La Academia Mexicana de la Historia (AMH), correspondiente de la Real de Madrid, celebró el pasado jueves 12 de septiembre, el primer centenario de su fundación con la publicación de un libro y un acto conmemorativo en el que desde 1952 es su edificio sede, en la Plaza Carlos Pacheco del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Al acto protocolario acudieron historiadores miembros de la asociación y otros vinculados con la misma, así como participantes de la política nacional, lo mismo que la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, presidenta del Consejo Asesor Honorario de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, quien reconoció la labor fundamental de la institución para la difusión del conocimiento y, con ello, forjar una construcción cociente y crítica de nuestra identidad nacional.

Momentos antes del inicio de la celebración, El Economista conversó con el director de la AMH, el doctor Javier Garciadiego Dantan, quien compartió un amplio panorama de las 10 décadas de la institución, desde su creación en manos de hombres de la aristocracia mexicana, que si bien no eran historiadores de formación, sentaron las bases de una institución integrada por 30 sillones, 20 para académicos residentes en la Ciudad de México y 10 para aquellos de algún estado de la República.

Garciadiego habló también sobre la actual labor de la Academia en un contexto de transformación política.

Usted ha dicho que hay buenos ciudadanos cuando son conscientes de su proceso histórico.

No quiero ser tan excluyente. Yo creo que el mejor ciudadano es el que tiene información política, sabe por quién va a votar, conoce a sus candidatos, distingue entre el candidato a diputado o el candidato a alcalde; pero ese tipo de ciudadano es minoritario. También nos interesa un ciudadano que conozca el sacrificio que ha sido construir un país.

El presidente López Obrador habla constantemente de la Cuarta Transformación, lo cual supone que hubo tres antes. Sabemos cuáles son, las conocemos. Aquí hay expertos en los tres momentos, pero cada una de esas transformaciones ha tenido costos muy altos. Yo creo que la Academia puede ser muy útil para aportar. Si se va a hacer una cuarta transformación, que tengamos la experiencia de los historiadores para evitar los costos de las anteriores. Esa aportación sería maravillosa, no tendría precio. Sí podemos participar y decir: hágase la cuarta transformación y cuando sea necesario, la quinta y la sexta. Es más, podemos decir que el mundo siempre está en transformación. El primer principio de la historia es el cambio.

¿Anticipar una transformación conlleva demasiado riesgo?

Sí, pero eso es a futuro de él. Nosotros sí podemos decir que la experiencia de la Revolución, de las Guerras de Reforma, la experiencia de la Independencia es tal. Por ejemplo, no hay que contaminar con un conflicto internacional, como fue el fusilamiento de Maximiliano; si vas a derrocar a un gobierno, como fue el de Porfirio Díaz, trata de tener proyectos alternativos, Madero no los tuvo y esto nos costó. Son experiencias que la historia te da.

¿El impasse de violencia que estamos viviendo obedece a ciudadanos que no son conscientes de sus procesos históricos?

No quisiera hablar de la violencia delincuencial que padecemos porque hay muchos factores: la frontera con Estados Unidos, el consumo de drogas allá y ahora aquí. No sólo somos un país que consume, sino que produce, y de tránsito de drogas que no consumimos. Una policía incapaz e insuficiente, un Poder Judicial muy pervertido. Es una situación muy complicada.

A propósito de transformaciones, también ha mencionado que no se puede construir un nuevo aparato sin haber destruido el anterior.

Sí, pero en otros lados he dicho que en la historia hay dos principios: el principio de cambio y el de continuidad. Hay cosas que no se destruyen y que pueden ser reutilizadas. Entonces, cuidado con destruir de más; es una de las lecciones que la historia te puede dar. Hay cosas reutilizables. Construir todo nuevo es muy costoso y hace más difícil el proceso. Si ya tienes los cimientos de algo, úsalos.

¿Estamos en esa oportunidad para usar los cimientos de nuestra historia reciente?

Creo que hay cosas que se deben utilizar todavía y enormes elementos de continuidad, dándoles unos ajustes, algunos cambios. No creo que todo sea construir a partir de cero.

¿El criterio de la actual administración es drástico con la intención de transformar?

Sí porque también están queriendo hacer una transformación drástica. Por ejemplo, lo que propuso Fox cuando llegó al poder es que iba a haber una enorme continuidad para no asustar a los ciudadanos. Después del agotamiento del ciudadano con los gobiernos del PAN y, sobre todo, con el gobierno de (Enrique) Peña Nieto, la gente ya no quería continuidad, sí quería un cambio.

¿Entonces es válida esta transformación drástica?

El tiempo lo dirá.

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