Las economías son sistemas complejos interconectados y las acciones en un sector repercuten en los demás. Justo por ello existen modelos dinámicos que nos ayudan a evaluar, analizar y prever los impactos ocasionados debido al cambio climático sobre la economía, así como los beneficios y ahorros que otorgan las medidas de mitigación al ser implementadas.

En México, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) desarrolló un modelo dinámico llamado MEGAFOLU, un modelo de equilibrio general que analiza el efecto de la actividad económica de la agricultura, silvicultura y otros usos de suelo, y de la economía en su conjunto, en las emisiones de gases y compuestos de efecto invernadero.

Gracias a este modelo de código abierto, desde el 2018 es posible llevar a cabo diversos experimentos y escenarios de política pública para incrementar los esfuerzos de mitigación, explican Pilar Salazar y Carlos Matías, economistas ambientales del INECC.

Este modelo también puede reflejar las interacciones que existen en la gestión del uso del suelo y su influencia en los servicios ecosistémicos y procesos como la fotosíntesis, la respiración vegetal y la descomposición. En un ejercicio realizado con el modelo, los incentivos hacia una producción agrícola eficiente podrían ayudar a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Con ello, el cambio de uso de suelo disminuiría, así como el uso de fertilizantes químicos.

Estos modelos computables —integrados a un sistema de criterios a nivel mundial de acuerdo con el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC)— además de considerar las interrelaciones entre economía y cambio climático, incluyen la variable social.

A nivel mundial, se tienen recursos como la categoría agricultura, silvicultura y otros usos de la tierra (AFOLU), que fue otorgada por el IPCC para calcular las emisiones en estos sectores. El cambio climático y sus eventos extremos (lluvias, inundaciones, sequías) afectan todas las actividades productivas, lo que disminuye, por ejemplo, la capacidad de producir alimentos, a la par, las emisiones del sector agropecuario representan aproximadamente 20% de las emisiones GEI totales a nivel nacional. Es una muestra de cómo estos sistemas complejos están interconectados.

Otro ejemplo mexicano para identificar acciones frente a la problemática multifactorial está en la deforestación. México perdió 3.67 millones de hectáreas de cobertura forestal entre los años 2001 y 2018 según Global Forest Watch. Por ello, el INECC desarrolló el Índice de Presión Económica a la Deforestación (Irdef), “un modelo econométrico espacialmente explícito a nivel nacional que emplea variables cualitativas para explicar la deforestación a partir de sus causas económicas estructurales y es empleado para la focalización de apoyos otorgados a través del Programa de Pago por Servicios Ambientales de la Conafor”.

Hoy, la modelación es muy importante para el desarrollo de instrumentos de política y planeación entre diferentes sectores. Los modelos económicos pueden ayudarnos a visualizar la relevancia de llevar a cabo acciones estratégicas climáticas en agricultura, energía, salud y turismo. “En México aún hay un camino largo por recorrer en la modelación económica del cambio climático y necesidad de comunicar oportunamente sus resultados, pero se avanza en el fortalecimiento de capacidades nacionales en la materia” y no debemos perder de vista estos instrumentos, aseguran.