Tres fueron las epidemias que azotaron a México a lo largo del siglo XVI. La primera, en 1520, un año después de la llegada de los españoles al país, se calcula que acabó con unos 8 millones de personas, la gran mayoría, de los pueblos originarios dado que no estaban preparados para afrontar una pandemia de la que no tenían conocimiento. Apenas 25 años después, en 1545, otro azote epidemiológico cobró la vida de entre 12 y 15 millones de habitantes. Poco más de 30 años más tarde, en 1576, una nueva pandemia causó el deceso de 2 millones más.

El primer gran contagio, hay registros, fue causado por el virus de la viruela; sin embargo, del resto se desconoce la causa.

A poco menos de 500 años de esta serie de contagios masivos, los científicos no han claudicado en las investigaciones sobre el origen de cada una de estas epidemias. Y es que, de acuerdo con el doctor Adolfo Martínez Palomo, parasitólogo, académico e investigador del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), la relevancia de analizar estos casos históricos yace en que, “cualquier que haya sido el microrganismo responsable, puede seguir presente".

"De ocurrir una epidemia igual en el futuro, no seríamos capaces de reaccionar dado que no habría datos acerca de la evolución de la enfermedad”, advirtió Martínez Palomo.

El especialista participó en el coloquio “La salud en México antes y después de 1519”, organizado por El Colegio Nacional, donde analizó algunos de los documentos que hablaron sobre el tema o bien han sido resultado de una investigación por parte de especialistas e historiadores.

El también expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias explicó que los códices dan evidencia de la epidemia de 1576, misma que recibió el nombre náhuatl de “Cocoliztli”, pero no se tienen grandes registros científicos del padecimiento. Si acaso, documentos como el Códice en Cruz, el Códice Aubin y el Códice Telleriano Remensis reportaron que, entre otras sintomatologías, los infectados presentaban sangrado extremo.

Evocó al científico francés, Charles Nicolle, especialista en microbiología y ganador del Premio Nobel de Medicina 1928, quien en el libro “Destino de las enfermedades infecciosas” dijo que las epidemias de 1545 y 1576 también fueron a causa de la viruela.

Sin embargo, Martínez Palomo contrastó esa información con lo publicado por el infectólogo estadounidense Hans Zinsser, quien en su libro “Las ratas, los piojos y la historia” (1935), propuso que se trató más bien del zote del tifo, muy posiblemente llegado al Nuevo Continente a bordo de las tripulaciones españolas. Sin embargo, el ponente explicó que “ni él ni Charles Nicolle se preocuparon del análisis de los antecedentes, los síntomas u otras posibilidades diagnósticas”.

El doctor Martínez Palomo difundió que en otros artículos científicos se ha sugerido que las epidemias desconocidas del siglo XVI pudieron tratarse de fiebre hemorrágica viral transmitida por roedores, como lo indica el trabajo de investigación “Large epidemics of hemorrhagic fevers in Mexico 1545-1815”, publicado en el 2000; o que pudo deberse a la salmonela, puesto que el trabajo “Nature Ecology & Evolution”, difundido en el 2018, expone que un grupo de investigadores halló la bacteria Salmonella enterica en restos óseos de decenas de personas que fueron enterradas durante la epidemia de 1545 en Teposcolula-Yucundaa, Oaxaca.

En este panteón se encontraron cerca de 800 personas. Los científicos analizaron la pulpa dentaria de veinticuatro individuos y compararon las muestras con las de un catálogo de 6,247 bacterias y virus, y encontraron a la subespecie Salmonella paratyphic en los restos de diez personas. Por ello concluyeron que pudo tratarse de una paratifoidea.

Sin embargo, apuntó el especialista, ninguna de estas hipótesis coincide con toda la sintomatología propuesta en los códices antes mencionados.

“No hay duda que estas personas cuyos restos fueron analizados tuvieron paratifoidea, pero quizá otro tipo de infección, todavía desconocida, afectó a millones de mexicanos”, finalizó.

kg