Erik Martínez tiene dos campos de estudio, por un lado, como físico que es, el origen del Universo y los hoyos negros, por otro, como escritor, el alma humana… Bueno, la de sus personajes, porque es un escritor de cuentos y novelas.

Curiosamente, para Erik el Universo le ofrece menos posibilidades de descubrir cosas que la literatura.

Erik trabaja en el Centro de Astrofísica de Canadá con base en la Universidad de Toronto, donde estudia hoyos negros, cosmología y gravitación cuánticas, lo más cerca que se pueda al principio del Universo sin usar teoría de cuerdas. Yo sólo uso la relatividad de Einstein a muy altas energías y lapsos de tiempo de 10-20 segundos (digamos, cero, punto, 19 ceros y, al final, un 1). Son puros modelos teóricos y bastante difíciles .

Pero hace unos días estuvo en México para presentar su nuevo libro de cuentos Museo de Antropología (Editorial Resistencia), situación que aprovechamos para entrevistar al finalista del Premio Herralde de Novela 2005 por Las virtudes capitales.

¿Cómo llegaste a Toronto?

Estudié Física en la UNAM, me fui con una beca de la UNAM a Austin, Texas, donde hay un centro de relatividad muy famoso y luego me fui a Carolina del Norte, donde acabé estudiando con un profesor muy famoso de agujeros negros, que es mi campo. Cuando acabé el doctorado, ya ves que hay que hacer posdoctorados para conseguir una plaza, me fui a Europa, a Berna. Luego a Edmonton, en Canadá, y ahí fue donde mi esposa y yo decidimos que era un lugar perfecto para vivir, tanto para una alemana como para un mexicano. Regresé a Estados Unidos por otro posdoc y nos decidimos por Toronto. Es una ciudad muy buena para vivir.

Hasta donde he leído, no retomas nada de la Física en tus cuentos…

No. Nada, en ningún momento. Nunca lo he tratado de hacer. Quiero que no se note que uno es físico, que sea escritor y escribir de temas del alma y de las personas. Siempre he tenido ese interés artístico. Me dediqué mucho tiempo a la música, pero bueno, la influencia en la casa donde mi abuelo y mi padre eran escritores.

Así que he escrito desde siempre. Para mí no es un hobby ni algo que hago en mis tiempos libres, es como otra profesión, más bien.

¿Cómo es tu día normal?

Llevo a mi hija a la escuela, que está a dos cuadras. Regreso a mi estudio en mi casa y me pongo a escribir como hasta las 12, a esa hora ya prendo la computadora y me pongo a ver correos, a leer artículos de Física. Me voy a la Universidad, que también me queda muy cerca, trabajo toda la tarde, a veces sigo en la noche. Como todo está cerca, también me queda tiempo para otras cosas, como jugar squash. Además, voy en bicicleta a todos los dados. Toronto es realmente una ciudad muy habitable.

Tus personajes no se parecen a ti para nada.

Hace poco estaba leyendo que Proust decía que, para el escritor, los personajes malvados o más bien los más alejados del intelectual son los que más posibilidades le ofrecen para explorar la naturaleza humana. Él tiene todo un análisis, pero yo pienso que cuando estoy tratando de hacer literatura quiero llegar a un nivel primario.

Cuando escribo en inglés sí tengo personajes académicos… Pero no es algo de manera premeditada, así me va saliendo. Lo que sí trato es de no ser yo mismo.

¿ Has publicado en inglés?

Apenas estoy empezando a intentarlo. Es difícil escribir en inglés y no sólo porque no es mi lengua materna. El inglés no perdona, el español tampoco pero es más complejo encontrar tu propia voz, es difícil saber si lo que estás haciendo es experimental bueno o nomás son errores. He llevado libros a editoriales pero es un mundo complicado y se maneja más a través de los agentes literarios.

Tuve la fortuna de ganar un segundo lugar en un concurso muy prestigiado, el del (periódico) Toronto Star, y se me están abriendo las puertas. Tengo dos novelas casi terminadas y muchos cuentos. Desafortunadamente, igual que aquí, los cuentos no les gustan a los editores.

¿Te atrae la ciencia ficción?

De joven me atrajo mucho y leí muchísimo. Los cuentistas rusos eran fantásticos.

Entonces ¿podemos decir que la ciencia ficción más que a la literatura te llevó a la Física?

Tengo un amigo que dice que lo que hacemos es pura ciencia ficción porque no podemos hacer experimentos, son puras matemáticas y quizá el mundo es otro. Entonces sí, tal vez no me ha interesado hacerlo también en literatura…

En Física estudio los hoyos negros, que son los objetos más simples del Universo, porque llega un momento que los caracterizas con tres o cuatro números, y en literatura también me pregunto cómo puedo crear un personaje o un mundo con el mínimo número de datos.

Si pudieras vivir de escribir, ¿dejarías la Física?

Yo pienso que ya la estoy dejando. Ya pasé la estadía en la que tenía que publicar como loco para sobrevivir. Entonces puedo dedicarme más a la literatura. Pero, además, ya llegamos a la frontera de lo que podíamos hacer los relativistas, de ahí en adelante es para la gente que hace teoría de cuerdas y partículas elementales. Ya nos topamos con la pared. Para los jóvenes ya no hay posiciones. Ya no nos esperan grandes descubrimientos en mi campo, te pasas años haciendo modelos y a la mera hora se te cae todo. Y está bien, en la ciencia eso es progreso. Entonces la literatura me ha regresado esa posibilidad de descubrir cosas.

Y moverte a un campo donde haya más por descubrir…

La Física es enorme pero desafortunadamente te tienes que superespecializar, no es fácil brincar de un lado a otro. Tienes que estar en tu cuadrito y te comunicas con dos o tres personas en el mundo y te robas su trabajo y te roban el tuyo, bueno, le llamamos colaborar, mientras que como escritor el mundo, pues se te hace más grande.

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