En el ensayo corto con el que Philip Pullman (Norwich, Inglaterra, 1946) abre su nuevo libro, dos reglas para los cuentos de hadas quedan en manifiesto: 1) deben ser narrados por una voz serena, anónima y 2) deben ser habitados por figuras convencionales, ajenas a toda personalidad y experiencia pasada . (Las palabras entrecomilladas no son, en realidad, de Pullman sino de El libro de Efraín , poema de James Merrill que Pullman cita. Cúlpese a esta reseñista de la mala traducción).

Pullman, conocido por sus obras para niños y también por ser tan buen escritor, cuyos libros en realidad se saltan cualquier categoría de edad recomendada (son excelente literatura y ya), ahora ha lanzado una obra ambiciosa: reescribir los cuentos de los hermanos Grimm. Cuentos de los hermanos Grimm para todas las edades (en español en B de Blok; en inglés, en Viking) se llama el volumen en el que Pullman recoge 50 de los mejores cuentos de los Grimm.

Pero regresemos a dos de las reglas que establece Pullman. Un narrador anónimo y personajes de cartón. Ambas reglas las supo en México Cachirulo con su Teatro Fantástico, la supieron Jis y Trino con su tira cómica de El Santos, y lo supieron bien Jacob y Wilhem Grimm cuando, a principios del siglo XIX, recolectaron todos esos cuentos folklóricos por los que su nombre es recordado.

Directa o indirectamente, generaciones enteras han conocido la ficción a través de los hermanos Grimm, quienes no escribieron los cuentos sino sólo los recolectaron ( de fuentes literarias, académicas; lo que los Grimm no hicieron fue caminar por la campiña y pedirles a los campesinos que les contaran sus historias tradicionales nos advierte Pullman) y establecieron ese estilo, al mismo tiempo lejano y familiar, de contar una historia.

El ambiente se establece simplemente con un Había un vez… y la historia se cuenta en 10 páginas o menos. Los protagonistas son príncipes y princesas, campesinos y animales, casi siempre anónimos y sin más objetivo que aquel que la historia les va dando.

Pullman, quien no es nuevo al universo de la reescritura de clásico (su obra principal, la trilogía La materia oscura es, ni más ni menos, una reescritura de El Paraíso perdido de Milton), decidió respetar casi a la letra los cuentos de los Grimm y seguir esas reglas. No hay una narrativa compleja, son sólo cuentos que corren como liebres (y son igual de difíciles de atrapar. Qué difícil escribir así).

¿Por qué eso es importante? Porque la mayoría de esos cuentos no los conocemos en su forma original, sino en versiones cada vez más higiénicas. La limpieza moral en realidad comenzó con los propios Grimm, que dejaron fuera cuentos que les parecieron soeces o crudos.

Pullman toma los viejos cuentos y no hace sino darles una pulida. Como los Grimm, que recibieron varios de los cuentos redactados por amigos cercanos y algunos los publicaron tal cual, Pullman trata de pasar la voz : reconocer que una historia es tan buena que hay que darle vida volviéndola a contar.

Al final de cada historia Pullman anexa una nota en la que explica la significancia del cuento y, si los hay, los cambios que hizo a cada uno. Los cambios no son muchos y, en mi opinión, no estorban; hacen de los cuentos algo mucho más parecido a la literatura juvenil contemporánea, lo que los hace idóneos para los niños.

Es probable que esta reescritura de los Grimm sea material de estudio para filólogos, pero, a fin de cuentas, es un libro para niños. Algunas cosas son tan complicada para los adultos que son ideales para los niños , dice Pullman. No es sólo una frase bonita, lo cree de verdad.

Cuentos de los hermanos ?Grimm para todas las edades

  • Editorial: ?B de Blok
  • Páginas: 456.
  • Precio: $240.

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