No es secreto mi desdén por los Globos de Oro. Otras veces desde este garage he hablado del tema: los Globos son un evento televisivo, nada crítico; son premios decididos por un jurado nada confiable de supuestos periodistas que sabrán los dioses si ven las películas. Es un premio pitero (disculpen el slang) que apenas si sirve para reírse un rato de la conducción de Ricky Gervais.

En fin, ¿por qué me pongo a hablar de los Globos ahora que hace semanas que se entregaron? Porque muchos piensan que, como se llevó el Globo, Leonardo DiCaprio ya tenía el Óscar en la bolsa. Nada más erróneo.

Pero lo digo ahora: Leo se va a llevar el Óscar. Y no es por los Globos, sino porque el sábado pasado ganó el premio de actor protagónica del Sindicato de Actores (SAG, por su siglas en inglés). Ese es el premio más indicativo. ¿Por qué? Porque como en el Óscar, los SAG Awards son votados por los colegas de DiCaprio: los propios actores deciden quién de los suyos merece la gloria ese año.

Ahora, la Academia tiene sus caprichos. Todo hemos visto el meme, y si no lo ha visto se lo cuento (¡contar un meme! ¡Habrase visto!): en la primera foto aparece DiCaprio luchando con el oso en la escena principal de The Revenant. En la siguiente foto aparece el oso con la estatuilla y diciendo Quiero agradecer a la Academia... .

Es decir, la Academia puede llegar a extremos retorcidos para no premiar a algunos actores. Por razones de gracia, comercio y, sí, capricho, la Academia no premiará jamás a Brad Pitt, tan buen actor, o a Bruce Willis, también un actor de respeto (cuando quiere). Demasiado populares, demasiado estrellas de matiné.

En ese mismo grupo parece la Academia tener amarrado a Leo. No le perdonan Titanic, no le perdonan su perfil teen star. Debieron haberlo premiado en 1993 por su enorme papel en What’s eating Gilber Grape?: no lo hicieron. Debieron haberlo premiado por El aviador y por El lobo de Wall Street: ignorado totalmente su extraordinario trabajo.

Pero por Revenant, que no es su mejor trabajo, se va ir a su hotel en Hollywood cargando la pesada estatuilla dorada. ¿Por qué? Porque toda la inercia de los premios apunta hacia ello. La Academia, en este momento metida en una crisis de identidad por su supuesta falta de diversidad, necesita darse valor y premiar la cinta de un mexicano (me refiero a The Revenant, dirigida por Alejandro G. Iñárritu, como usted sabrá si no vive bajo una roca) le da cierta respetabilidad. El premio a DiCaprio será ese espaldarazo.

Punto y aparte. Hablando de los SAG Awards: este año quisieron demostrar que ellos no eran la Academia y premiaron a algunos actores negros para pintar cara al racismo. Idris Elba, tan guapo, ganó dos galardones: por actor principal en una cinta, por la magnífica Beasts of no nation (véala y retuérzase la tripas, está en Netflix) y como protagónico de una serie por Luther, serie detectivesca en la que él no está nada mal (aunque, para ser honesta, la serie tampoco está para muchos premios, ¿eh?).

Viola Davis, ya parece lugar común, se ganó el premio a mejor actriz televisiva por How to get away with murder, una telenovela que se hace respetable gracias a la presencia de Davis.

Uzo Aduba fue sin duda la sensación la noche. La actriz de Orange is the new black fue premiada en el rubro de mejor actriz de comedia televisiva y también se llevó el premio de mejor reparto de televisión, en ensamble con todos sus compañeros de la serie.

Aduba es adorable: llevó a la fiesta a su novio de preparatoria. Fue la protagonista de todas las fotos y de todos los memes. Se lo merece, su papel como la sorprendente Crazy Eyes en Orange is the new black le da vida a un show que parece desgastarse rápido.

Pues sí, Leo se va a llevar el Óscar. Le pongo una lana.