Cuando éramos pequeños, y alguien nos sonsacaba a hacer algo indebido, mi madre nos aleccionaba. ¿Por qué hiciste eso? Porque fulanito me dijo. ¿Y si te dice que te avientes de un puente, te avientas?

El pasado jueves 15, según se discutió en Tercer Grado, empezó a circular en las redes sociales el mensaje de que el viernes a las 8 de la noche se daría una gran balacera en Cuernavaca y el peor baño de sangre jamás visto en México.

Siempre que los periodistas que cada día nos dan la noticia mencionan las redes sociales , suelen enlistar como descripción: Facebook, Twitter, etcétera, como si fueran lo mismo y un todo. En sus ojos, una mirada que oscila entre el orgullo de estar al día y el temor a lo desconocido.

No importa si se trata de la búsqueda de Paulette, de los falsos rumores que circulan en alguna ciudad de Tamaulipas o de esta amenaza concreta, las redes sociales son referidas con esa mezcla de admiración y repudio.

Su conclusión fue clara, el crimen organizado toma control de las redes sociales, para crear pánico. Se condena al gobierno estatal por no entrar al quite con el mensaje y elaborar una suerte de respuesta con método de contrainformación. Como si fuera servir de algo.

Imposible saber si los zetas tienen una nueva división IT que se dedica a fomentar el pánico en la red, esa idea parece más cercana a Pinky y Dr. Cerebro que a la probable imagen de un adolescente lleno de acné y resentimiento, tecleando amenazas en twitter detrás de un alias simpaticón. No podemos saber de dónde surge el rumor.

Y es que interviene otro factor principal: El miedo.

No es que nos vayamos a tirar de un puente. Imposible saber si el ciudadano común y corriente se enteró de la amenaza por las redes sociales , o si lo escuchó en la radio (que citaba a las redes ) o si se lo dijo un pariente o vecino.

En el México de hoy, donde el miedo cohabita con nosotros detrás de cada encabezado, y ante ese aviso, ¿quién se iba a arriesgar? Cuernavaca se paralizó el viernes a las 8, como si flotara un toque de queda en el fondo de nuestra conciencia listo a ser activado al primer aviso.

Con indignación, los asistentes a Tercer Grado, criticaron al presidente municipal de Cuernavaca por no decir algo que disuadiera el miedo. ¿Qué podía decir el hombre? Elaborar un boletín de prensa que dijera: El gobierno municipal de Cuernavaca está perfectamente seguro que a las ocho de la noche no habrá una balacera ni un baño de sangre, por lo que los invitamos a seguir su vida como si nada.

El otro factor, señaló Carlos Marín con sorna, es la ignorancia. La gente se cree cualquier cosa sólo porque sale en internet.

Cualquiera que haya recibido un reenvío de correos con amenazas de virus peligrosísimos, con denuncias de chinos comiendo niños, o elaboradas explicaciones de la máquina de temblores del pentágono, o la conspiración del gobierno secreto para eliminar a la humanidad vía la vacuna H1N1, sabe que por internet circulan toda clase de patrañas. Frente a ellas, hay quien investiga un poco antes de desechar, quien siente insultada su inteligencia, y quien dice: por si las moscas.

Para que esas leyendas cibernéticas (no usaré urbanas), florezcan en la red, se necesita la semilla de la credulidad cimentada en el miedo. El miedo a los virus computacionales de los que no tenemos ni idea, el miedo a los chinos (son muchos y capaces de todo), el miedo al Pentágono o a los comités que dominan el mundo en salas de juntas de Zurich. El problema con el asunto de Cuernavaca es que para verificar la posible amenaza basta comprar un diario nacional. ¿Qué podía decir el gobierno municipal que llenara de seguridad y confianza la mente de sus ciudadanos?