Antes de los años 60, la indicación para un paciente con infarto incluía tres a cuatro semanas de reposo absoluto, en la actualidad la actividad física está indicada casi inmediatamente, explica el doctor Raúl Cantero Colín, cardiólogo clínico y especialista en rehabilitación, quien asegura que esta práctica debe considerarse como parte del tratamiento.

A pesar de que desde la década de los 60, la Organización Mundial de la Salud contemplaba estas prácticas como una parte fundamental en el tratamiento de todo paciente cardiópata, fue hasta el 2010 cuando las sociedades europeas y norteamericanas lo tomaron como tratamiento de primera alternativa. En México desde el 2012 fue aceptada como una alta especialidad en cardiología, esto fue un parteaguas para su verdadera utilización.

Hoy existen 37 cardiólogos rehabilitadores reconocidos por el Consejo Mexicano de Cardiología, lo que permite mayor divulgación del tema a nivel nacional. “Sus beneficios son evidentes, los pacientes mejoran mucho su clase funcional, incluso para aquellos pacientes que ya no son candidatos a cirugía o a cateterismos cardiacos y que se tratan con medicamentos, la rehabilitación cardiaca va de la mano”, confirma el especialista.

En entrevista, el dr. Cantero dijo que afortunadamente esta práctica ya es una realidad en nuestro país, pero aún falta expandirla. “Estamos tratando de llevar el mensaje a todo el país, con Código Infarto se han dado las primeras pláticas. Esto lleva medio año y muchos médicos ya han venido al Hospital (de Cardiología Centro Médico Nacional Siglo XXI) para conocer el servicio con el objetivo de replicarlo. Pero que la sociedad lo conozca, también es fundamental”.

De acuerdo con datos del Inegi, 54% de las muertes anuales en México se deben a enfermedades cardiovasculares. Quienes han padecido alguna afección cardiaca, en muchas ocasiones abandonan el tratamiento y con ello, el seguimiento en su rehabilitación.

El objetivo de una rehabilitación cardiaca radica en estabilizar, ralentizar o incluso revertir la progresión de una enfermedad cardiovascular, reduciendo el riesgo de enfermedades del corazón u otro evento cardiaco de muerte.

Se trata de un programa multidisciplinario en el que participa el médico tratante, el cardiólogo rehabilitador, enfermeras cardiológicas, psiquiatras, psicólogos, nutriólogos y cardioneumólogos. Está dirigido a personas enfermas del corazón, con ciertos padecimientos del pulmón, así como con insuficiencia vascular en miembros inferiores; además, a todos aquellos sujetos que por su perfil de riesgo son candidatos a sufrir un evento coronario, es decir, personas fumadoras, con colesterol elevado, diabéticos, hipertensos, sedentarios, con sobre peso, entre otros.

Su práctica es supervisada por los especialistas y consiste en “educación para la salud”, aquí se le informa al paciente por qué se enfermó, se le explican las causas y en qué consiste su enfermedad. Después, existen diferentes tipos de programas con actividad física sistemática, nutrición, supresión a tabaquismo y apoyo psicosocial.

Para la parte física hay tres fases. La primera se inicia en un lapso de 24 a 48 horas posteriores a cualquier evento cardiovascular durante la estancia hospitalaria; la segunda se realiza con programas planeados y supervisados bajo vigilancia de monitoreo telemétrico como paciente externo con duración aproximada de tres meses, y la tercera se lleva a cabo de por vida en el domicilio del paciente, mediante la promoción de ejercicio físico bien dosificado y cambios sencillos en el estilo de vida.

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