La 31 edición del Festival Internacional de Jazz de Montreal finalizará este martes con un Mardi Gras que promete ser memorable, una muestra de que este festival se caracteriza por dirigirse a todos los gustos. La oferta es grande, muy variada, y si bien el jazz es el centro musical, no es el único genero al que se le da cabida durante los 12 días que dura este sabroso buffet musical.

La Plaza de las Artes y sus alrededores representan un espacio no apto para agorafóbicos, con seis escenarios al aire libre y otro abierto en un espacio amplio en el complejo Desjardins. En este último lugar se presenta dos veces al día el espectáculo infantil La pequeña escuela de jazz. Una obra musical donde un cuarteto, cinco cantantes y la mascota del festival -una botarga de un gato azul-, cuentan una historia redonda con inicio, medio y fin, para que los niños comprendan el ritmo y los elementos del jazz.

Los niños que se reúnen por cientos sobre colchonetas al frente del escenario, aprenden así a introducir la síncopa a sus canciones infantiles, aplicarles el canto libre y divertirse con el jazz, el blues y el swing.

Multiplicidad de escenarios

En los escenarios externos, los músicos de diferentes partes del mundo se van turnando por horas para presentar un relevo de verdaderos talentos musicales. Por momentos quisiera uno poderse clonarse para disfrutar de dos espectáculos al mismo tiempo, sin correr de un escenario al otro. Los músicos provienen de lugares como Burkina Faso, Canadá, Cuba, Haití, San Francisco...

Por las calles pululan saltimbanquis y bandas de instrumentos de aliento y percusiones van avanzando por plazas y avenidas, sin mezclar su oferta musical con la de los escenarios.

Por su parte, en las 11 salas de concierto, los músicos consagrados también dan espectáculos para todos los gustos. Así, mientras en el Teatro Maisonneuve, el camerunés Richard Bona, se luce con su voz y su bajo, la orquesta internacional que lo acompaña, hace reír al público con comentarios sobre el fútbol y hace participar al público con aplausos, cantos y bailes.

Experimentación sonora

En otra sala el trío formado por Laurie Anderson, Lou Reed y John Zorn experimentan a tal grado con los sonidos de sus instrumentos y los oídos de la audiencia que la mitad del público se deshace en aplausos, mientras la otra mitad los abuchea y, tras fuertes insultos de John Zorn de por medio, los disconformes abandonan la sala Wilfrid-Pelletier.

En el caso de Keith Jarrett, Gary Peacock y Jack Dejhonette, la improvisación resulta en melodías agradables. Jarrett, con su clásico sentadito a medias, le lanza vocalizaciones en a a las cuerdas de su piano, mientras Peacock vive un romance con su contrabajo y Dejhonette acaricia y golpea rítmicamente sus percusiones, mostrándole al público que ellos no tocan, sino juegan al jazz.