en tratamientos, apoyos nutricios, indicaciones de ventilación, pero sobre todo cuando estamos con el traje blanco y nuestros pacientes están solos en la zona de covid, nos hemos puesto nuestro nombre escrito para que sepan que ´yo soy tu doctor, que me llamo Víctor Huggo Córdova Pluma y estoy aquí´”, esta reflexión se da al cierre del ciclo 2018-2021del Consejo Mexicano de Medicina Interna (CMMI), especialidad que hoy más que nunca ha confirmado su valía y alta necesidad para el sistema de salud en cualquier país.

El médico internista es el médico general del adulto, el que sabe de todas aquellas enfermedades agudas y crónicas que afectan a hombres y mujeres. Su visión generalista los hace estar involucrados en el diagnóstico, clasificación, tratamiento agudo y crónico, e incluso en el contexto emocional de una persona, por ello ha estado en la posición de decidir los diversos manejos de los pacientes en los últimos días.

En esta época de pandemia, el doctor Córdova Pluma, secretario general del CMMI comparte con El Economista que los médicos internistas son en su mayoría quienes comandan el combate de la enfermedad de Covid-19, “hemos ayudado a morir tomando a alguien que no conoces de la mano y que está solo, lo aislaste de su familia y no sabe lo que está pasando y cuando se da cuenta, alguien lo está intubando, mientras la medicina interna no abandone el humanismo seguirá siendo esa especialidad cercana a la gente”.

El especialista recordó otros momentos clave como el combate al VIH, cuando se enfrentó la influenza y ahora la pandemia, pero sin dejar de lado otras pandemias como la diabetes, la obesidad, la hipertensión y el daño renal. Junto con cirugía general, pediatría, ginecología y obstetricia ésta es una de las especialidades base y de las cuales se derivan muchas otras denominadas subespecialidades o posgrados.

La importancia de la certificación y los doctores

Córdova Pluma explica que después del estudio de medicina general se puede acceder a la especialidad por medio del Examen Nacional a la Residencia Médica, esto quiere decir que no todos los médicos acceden a un sistema de educación catalogado en el mundo como uno de los sistemas de más alta disciplina, capacidad y entrega.

Los médicos que hacen la especialidad tienen un alto número de horas de formación, normalmente se hace del dominio de la consulta externa y la hospitalización general, también pueden ser internistas endocrinólogos, infectólogos, neurólogos,  intensivistas, entre otros.

La Academia Nacional de Medicina, una institución de más de un siglo es el órgano permanente y rector de la educación, investigación y divulgación, además cuenta con diversos comités, uno de ellos dirigido a regular la certificación para tener la garantía de que nuestros especialistas en medicina interna están actualizados y con conocimientos, pues se han dedicado a tomar cursos, congresos, diplomados, y que tiene el criterio para tomar decisiones importantes.

Cada cinco años los especialistas además deben presentar la Certificación Nacional Vigente, “por lo que tenemos especialistas que han presentado hasta 6 certificaciones es decir con 30 años de experiencia”.

Finalmente el doctor reflexiona, “aunque necesitamos muchísimos internistas más esto no es cuestión de lo que está pasando ahora, no es culpa ni del país, ni de nadie, pues nunca a nadie le iba a ser suficiente el número de médicos que se iban a requerir aquí y en el mundo”, dijo que lo que debería entenderse hoy por hoy es que están rebasados por el cansancio, por la frustración, por quien dobla turno y porque cuando esto empezó se dieron cuenta que no iban a ser solo tres meses, “ahora estamos en una crisis, pero porque falta que la gente sea consciente que en el hospital hay gente peleando, desde intendencia hasta los especialistas, este es un tema de humanidad y empatía y en muchas ocasiones no la hay”, concluyó el médico Víctor Huggo Córdova Pluma.

nelly.toche@eleconomista.mx