Hay santones literarios de los que se atesora cualquier cosa que hayan escrito o, aún más, cualquier cosa que hayan dicho. Es el caso de Jorge Luis Borges, para muchos críticos (que no le caían bien) y lectores (que no le caían mejor) el escritor más original que se ha dado en tierras latinoamericanas.

Casi cada año desde la muerte del escritor, acaecida el 14 de junio de 1986, esta o aquella editorial, editor, amigo íntimo o borgesólogo en turno nos ha recetado algún compilado no ya de la obra del propio Borges, sino tan sólo de lo que Borges dijo sobre cualquier tema literario.

Por supuesto que uno tiende a desconfiar de ese tipo de choteo de autor.

Pero esta reseña es para que el lector avispado supere en este caso la sospecha y compre ahora mismo Cuentos memorables según Jorge Luis Borges (Alfaguara, 456 pp, $199).

Es una selección de 11 cuentos clásicos, uno más maravilloso que el anterior, todos fundamentales piezas del arte milimétrico de las narraciones cortas.

La selección fue hecha por el propio Borges. El 26 de julio de 1935, la publicación argentina El hogar (una revista de lectura causal, de ésas que uno se encuentra en salas de espera, imaginamos) le preguntó a Borges cuál era el cuento más memorable que hubiera leído en su vida.

El escritor recetó 11 autores y nueve títulos, dando como gran ganador el poco conocido Donde su fuego nunca se apaga de la inglesa May Sinclair, una historia en la que un pecado no confeso persigue por toda la eternidad a una mujer. Sobre esta historia dijo Borges a la revista: Recuérdese la pobreza de los Infiernos que han elaborado los teólogos y que los poetas han repetido; léase después este cuento .

A continuación aparece publicado el cuento tal cual salió en ese ejemplar de El hogar, con una traducción bonita aunque anticuada hecha por Xul Solar, el pintor y escritor amigo de Borges.

La colección se completa con grandes historias ya bien conocidas entre las favoritas de Borges, varios traducidos por él mismo, y joyas por sí mismas: Bola de sebo de Guy de Maupassant, El cuento más bello del mundo y El jardinero de Rudyard Kipling, El dios de los gongs de G.K. Chesterton y otros.

Y si es usted de los lectores que han sido alejados de los clásicos por décadas de malas traducciones y ediciones pedantes, acérquese a este libro.

Aunque no todos los textos incluidos fueron traducidos por Borges, todos están en ese buen español, fluido y correcto, que tanto apreció el argentino.

Con estas excelentes versiones uno puede de verdad atrapar la ironía, el humor y las sutilezas que han hecho de cada cuento indispensable.

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