En el papel o en la cancha

Algunos partidos suenan mejores en el papel que lo que resultan ser en la realidad: pensemos en el Brasil – Portugal que terminó en cero-cero sin mayor pena, mientras que Australia – Serbia, que antes del mundial sólo despertaba el interés de las madres de los jugadores, resultó un partidazo.

En el papel, Nueva Zelanda era el seleccionado más débil. En la cancha, se fueron invictos y contribuyeron a la debacle del campeón del mundo que apenas les robó el empate.

En el papel, Argentina era, jugador por jugador, superior a su contraparte alemana. En la cancha, los rioplatenses se encontraron un marcador a la altura del Ego de su técnico.

Hasta antes de la copa del mundo, los expertos comentaristas, casi salivaban con las jugadas de fantasía y los goles que meterían Cristiano Ronaldo, Messi, Rooney o el mismo Kaká. Arrojaban el mejor del mundo como moneda de uso. En la cancha: el divo portugués se exhibió como el sobrado egoísta que siempre ha sido. Messi como Samuel Etó se perdió en la libertad de querer hacerlo todo. Rooney y Kaká, simplemente no estuvieron a la altura (física o mental) que requería su equipo.

Si FIFA se guiara por la política electoral mexicana…

Al final de los partidos, sin importar el marcador, los dos entrenadores se declaran ganadores. Los árbitros son impugnados, así como las cámaras televisivas por retratar poco favorablemente los entrenamientos.

El debate sobre quién ganó, dura semanas, hasta que el Tribunal Futbolístico de la Federación revisa los videos y declara un ganador. Entonces se asigna el puntaje y el presupuesto de los equipos.

Los mundiales duran seis meses, mientras en la Asamblea Técnica no se llega a ningún acuerdo.

Nuestra selección tiene la oportunidad del ansiado quinto partido, calificando como equipo plurinominal.

Haz fama y échate a dormir

¿En qué se parecen Brasil y el perro Bermúdez? En que ambos viven de la fama de antaño. Brasil del prestigio alegre y técnico de su penta-campeonato, Bermúdez, de sus frases pegajosas que lo llevaron al hit parade de los videojuegos FIFA.

Hoy, el Brasil defensivo es dominado técnica y filosóficamente por Holanda, mientras Bermúdez nos regala una narración donde ya ni siquiera intenta prepararse o poner atención en lo que ve y dice.

No sólo los juicios de palco, sin ver las repeticiones: sí fue penal, esa fue de roja; y los innumerables saludos a las porras universitarias y a la colonia [ponga la nacionalidad del equipo en turno].

El partido es España – Paraguay. Cuando David Villa, el flamante centro delantero del Barcelona, mete de carambola el dramático gol que pone adelante a su equipo, Bermúdez se congratula: Villa ya puede ir aspirando a muy buenos contratos…si se consolida como goleador, imagínate las ofertas, mi sheriff .

Charla con el Sheriff Quirarte, un gran jugador y un tipazo, pero capaz de decir linduras como Un ida y vuelta para los dos lados o de confundir la instancia que narra: Nunca habían llegado a octavos de final, imagínate que si ahora pudieran pasar a cuartos de final… sería todavía más histórico .

Lo mejor está donde menos lo esperas

Para los analistas fue irresponsable; pero esos últimos segundos de Uruguay – Ghana, y el penalti que cobró el Loco Abreu con un picadito al centro; son lo más emotivo que nos ha regalado Sudáfrica.

Un cierre donde el dramatismo de la realidad supera lo que pudiera haber imaginado el más delirante guionista de Hollywood. Entre las manos salvadoras de Suárez, la falla de Asamoa Gyan, y los brazos extendidos de un exhilarante Abreu, se perfiló uno de los momentos imborrables del campeonato.

En medio de los sufridos minutos dedicados a La jugada del mundial, hay que reconocer que Montserrat Olivier rescató reportajes extraordinarios. Pensemos en esa visita al poblado del Sudán donde el alimento es camello crudo. O la espectacular cacería de una rinoceronte virgen para comprobar por qué permanece intacta, en medio del calor africano. El veredicto, como el chiste: sí era.

En cualquier caso, nunca a la altura de Karla Iberia Sánchez que merece otro Premio Nacional de Periodismo por su mirada descarnada a la Sudáfrica real. Ya sea al espíritu de Chava Flores en las peseras de Johannesburgo, la moda dental local, o al siniestro ritual de madurez que implica la circuncisión comunitaria.