El escritor Emiliano Monge aún es bastante joven, pero su cabello canoso y sus lentes le dan pinta de intelectual consumado por los desvelos de tanta lectura y escritura. Su lenguaje es juvenil, pero su escritura es la de un hombre que ha visto ya de más.

Emiliano tiene un don para hilvanar palabras que son imágenes, un don que se constata en El cielo árido, su más reciente novela, que fue galardonada con el XXVIII Premio Jaén de Novela y que se acaba de publicar bajo el sello Mondadori.

LO MÁS COMPLICADO ES CONSTRUIR AL NARRADOR

Los encargados están a punto de cerrar el lugar donde nos hemos encontrado, ya ha venido el joven de la cafetería a cobrar la cuenta. El espacio de la grabadora está a punto de agotarse pero hago una última pregunta: ¿No crees que esta moda de la autoficción se deba a que los escritores se creen demasiado? .

Se ha olvidado o se está erosionando la figura del narrador -responde Emiliano-. Desde hace, quizá, dos generaciones anteriores a la mía, en el mundo de la literatura hispanoamericana se está renunciando a construir narradores y son los autores mismos quienes cuentan los libros.

Está de moda la autoficción. Claro que hay ejemplos válidos. Pero, en su mayoría, creo que se debe a una gran pereza para construir narradores, pereza de eludir la complicación porque construir un narrador es lo más complicado a la hora de hacer una novela, y no ser uno el que la cuenta, pero también se debe a la importancia que se dan los escritores , afirma con una sonrisa maliciosa.

De inmediato, hace una distancia con respecto a este afán que critica:

Yo quería hacer una aclaración de principio: que hubiera un narrador poderoso, diferente del autor, y que fuera un personaje, pero que también trata de entrar en la historia y se comunica con el lector . En cada uno de los capítulos de El cielo árido, el narrador visita como un fantasma los instantes que arbitrariamente cree más importantes en la vida de Germán Alcántara, un hombre que nació en los prolegómenos del siglo XX y cuyo carácter se formó en la tierra, en ese espacio natural y salvaje en el cual ni siquiera el tiempo ha podido borrar las esencias de ese espacio que en lo profundo huele y sabe a México. Su narrador entra y sale de la historia, presencia, se adelanta o retrocede a los diversos instantes de esa vida.

Emiliano piensa que, para narrar una vida, la suma de los instantes más deslumbrantes es lo importante:

Creo, al contrario de los escritores autoficcionalistas, que la vida de las personas, de todos nosotros, es fundamentalmente plana y aburrida, pasan muy pocas cosas realmente importantes y fundacionales que cambien algo; yo quería ubicar los pocos instantes de importancia en una vida y contarlos y jugar también con que el instante no es una puntualidad definida, sino que puede ser un segundo, un minuto o media tarde .

UNA NOVELA CON ?TEXTURA Y COLOR

Preocupación constante de Emiliano a la hora de emprender la escritura de un libro es, antes que la historia, la forma, el lenguaje, la arquitectura del texto. No es casualidad que sea hijo de un escultor.

Más joven, soñó o vio o pensó en una imagen que hasta hoy lo acompaña: un mural cubierto completamente por una manta blanca con un hoyito del tamaño de una moneda a través del cual puede mirar parte del cuadro. Me imagino 15 de esos hoyitos, si están bien repartidos a lo largo de la manta, bastarán para que puedas reconstruir el resto. Esto lo he llevado a la literatura y he visto que ahí necesita temporalidad; entonces, conté una historia a través de los instantes necesarios para que el lector pueda imaginar el resto .

Como hijo de escultor, Emiliano ha estado muy influido por la pintura y la escultura, de tal forma que siempre piensa en colores: Mi libro de relatos siento que es un libro muy verde, Morirse de memoria es una novela muy azul oscuro y esta novela siempre la he sentido muy ocre, como muy de la tierra, del desierto .

Recuerda el escritor: Chillida, el escultor vasco, al hablar de escultura decía que el vacío es también una materia pero una materia más lenta. Esto, llevado al lenguaje, lo he tenido siempre muy presente porque el silencio es también una palabra pero una palabra más lenta .

Emiliano pensaba primero en los títulos antes que escribirlos. Sin embargo, El cielo árido fue un nombre que vino a destiempo, una frase más lenta, aunque la novela camina a un ritmo preciso, sin parar, casi sin pausas. Si se la leyera en voz alta daría sed.

LA ESCRITURA NO SE APRENDE EN LA UNIVERSIDAD SINO EN LA SOLEDAD

En la novela de Monge se advierten totalmente asimilados los genes de una tradición: la lentitud del campo de las novelas de Carlos Fuentes, la aridez y la fascinación del entorno rural en los cuentos de Rulfo, la sagacidad en el uso del lenguaje que caracterizó a Daniel Sada, etcétera.

Acepto mi tradición, la literatura latinoamericana. Y esa tradición es buena parte de la explicación de cómo se llega a una forma. Hay todo un background de las herramientas que he ido aprendiendo.

La escritura no se aprende en la universidad, sino en la soledad del lector. Y cada libro es una materia, esto explica por qué un escritor del siglo XX no hubiera podido escribir esta historia como tú has dicho, pero también explica por qué no se ha escrito en México más novela rural. Hay gente que arguye que Rulfo ya lo hizo todo y que acabó con ese mundo. Pero yo creo que la gran literatura nunca va acabar con un tema, al contrario, va a dejar siempre puertas abiertas, interrogantes nuevas y territorios que explorar, y lo peor que podríamos hacer es darle la espalda a esos asuntos en vez de atrevernos, aunque sea peligroso, a acercarnos a ellos. Yo me acerco con todo ese background, pero con mi mirada personal .

Al contrario del tema rural, uno de los temas más choteados en la actual literatura mexicana es el abordado por la novela del narcotráfico. En buena medida, por eso Emiliano Monge decidió escribir una historia que transcurre en otro siglo y que toca la misma violencia, pero desde la condición humana, no por una fascinación social: A mí me cansa la actitud de la literatura contemporánea al respecto de la violencia del narcotráfico. Me molesta que pueda pensarse que la violencia se gestó espontáneamente con el narco, cuando es una violencia que ha tenido siempre México. Entonces, lo que quise fue contar esa violencia profunda , comenta.

Esta historia se forma por instantes como los que siguen: cuatro hombres torturando a un sacerdote; un muchacho atrapado en un baúl de hierro grita: ¡Auxilio! ; un par de jóvenes huyen a otra patria; un muchacho que se enfrenta a su padre; unos hombres les cortan a otros hombres las orejas y los párpados; un hermano pregunta: ¿Qué le han hecho a mi hermana? ; una mujer que al parir escucha decir a alguien: ¡Viene muerto! ; un perseguido decide dejar sola a su pareja mientras huyen; un hombre nervioso toca en la puerta de una casa.

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