Para Cheko Záun

En la mañana, como todo mundo, me enteré el lunes: David Bowie había muerto.

¿Él qué tocaba? , me preguntó mi mamá.

Rock , le contesté mientras me arreglaba.

Y me quedé pensando: ¿rock? ¿A eso se reduce todo lo que David Bowie hizo en su vida? ¿En su vasta, inconmensurable vida?

Qué bien nos ocultó a todos su enfermedad. Durante 18 meses tuvo el devastador cáncer de hígado que lo acabó. Durante ese mismo periodo, Bowie sacó dos discos estupendos, se involucró en una serie de televisión y produjo una obra de teatro off-Broadway.

No. David Bowie hizo... David Bowie hizo que el rock fuera apenas un rasgo de lo suyo. No tengo nombre que abarque la obra de Bowie. Como no tengo palabras para definirlo, diré que Bowie fue un artista cuya obra se extendió a lo largo de la música como se extiende un cielo nublado sobre una ciudad.

David Robert Jones nació en Londres, un 8 de enero de 1947. Cuando era adolescente tuvo un pleito por una chava con un amigo y se dio un golpe en la cabeza que le dejó la pupila del ojo izquierdo eternamente dilatada, lo que lo convirtió de inmediato en un freak, en alguien diferente del resto. Esa diferencia, tan circunstancial, es uno de los detalles que sus fans recordaremos por siempre: el animal salvaje que nos mira con su ojo único.

David Bowie fue un performer natural desde su infancia. Sus maestros destacaban su capacidad para la danza y la gracia natural tanto de sus movimientos como de sus textos. Pero eso no significa que ese tal David Robert Jones alcanzara el éxito inmediato con el que soñaba. Sí, David soñaba, eso tan natural que parece increíble en alguien tan extraordinario. Como todos nosotros, hubo una época en que Bowie no fue nadie más que un tipo con una guitarra y una nube de fracaso encima.

En el documental David Bowie and the story of Ziggy Stardust (James Hale, 2012), el cantante de la banda Pulp, Jarvis Cocker, cuenta que Bowie formó parte de varios grupos de R&B que pasaron sin pena ni gloria.

Actuaba bajo el nombre de Davie Jones, un rubiecito medio guapo que usaba pantalones ajustados pero que no llamaba gran cosa la atención ni del público ni de la industria. En 1967, cambió su nombre artístico a David Bowie, bowie por un tipo de cuchillo: ganas de penetrar, de cortar y hacer sangrar a quien lo escuchara.

Su primera canción con ese nombre fue una extraña canción llamada The Laughing Gnome , incluida en el disco llamado simplemente David Bowie. El disco tiene una mezcla extraña de pop juvenil con comedia. Es muy teatral, a su manera. Cocker, en el documental, afirma que fue el modo en que Bowie ensayó a Ziggy Stardust, el personaje con el que su carrera se iría a los cielos.

¿Quién es Ziggy Stardust?, se preguntará aquel que se acerca por primera vez a Bowie. Ziggy es un extraterrestre payasesco que cae en la tierra con la única intención de invadirnos con rock. Ziggy played guitar, jamming good with Wierd and Gilly, and The Spiders from Mars... canta la canción con la que presenta a esta nueva identidad, la primera de muchas que Bowie adoptaría durante su carrera.

Pero miento: su primer personaje fue el Major Tom, un astronauta que se queda perdido en el espacio. Space Oddity , la canción que cuenta el cuento del Major Tom, se hizo muy popular porque la BBC la utilizó para musicalizar la llegada del hombre a la Luna, la ironía perdida en el entusiasmo del acontecimiento.

Pero faltaba algo todavía para que David Bowie fuera el monstruo que merecía ser. Conoció al bailarín y maestro de expresión corporal Lindsay Kemp. Se dice que la relación de Bowie y Kemp llegó a ser inclusive sexual. Bowie también era un iconoclasta en ese sentido: su vida erótica es varias vidas, con hombres y con mujeres. Su última compañera fue Imán, top model con la que formó una familia y tuvo sus años más serenos.

Pero la llegada de Ziggy Stardust fue algo así como el anuncio de una nueva era.

En otro documental (y es que la carrera de Bowie alcanza para varias películas, cada ángulo, cada guiño es así de trascendente), David Bowie: five years (Francis Whately, 2013), la crítica cultural Camille Paglia dice que Ziggy es una especie de coloso que anunció los años 70, la era de una revolución sexual, un etapa de libertad y promiscuidad que no se había vivido así desde, dice Paglia, los años del Imperio Romano.

Bowie se relacionó con muchos artistas influyentes, entre ellos no sólo Kemp, también el propio Andy Warhol, el guitarrista espectáculo Mick Ronson, el diseñador Fredie Burretti, responsable de los looks explosivos de Bowie en escena y con el todavía más estrafalario diseñador japonés Kansai Yamamoto.

Son tantas las eras y cambios ( ch-ch-ch-changes ) de la carrera de Bowie que este espacio no me alcanza. Me quedó con Ziggy Stardust como faro del futuro. Y me quedó con mi canción favorita: We can be heroes just for one day . Just for one day: solo un día se muere.

Para Bowie, ése es un día sólo, el único. Todos los demás para todos sus fans, para todos los que aprecian el arte, es invencible. Inmortal.