Antonio Bertrán (Ciudad de México, 1966) fue uno de los primeros reporteros del diario Reforma. Se especializó en cultura, pero su habilidad para narrar y hacer entrevistas va más allá de la simple nota objetiva .

Cada semana, en su columna Nosotros los jotos , Antonio narra sin ningún escrúpulo la vida gay en México o adonde los aires lo lleven. Es una columna divertida, pero es algo más: una foto de la vida íntima de la comunidad LGBTQ: la diversidad sexual, orgullosa marquesa que bien sabe mover el abanico.

En el 2015, Bertrán publicó Chulos y coquetones (Ediciones B), una serie de entrevistas con sus pares. Personajes como el comediante la Supermana, el pintor Nahum B. Zenil o el sexólogo Luis Perelman confesaban todo, porque Antonio no tiene ninguna pena en preguntar con quién tuviste tu primera experiencia gay, cómo saliste del clóset, y ya, dime: ¿soplanucas o muerdealmohadas?

Las entrevistas son entrañables. Seguramente un homófobo no se acercaría al estante donde está Chulos y coquetones, pero debería.

Ser gay como una manera de resistencia, pero también como, con total simpleza, se vive. Antonio Bertrán no es un activista, su perfil es el del periodista, pero al ser tan honesto (tuvo una segunda salida del clóset : en su columna anunció al mundo que es VIH positivo) trae a la mesa del lector, sea cual sea su orientación, historias humanas con las que es imposible no sentir empatía.

Pero a Chulos y coquetones le hacía falta algo: ¿dónde están las mujeres?

Y llegaron las damas

Si bien Chulos y coquetones fue planeado por su autor como un espacio para hablar con sus pares gays varones , a mí como lectora me quedó la sensación de que faltaban las lesbianas, quienes, históricamente, han estado en las sombras. La reina Victoria, de manera famosa, en una conversación sobre los hábitos sexuales de sus súbditos, cuando alguien mencionó el amor entre mujeres se rió y dijo: Queridos, eso no existe .

El viejo truco de andar por las sombras, claro, también puede dar mucha libertad. Pero la libertad completa está en decir Sí soy y aquí estoy .

Y así nace Damas y adamados: conversaciones con protagonistas de la diversidad sexual.

Como el volumen anterior, son entrevistas. No todos son los entrevistados son mujeres, la idea era abrir el panorama y hablar de todo un poco: el amor lésbico, el activismo en Internet, la vida de una transgénero.

Sabina Berman, dramaturga, habla como es ella, sin ningún ambage sobre su relación de años con la productora Isabelle ?Tardan. Cuenta cómo se ligó a ?Isabelle en un antro gay y cómo, gracias a su apoyo, Sabina se aventó a no sólo ser dramaturga sino también directora de teatro.?Héctor Aguirre, creador de la página de Facebook El clóset es para la ropa, no para las personas , habla desde sus veintitantos años de la experiencia del activismo virtual, que ya está también en el mundo que llamamos material.

Marta Lamas, la buga heterosexual invitada, pues la heterosexualidad también es parte de la diversidad, es cortante en algunas de sus respuestas, pero es fascinante leer desde su punto de vista la historia de la lucha feminista y su relación con el activismo prodiversidad. Spoiler: ha tenido muchos desencuentros con las activistas lesbianas.

Como escribe Antonio en la introducción del libro, la diversidad es la verdadera riqueza de un hábitat. Sobrevivimos gracias a ella. Es cuestión de evolución darwiniana.

En el jardín de los placeres, las bocas se besan sin saber a quién pertenecen los labios. El amor que ya se atreve a decir su nombre.

Damas y adamados, ?

de Antonio Bertrán ?

Ediciones B?

Precio: $280

concepcion.moreno@eleconomista.mx