La tarde de este martes, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) rindió homenaje al historiador, antropólogo, lingüista, humanista, académico y filósofo mexicano Miguel León-Portilla, quien falleciera en la Ciudad de México el pasado martes 1 de octubre a los 93 años y quien fuera uno de los más prolíficos docentes e investigadores de la máxima casa de estudios.

Los honores al autor de la Visión de los vencidos, cuya primera edición se publicó por la UNAM el 1 de octubre de 1959, exactamente el mismo día del fallecimiento del autor, se llevaron a cabo en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario, con la presencia de exrectores de la institución educativa como Guillermo Soberón Acevedo, José Sarukhán Kérmez, Octavio Rivero Serrano, Francisco Barnés de Castro y José Narro Robles, así como su rector vigente, Enrique Graue Wiechers.

El público que llenó la zona baja de la Sala Nezahualcóyotl estaba integrado por directores de facultades, escuelas, institutos y de la junta de Gobierno, así como de patronos de dicha institución; también por estudiantes universitarios, familiares y amigos del ilustre.

También asistieron la doctora Mercedes de la Garza Camino, investigadora emérita de esa casa de estudios; el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, el poeta y escritor Vicente Quirarte, la directora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Ana Carolina Ibarra; el director del Instituto de Investigaciones Filológicas, Mario Humberto Ruz Sosa, y el que fuera alumno del homenajeado, Francisco Morales Baranda. Todos ellos, invitados a compartir algunas palabras durante la ceremonia.

Un sabio de juventud acumulada

León-Portilla, dijo la doctora Ana Carolina Ibarra, “sembró entre nosotros, estudiantes, un amor verdadero hacia el conocimiento de los pueblos originarios (...) Supo transmitir como pocos este caudal de conocimiento e inquietudes”. También directora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, donde León-Portilla trabajó hasta hace unos meses desde 1957, mencionó su último legado, el libro Erótica náhuatl, un acercamiento a la literatura indígena y nahua en torno a la sexualidad y el erotismo.

Durante su intervención, el poeta y escritor Vicente Quirarte elogió al “hombre de palabra” que fue Miguel León-Portilla. “Fue una leyenda viviente, como pregona una de las honorables distinciones por él recibidas. Nunca envejeció. Como afirmaba, tenía juventud acumulada y, por ello, fue nuestro privilegio disfrutar muchos años de su generosidad y enseñanza (...) Su pensamiento era tan rápido como su palabra, y esa elegancia natural, ese estilo caracterizado por la claridad, permite que sus innumerables lectores sean de todas las clases sociales y culturales, como quedó demostrado en el tributo en el Palacio de Bellas Artes”.

Por su parte, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma habló en segunda persona, como si estuviera conversando con el propio homenajeado.

“Ante las dudas de algunos necios en el sentido de que no existía una filosofía náhuatl, pues su parámetro de pensamiento era la filosofía griega, supiste dar sentido a las antiguas palabras, a los huehuetlatolli, que encerraban una visión estructurada del universo y sacabas así del olvido la sabiduría de los sabios. Supiste darle voz a quien había sido arrebatada, la del indígena que sufrió en carne propia la Conquista y que pudo expresar su dolor de ver cómo le quitaban sus viejos dioses y les imponían dioses ajenos”.

Matos destacó la lucha de León-Portilla contra el término “descubrimiento de América”, el cual, decía, tenía una profunda carga eurocentrista y, con ello, logró proponer el concepto “encuentro de dos mundos”.

Con música y poesía se evocó al tlamatini de México. Francisco Morales Baranda leyó en náhuatl su poema “Cuando muere una lengua”. La soprano Silvia Rizo y el pianista Carlos Alberto Pecero interpretaron los temas “Ihcuac tlaneci” (“Cuando amanece”) y “To huey tlahtzin cuauhtémoc” (“Nuestro gran padre Cuauhtémoc”), del ciclo Cuatro canciones en náhuatl, del compositor Salvador Moreno. El goya en su honor no se hizo esperar.

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