León, Gto. Katelyn King entra a escena mirando el cronómetro de su reloj. El de sus pasos es el primer sonido sincrónico de la pieza. No es un accidente. Camina hacia el piano de cola. Lleva consigo un pez de juguete que al accionarlo comienza a zarandearse de la misma manera que hace un pescado que recién ha sido sacado del agua. Justo en el tiempo preciso los arroja sobre las cuerdas del piano y éstas se estremecen. De inmediato rasga las cuerdas del piano. Camina hacia una de las dos mesas de frente al escenario sobre las que hay una docena de objetos distintos. De ella elige un teléfono inteligente y activa en él una función que todavía no es perceptible. Vuelve sobre su pasos para accionar otra cuerda del piano y activar un pequeño cañón de confeti. Camina tres pasos en dirección a la otra mesa y deja escapar un poco de vapor de una hoya de presión.

Sonidos del arte

No hay pausas, a menos que la composición requiera de esos silencios. Los movimientos son precisos. Desactiva el juguete y lo rescata para echarlo sobre una bañera. Ahora ya se perciben los sonidos de fondo que produce el dispositivo tecnológico. Es una música de metales que podría ser propia de una película de suspenso. Mientras tanto, pone hielos sobre un vaso de vidrio, llena un recipiente con un poco del agua de la bañera, vuelve a tocar una cuerda del piano y mira otra vez el cronómetro en espera del momento preciso para hacer chirriar un patito de hule. Hace sonidos con una regadera para plantas, un pequeño gong, el vapor de la hoya, whisky en el vaso con hielo.

Observa el cronómetro, acciona una trituradora, las teclas del piano; una, dos, tres, cuatro radios encendidas, el vapor de nueva cuenta, las cuerdas del piano, las teclas, el patito de hule, un poco de agua gasificada en el vaso con whisky y los hielos. Más tarde, bebe de ese vaso, arroja las radios al piso y no deja de mirar su reloj, hasta que finalmente se marcha.

Es una secuencia perfectamente medida en tiempo que dura poco más de tres minutos. Es la tercera vez que la percusionista y performer nacida en Estados Unidos, pero residida en Berlín, ejecuta la pieza y su primera presentación en México. Es una evocación del performance que el compositor y teórico musical John Cage presentó el 24 de febrero de 1960 en el programa de televisión I´ve got a secret. Su nombre es Water walk. John Cage explicó en esa emisión sesentera que la razón de su nombre es simplemente porque la tina contiene agua y porque se camina durante el performance. No hay más. Los músicos experimentales se cuecen aparte.

No una historia, sino una atmósfera

La presentación se llevó a cabo la noche de este jueves en el escenario del Teatro María Grever, como parte de las actividades del XXI Festival Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC), en León, Guanajuato. En ese contexto, la artista performática de apenas 26 años de edad y especializada en percusiones dio detalles.

“Él (John Cage) escribió la pieza especialmente para un programa de televisión en vivo a finales de los años 50. Para ella reunió muchos objetos que tienen funciones en la vida diaria y con el agua; objetos que solemos usar en la cocina y que usan los niños, como los juguetes, así como objetos que usamos para hacer música, como el piano”, detalla.

Recuerda que cuando los organizadores del festival le solicitaron específicamente el performance Water walk dado el tema regente del encuentro: Día cero. De tal manera que decidió complementar la breve presentación estelar con otras piezas relacionadas con el agua: Water music (1952), una pieza de John Cage originalmente escrita para piano y objetos con agua, pero adaptada por la artista para vibráfono e instrumentos de percusión, y To the Earth (1985), de Frederic Rzewski, escrita para tocarse con cuatro macetas, mientras que el percusionista, en este caso Katelyn King, recita rezos para la Tierra. Todo esto lo aderezó con una selección de la serie de 90 obras que John Cage tituló Solos for voice y que King reconfiguró para interpretar con elementos relacionados con el agua.

El Legado de cage

La artista se refirió a John Cage como su más grande influencia. “Lo estudié mucho en la escuela y desde entonces lo vi como un gran maestro. Su trabajo es muy interesante porque tienes mucha libertad y no la tienes al mismo tiempo durante la interpretación: es un trabajo muy estricto con las acciones que hay que ejecutar, pero a la vez debes hacerlo a tu manera, con objetos que te rodean, en el contexto de tu propio performance”, expone.

Asegura que hablar sobre el agua a través de las artes es relevante, que, a pesar de que cuando las piezas mencionadas se crearon no se pensaba en el agua como un elemento que había que procurar, ella decidió adaptar los performances a las inquietudes contemporáneas. “Cuando los organizadores me pidieron que tocara Water walk, inmediatamente les pregunté qué sucedería con toda el agua que se iba a usar en las piezas. Llegamos al acuerdo de que toda el agua empleada tenía que reutilizarse”, refiere.

Dijo que con sus obras no pretende hacer relatos como secuencias. “Los sonidos que escuchas y las acciones que puedes ver las hago de manera muy neutral. Por supuesto que expreso cosas, pero tú tienes que decidir por ti mismo cómo las aprecias. No son historias sino atmósferas y experiencias”.

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