En días de futbol todo se vale. Entre patrocinadores oficiales de la selección, el Mundial o la FIFA, se barajan comerciales con tribunas pintadas de rojo como convención del PRI, que pretenden referirse a los colores nacionales, pero en realidad recuerdan la marca del refresco que promocionan, mientras familias beben de botellas de vidrio (el horror!) en los estadios.

Estrellas del canal ídem y otras celebridades combinan discursos llenos de buenos sentimientos que hacen referencia al bicentenario y la oportunidad de que México ahora sí sea grande, y el futuro promisorio se presente feliz para todos.

Años luz entre el promocional de Javier Aguirre para Televisa y su entrevista en España donde México está jodido . Podemos ser justos con el entrenador de la selección y aclarar que en su entrevista hablaba de las catástrofes e inundaciones provocadas por las lluvias, o quizá de la violencia del narco y la mal llamada crisis de inseguridad . Aunque en el fondo quizá se refería a su propia esfera de competencia y pronosticaba el posible devenir de la próxima competencia mundialista.

En el colmo de la ironía, varias tiendas de electrodomésticos, llaman a la gente a apostar por México y comprar una pantalla plana de varias pero muchas pulgadas, con la garantía de que si México gana el mundial la tele será cortesía de la casa. La voz del locutor/cuate súper-enterado explicándole al ingenuo amigo/cliente que tenemos la mejor selección de los últimos tiempos es la nota más jocosa del comercial.

Hace un mes, Sams ofrecía televisores gratis si México llegaba a semifinal. Viana prefiere curarse de espanto e ir por la final (y la victoria en esta). La disyuntiva parece fácil: Eres patriota y crees en México: debes comprar la tele y Dios Pelé te recompensará con no tener que endrogarte en la tarjeta de crédito. Si no crees en México, no compres la tele, al fin que seguro que ni te interesa el futbol o ver a los muchachos coronarse.

Al conteo regresivo de partidos amistosos al son del pegajoso tema de Shakira acompañada por el equipo de Televisa Deportes, más adecuado para el gag humorístico que para el análisis serio, siguieron tres encuentros amistosos donde en uno, dos y tres quedó claro el nivel real de nuestro futbol (lástima para aquellos que acaban de comprar su pantalla esperando el milagrito).

Los ingleses nos repasaron mientras hacían la pausa para tomar el té, los holandeses se mojaron de lluvia y dejaron a la alineación de prueba viendo visiones, y los de Gambia, bueno, más valía un interescuadras con betún de zapatos haciéndola de bloqueador solar. Prepararse para Sudáfrica con Gambia es como jugar con Venezuela para anticipar a Argentina sólo porque forman parte del mismo continente.

Además del discurso de Televisa, optimista, criticón pero siempre con buena voluntad hay una puñado de paneles de expertos amargados que desaprueban todo el proceso deportivo con la exasperación del que ya ha visto demasiadas veces fracasar las ilusiones nacionales.

Valdría la pena echar un vistazo a Fueras de serie de Malcom Gladwell para empaparse de los factores que construyen (o destruyen) el éxito. La segunda parte del libro y su reflexión sobre la herencia cultural , para elaborar alguna hipótesis sobre la capacidad nacional para invertir el optimismo en 11 jugadores rifándose la Historia en una cancha de Ciudad del Cabo.

Por ahora: apostemos por México. Ya sea como hacen los comerciantes que apuestan en realidad por su fracaso, o poniéndonos la verde, conscientes de que esta competencia no tiene nada que ver con la supuesta gloria del bicentenario, ni con la esperanza del país o la felicidad de compartir Coca–Cola mientras jugamos una cascarita en algún callejón lleno de sudor, alegría y buena vibra.

Que la selección haga un buen papel, pues siempre será mejor empaparse del discurso delirante del comentarista deportivo elevado a cronista social, que recetarse los encabezados de violencia, y políticos secuestrados.

Que entrevisten mil veces a los agitados futbolistas después de la victoria histórica, y menos a los diputados justificando una vez más porque no pueden poner a su país antes que a su partido.

Que repitan el gol de gloria hasta en la sopa, pero no volvamos a ver la triste cara de Paulette y el equipo CSI del tercer mundo que visitó 200 veces su recámara antes de mirar bajo la cama. Apostemos por la selección, que aunque sea circo, siempre es mejor que un ratito de realidad.