Que cerca de 70 millones de mexicanos habiten en 59 zonas metropolitanas ofrece numerosos paradigmas de la economía cultural. Uno de ellos, salvaje a la vez que audaz en este ajuste social, ha venido, en buena medida, de los desarrolladores inmobiliarios.

A todo galope en el pura sangre de la economía terciaria, los centros comerciales son una punta de lanza de los hábitos, prácticas y consumo culturales. Al lado de otros jinetes que cabalgan en las telecomunicaciones, la televisión, el cine, la radio, el espectáculo en vivo, las franquicias (22 centavos de cada peso van a ellas), el deporte, los casinos y los innovadores en segmentos como el vitivinícola y el gastronómico, dejan al Estado cultural como un convidado cuyo corcel hace tiempo se rezagó por falta de energía para cambiar, para reelaborar su papel en justa que tiene como pista la selva del mercado.

Del Consenso de Washington, al derrumbe del Muro de Berlín, a la desregulación del gobierno de De la Madrid, a las reformas salinistas, a los tratados comerciales, a los BRICS, al imperialismo asiático, las plazas comerciales o malls se llevan una tajada significativa del gasto de las personas y las familias. Lo que millones desembolsan en esos ecosistemas no es sólo asunto de competencia comercial, en tanto que la elección va revestida de los significados que genera lo adquirido y que en no pocas ocasiones detona nuevos productos.

Fuentes como Real Estrategy y America Retail, estiman en 600 el número de centros comerciales en México al cierre de 2012, lo que supone una superficie de 15 millones de metros cuadrados. Se concentran en 10 entidades, siendo el Distrito Federal el líder con 73, Nuevo León tiene 51 y el Estado de México 50. Según la clasificación, los fashion malls representan el 50% de la oferta, los power centers el 30%, los denominados centros comunitarios el 9% y el restante 11% son diversos esquemas. Para ser centro comercial, se requiere un mínimo de 10,000 metros cuadrados.

Dejémosla en dólares: en los últimos cinco años se invirtieron 7,000 millones, una tercera parte de la venta de Grupo Modelo a la belga Anheuser-Busch InBev. Y se proyecta inyectar en el lustro por venir entre 4,000 y 6,500 millones de billetes verdes.

Si bien los malls fijan como base unidades ancla (sobresalen las departamentales y supermercados), muchos de ellos se erigen con contenidos culturales. Hablamos de salas de cine (hay varios cientos de las 5,301 pantallas que captan a más de 200 millones de espectadores), librerías (la mayor cadena en Sanborns con 166 puntos; Grupo Sanborns tiene 414 tiendas), venta de instrumentos musicales (algunos con academia como Casa Veerkamp), tienda de mascotas, casinos y boutiques de diseñadores mexicanos.

Pero las combinaciones son múltiples y no pueden soslayarse al fundamentar los códigos culturales de los mexicanos y el valor que dan a lo cultural. Por ejemplo, las franquicias. Alsea tiene 1,421 unidades, las más fuertes son Domino’s Pizza (613) y Starbucks (472 con meta de ¡800!).

Su portafolio incluye, entre otras, Burger King e Italiannis. Nutrisa (recién adquirida por Grupo Herdez) y Santa Clara (propiedad de Coca Cola) son también parte de un hábito que se entrecruza con lo cultural.

La lista de ofertas es interminable: Sport City, Deportes Martí, Blockbuster, Kidzania, iShop, Mixup, Game Planet, Cinemanía. Los hay con jardines, hoteles, teatros, espacios para espectáculos y exposiciones varias.

A propósito de su nueva ópera, El americano perfecto, basada en la obra homónima de Peter Stephan y que aborda la personalidad de Walt Disney, el músico Philip Glass afirmó a El País Semanal que admiro a quienes se mueven entre la cultura popular y la alta cultura . En esa línea se desplazan los centros comerciales y salvo las excepciones que dicte la estadística, son los grandes nodos de convivencia, significación cultural y consumo.

Algunos de mis amigos, a través de Facebook, me dieron claves para ratificar lo que he sostenido. Las plazas son útiles si están cerca de casa; en general son bonitas (las hay en inmuebles históricos); se anda como en parque; movilizan aspiraciones y deberían contar con más equipamiento cultural.

Por eso reitero que es hora de ver a uno o varios sagaces emprendedores e inversionistas levantar el primer Cultural Mall (probado el código del idioma). Hay que acelerar el retail cultural. Cosa de subirse al tren de Sanborns que va de Polanco a Teotihuacán y a la rueda de la fortuna más grande del mundo que se instalará en Puebla para significar la gesta del 5 de mayo.

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