“El poema crea al poeta. Gracias al poema, el ser multiplica sus perspectivas y permite volver a encontrar sus profundidades y sus fundamentos”. Es parte del discurso de agradecimiento que el poeta quebequense Paul Bélanger envió a México después de enterarse de que fue elegido como ganador del Premio Jaime Sabines/Gatien Lapointe por el libro Replis. Chambre de lárpenteur (2012) (Recovecos. Morada del agrimensor).

Con Bélanger se han entregado 18 premios intercalados anualmente: un año un jurado mexicano lo otorga a un poeta quebequense, el siguiente un jurado de Quebec decide al ganador mexicano.

El galardón, que se ha conferido a bardos mexicanos como Alí Chumacero (2003), Eduardo Lizalde (2005) y Francisco Hernández (2013), fue creado por el Festival Internacional de la Poesía Trois-Rivières, dirigido por Gaston Bellemare y el Seminario de Cultura Mexicana, que actualmente encabeza Silvia Molina. El jurado de este año estuvo integrado por María Baranda, Marco Antonio Campos y José María Espinasa.

No es de paja

En conversación con El Economista, los directores de ambas instituciones y parte del jurado hablan acerca del galardonado de este año y sobre la relevancia de este premio a 18 años de su creación.

“Llegamos a la resolución con una gran suavidad —admite José María Espinasa. Fue natural. No fuimos un jurado que tuviera que discutir vehementemente. Nos fuimos poniendo de acuerdo muy rápido. La calidad de la poesía (de Bélanger) es innegable. No fue virtud de los jurados, es virtud del mismo libro”. Advierte una fuerte presencia kafkiana en la propuesta de Bélanger. Dice que el suyo es un libro fuerte, denso, complejo, pero no por abstruso. “Es un libro que miras, entiendes y después habitas. Su grosor no es de paja, es de verdadero sentido”, agrega.

Como parte del programa pensado por los creadores del premio, cada año el poeta galardonado participa en el festival de poesía del país que lo premió. En este caso, Bélanger estará en el próximo Encuentro de Poetas del Mundo Latino, a realizarse en la ciudad de Morelia del 9 al 12 de noviembre.

Los festivales

El galardón ha cobrado suma relevancia, coinciden, toda vez que ha tendido puentes entre ambas culturas, cuya calidez, aseguran, es una afinidad. Gaston Bellemare se dice convencido de que este tipo de premios son la mejor oportunidad para exportar la poesía de un país al otro.

“En el Seminario —se suma Silvia Molina— nos honra participar en este premio porque también estamos ocupados en ver que nuestros escritores tengan promoción. No solamente obtienen el premio los afortunados sino que son publicados y sus libros se van a otras partes. Eso los empuja a participar en más festivales. Desde luego nos interesa la poesía quebequense que, efectivamente, es muy cercana a lo nuestro”.

“Una de las formas de la diplomacia quebequense y eso es único en el mundo —se suma Marco Antonio Campos— es que sus poetas van por todas partes. Están en todos los festivales y aparecen donde quiera”. Espinasa suscribe y sugiere que en México deberían imitarse las sinergias que hay en la región quebequense para el fomento del hábito de la lectura.

Como exportar un país

Bellemare detalla que durante el Festival Internacional de Trois-Rivières se realizan 350 lecturas públicas y se venden en promedio 25,000 dólares en libros de poesía. Esto es más que todas las librerías de Montreal juntas. “Vivo en una ciudad de 135,000 personas y es la ciudad que tiene el presupuesto cultural más grande. Todas las ciudades de Quebec tienen 1% asignado para la cultura y Trois-Rivières tiene 11%”, refiere.

Cuenta que los libros de poetas mexicanos son muy vendidos en Quebec y que cada año viajan entre cuatro y cinco representantes del país al festival que preside. “No hay otro país que tenga más representación que México”, complementa.

Como conocedor de la poesía joven, asegura que es como el alma humana: está diversificada: “la poesía rusa es extraordinaria y la africana por igual”, recomienda y complementa que “exportar un poema es como exportar un país”.