Esta semana se cumplieron 59 años del descubrimiento de la molécula considerada la más bella del mundo: la estructura en doble hélice del ácido desoxirribonucleico (ADN), que fue resultado de las investigaciones de James Watson y Francis Crick, después de analizar y remezclar una gran cantidad de datos de otros investigadores, conocimiento que Watson y Crick se apropiaron para resolver con ingenio y creatividad un enigma.

Visto así, su procedimiento parece más artístico que racional. Y quizá no sea un contrasentido porque el arte y las letras tienen todavía mucho que incorporar del lenguaje de las ciencias, tal y como lo sugiere el poeta y narrador español Agustín Fernández Mallo, quien la semana pasada visitó nuestro país.

En charla con El Economista, Fernández Mallo asegura: La poesía del siglo XXI pasará -y ya está pasando- por las ciencias. Las ciencias son un nuevo campo para la poética, como ha ocurrido desde hace ya varios años con las artes plásticas. La ciencia le aporta mucho a la literatura, desde abrir nuevos campos semánticos (eso es lo que, creo, define a la poesía) hasta crear imágenes, metáforas creíbles que, si están bien hechas, consiguen transmitir una sensación, alguna idea o lo que sea, pero de una manera que hasta ahora no se había hecho .

BASTA DE CELOS Y PARANOIAS

Además de esto hay, según el autor, todavía algo más que la literatura debería aprenderle a las ciencias: En la ciencia se usan creaciones anteriores para proponer nuevos modelos. A nadie se le ocurre que, por ejemplo, para elaborar una teoría que amplíe la teoría cuántica haya que pedir permiso a los herederos de Heisenberg. Lo único que es obligado es la cita de las fuentes, no ocultarlas. Si la ciencia hubiera procedido de manera celosa y paranoica con los derechos de autor –tal como se hace, y cada vez más, en literatura-, la humanidad no hubiera pasado de la rueda y el fuego .

Agustín Fernández Mallo publicó en el 2009 el libro Post-poesía (Anagrama), finalista del prestigioso Premio de Ensayo convocado por la editorial de Jorge Herralde; en ese título crítica, sin concesiones, el atraso de la poesía española, invitando, justamente, a incorporar en ella el lenguaje de las ciencias. La polémica no se hizo esperar y colocó en la órbita de la literatura una pregunta sobre el procedimiento y las metáforas.

Fernández Mallo es científico. Por lo mismo, su mirada del mundo es inseparable de este modelaje de neuronas ( Yo no podría escribir como escribo si no tuviera una formación en ciencias). Por eso a él no le llama la atención que a la molécula del ADN se la pueda considerar la más bella.

De hecho, él recuerda que, desde que comenzó a escribir poemas, cuando tenía 17 años, al abordar temas típicos como un sentimiento de pérdida siempre los mezclaba con conceptos de Física como la recta real matemática, que está llena de infinitos números, o utilizando metáforas o formas de expresar.

Por ejemplo, en lugar de escribir abrió el baúl, yo escribía ‘abrió el baúl a 180 grados’. Mis colegas y amigos siempre me decían: ‘Pero ¿por qué pones 180 grados? Eso no es poético’.

En cambio, yo lo veía normal, incluso me parecía bello: los grados son una cosa bella, es un despliegue. Cuando empezaba a estudiar Física y me relacionaba con conceptos como cantidad de movimiento, que es un término específico -la masa multiplicada por la velocidad-, me pareció precioso el término cantidad de movimiento, y lo usaba en determinados poemas , dice en entrevista el autor.

Esta poética se encuentra en su narrativa, desde la novela con la cual se dio a conocer, Nocilla Dream -germinal para toda una generación de escritores españoles hoy mejor categorizados, si es el caso, por la nomenclatura afterpop- y las secuelas Nocilla Experience y Nocilla Lab, así como el libro de cuentos El hacedor (de Borges), remake que solo se publicó en España porque antes de que se expandiera por el mundo, María Kodama, la viuda del escritor argentino, pugnó porque se los sacase del mercado, ganando una batalla.

La guerra final la ganó Fernández Mallo (Kodama no lo sabe) ya que, nos platica, de ese libro, y de un cuento en particular, Mutaciones : Hay personas en algunas universidades, incluso de Estados Unidos, haciendo tesis doctorales, solo sobre ese cuento. Es un cuento fundamental en mi narrativa, que apunta ya hacia nuevos caminos personales estéticos. Por lo menos para seguir investigando mi poética y ahí hago cosas que nunca había hecho , dijo.

POR ANALOGÍAS, CHAVAL

Fernández Mallo es alto, reservado y amable. Su trato es sencillo. Estamos al interior de una sala rústica en el Claustro de Sor Juana. Sentado sobre un cómodo sofá de color claro, Agustín cruza una pierna sobre la obra. Trae tenis y toma una Coca Light. La semana pasada ofreció una serie de conferencias en algunos campus del Tec de Monterrey. Cuenta que muchos chavales le mencionaron jamás me había imaginado que se podía narrar así .

Con sus lentes de pasta parece todo un rocker noventero, además de que no es secreto que le gusta hacer secuencias musicales con base en synths, como todo buen homo sampler.

Esta semana lanzó el disco Pacas go downtown (descarga web gratis en blogs.alfaguara.com//fernandezmallo) que grabó con su amigo Joan Feliu. Se hacen llamar Frida Laponia.

Esta sala vieja y elegante lo inspira. Agustín mira a su alrededor e intenta hacer conexiones entre los objetos: una caja fuerte del siglo XVII y una taza de factura ultramoderna.

Está aplicando una visión de mundo con base en analogías a nuestra conversación para explicarnos un concepto en el que está trabajando para un libro que saldrá el mes próximo en España. Es un libro de ensayos, en uno de ellos desarrolla el concepto del tiempo topológico.

Yo, por lo menos, tengo una manera de mostrar la contemporaneidad y lo hago a través de las conexiones mentales que voy tejiendo, que son una red.

Intento plasmar en un papel esas conexiones entre diferentes temas, ámbitos e ideas, y al final esa es mi contemporaneidad: esta caja fuerte y esta taza.

Lo que importa es cómo en un mismo espacio dos objetos de distinta época pueden dialogar; entonces, el cronos, el tiempo, deja de tener sentido y surge más bien un tiempo a partir de relaciones espaciales .