Interesante saber cuánto tiempo, cuántos tuits, e-mails, mensajes de texto, llamadas telefónicas y discusiones de sobremesa se dedicaron la semana pasada a elucubrar, consternarse o chacotear sobre el fin del mundo, programado para el pasado sábado 21 de este mes.

El artífice de este presunto final fue un predicador californiano llamado Harold Camping, quien además de su programa de radio contrató anuncios espectaculares para avisar que el sábado sería el inicio del esperado Juicio Final: que Cristo regresaría a la tierra, etcétera.

Para todos los que disfrutan la broma o se preocupan cada vez que alguien apunta una fecha así en nuestros calendarios, el predicador declaró hace unas horas que no hubo error en su predicción: sólo en su interpretación. Corrigió: el fin del mundo será el 21 de octubre del año en curso.

Camping aseguraba que 2% o 3% selecto de la población sería llevado al cielo el sábado pasado. Que los que no fuéramos elegidos deberíamos enfrentar meses de sufrimiento antes de la destrucción efectiva del planeta.

En su programa de radio, el predicador explicó que como Dios es bueno y misericordioso cambió de opinión: la humanidad (por lo menos 97% de ella) no sufrirá los cinco meses programados y la destrucción del planeta llegara en octubre.

Ya no haremos anuncios , arguyó, el mundo ya fue avisado .

Camping había predicho el fin del mundo para 1994 y, aunque para nuestra fortuna ha probado que no es muy bueno en leer su Biblia a través de su bola de cristal, ha podido juntar una buena cantidad de seguidores por toda la Unión Americana.

Conviene aclarar para todos aquellos que están confundiendo su apocalipsis: no estamos hablando del fin de los tiempos según los mayas, ese acabose está programado para el 2012 y hasta nuevo aviso ahí seguirá. La idea del apocalipsis no es nueva. Desde la antigüedad, cada vez que alguien se siente rebasado por la vida, la miseria, las tarjetas de crédito o el rapto religioso, llega la hora del fin.

Como recapitula Martín Caparrós en su extraordinario libro Contra el cambio (Anagrama), el siglo XX nos regaló el primer apocalipsis creado por el hombre: el final nuclear. Hasta 1945, por miles de años, los hombres se habían acostumbrado a vivir con la amenaza -¿la esperanza?- de que algún dios o dioses decidieran que todo terminase .

Como los dioses no se terminaban de animar, llegó el Holocausto nuclear, seguido al terminar por la Guerra Fría, por nuevas oportunidades. Algunas de risa loca y otras con mayor inventiva: Y2K; la epidemia fugada de algún laboratorio militar estadounidense o farmacéutico suizo; la campaña secreta de vacunas destinadas a reducir el crecimiento poblacional; la invasión desde el espacio exterior; el aerolito gigante X (identificado por la NASA en 1982) que se pasea por la Vía Láctea erráticamente en ruta de colisión con nuestro planeta; la nube de fotones que flota pacientemente por el cosmos esperando que nuestro sistema solar pase por ahí...

Un día, algún Señor se cansaría de nuestra altanería, desobediencia o distracción y acabaría con el mundo, para que los malos pagaran por ser malos y los buenos cobraran por ser buenos , continúa Caparrós.

Sin duda el fin del mundo más popular del momento es el fin climático. Una variante del apocalipsis clásico que tiene en su favor la opinión generalizada de todas las personas con buena conciencia (incluyendo varios científicos, exvicepresidentes y actores de Hollywood) y en contra los intereses de las malvadas petroleras y la industria estadounidense.

Si Twitter es muestra, la mayoría de los internautas se tomó a broma el fin del pasado sábado. Algunos, quiero pensar, incapaces de tomar en serio el absurdo. Otros se deslindan: los mayas dicen otra cosa, el cambio de eje del planeta será hasta finales del 2012; el fin está cerca, pero todavía tengo algunas cosas qué hacer.

¿Será que necesitamos pensar que todo desaparecerá para sentirnos verdaderamente vivos? Para dimensionar que no es el fin del mundo, si no pasa una iniciativa en el Congreso o empieza tarde la temporada de la NFL; si alguien mandó cancelar El equipo o los hombres poderosos tienen un antojo repentino por las mucamas africanas.

Quizá a lo que tenemos que acostumbrarnos es a los llamados, advertencias y best-sellers. Mientras, cualquier aficionado esotérico es capaz de pararse en el templo de Kukulkán y sumar equinoccios con leyendas de que el apocalipsis seguirá cerca, y con él la mueca congelada de quien con un extraño brillo en los ojos se burla, pero piensa si esa hamburguesa que mastica con desdén será la última.

Por lo pronto, el fin del mundo seguirá siendo una experiencia exclusivamente individual. Para los interesados: el fin se puede encontrar detrás de un cigarro, en las calles de Reynosa y Fukushima o como Dorothy: de cara a un tornado fugado del cine de hace algunos veranos.

Twitter: @rgarciamainou