A principios de diciembre de 2020, el Panel Independiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) solicitó al Instituto de Ciencias de la Salud Global de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) realizar un informe sobre la respuesta de México frente al Covid-19. El documento fue publicado el pasado lunes y revela que no hubo una deliberación y toma de decisiones a través de órganos colegiados apropiados, tampoco hubo una supervisión adecuada de las políticas públicas por parte de expertos independientes.

Los especialistas aseguran que, si se hubiera atendido a la evidencia científica y los datos, se podría haber evitado uno de los problemas centrales de la respuesta del gobierno a la pandemia: “La desconexión con la evidencia científica relevante y, en asuntos en los que la evidencia no era definitiva, el fracaso en optar por decisiones que erraran por el lado de la cautela”.

Mencionan además los 10 aspectos principales en los que las políticas de salud pública no siguieron o no incorporaron adecuadamente la evidencia y no aplicaron un enfoque de precaución cuando la ciencia era incierta —es decir, optar por el camino con menos posibilidades de conducir a resultados graves o producir daños irreversibles.

Estos son:

  1. Gravedad de la enfermedad Covid-19. El informe explica que las declaraciones y decisiones públicas de las autoridades sanitarias subestimaron sistemáticamente los riesgos planteados por el coronavirus. “Este fracaso empañó todos los demás aspectos de la respuesta a la pandemia. Las “tres C” de la gestión de emergencias —comunicación, coordinación y control— están basadas en la cognición, o la capacidad de detectar y calibrar el nivel de riesgo y crear una base de conocimiento común para la acción colectiva”. En febrero de 2020, cuando la ONU ya había declarado el brote como una emergencia de salud pública de importancia internacional, en México se dijo que el SARS-CoV-2 era de baja virulencia en comparación con la influenza.
  2. Inmunidad adquirida. “No se contempló adecuadamente la posibilidad de que el Covid-19 dejara secuelas a largo plazo, y no se incorporó la probabilidad de mutaciones nuevas y más graves al plan de respuesta”. Las autoridades parecen haber considerado la inmunidad de rebaño como una potencial salida de bajo costo a la crisis, siempre y cuando se mantuviera la capacidad hospitalaria (eventualmente quedó rebasada).
  3. Efectividad de las mascarillas. “Desde una perspectiva de liderazgo y gobernabilidad, la negativa de los altos funcionarios a usar mascarillas y recomendar su uso universal es una de las principales manifestaciones de desconexión entre el conocimiento científico y las políticas de salud pública, y el incumplimiento del principio de precaución en la regulación de riesgos”. El presidente inicialmente ridiculizó su uso como una exageración, haciendo referencias a medidas adoptadas durante la pandemia de influenza HI1N1 en 2009. Los funcionarios justificaron su posición diciendo que faltaba evidencia científica sobre la efectividad de las mascarillas.
  4. Transmisión asintomática y presintomática. “La incertidumbre sobre el alcance de la transmisión era especialmente alta durante los primeros meses de la pandemia, y no se ha disipado por completo”. En varias ocasiones, las autoridades realizaron aseveraciones inconsistentes con esta necesidad, además la incertidumbre científica sobre la dinámica viral no se tradujo en la elaboración de diferentes escenarios de planificación pandémica.
  5. Posible transmisión aérea. Durante el transcurso de la pandemia se ha acumulado evidencia científica de la posible transmisión aérea del SARS-CoV-2. Para efectos prácticos, la transmisión a través de partículas más pequeñas suspendidas en el aire ha permanecido como un punto ciego, pero las recomendaciones precautorias no se han adaptado debidamente, incluso cuando muchas medidas tienen potencial para hacer el bien sin hacer daño, y cuando las principales fuentes científicas comenzaron a enfatizar la importancia de asesorar a la gente sobre cómo navegar el riesgo en espacios interiores.
  6. Importancia de ampliar las pruebas, rastreo de contactos, aislamiento con apoyo e intervenciones localizadas para el control de infecciones. Desde el comienzo de la pandemia, se identificó que las políticas de aplicación generalizada de pruebas y los programas de rastreo y aislamiento de contactos eran una estrategia eficaz para contener la transmisión del virus, incluso análisis internacionales sugieren que las tasas de mortalidad por Covid-19 están asociadas negativamente con el número de pruebas por población.
  7. Medidas de control de viajes y fronteras. Numerosos estudios relacionan la velocidad de propagación del SARS-CoV-2 con viajes nacionales e internacionales. Numerosos países se apresuraron a implementar restricciones de viaje, sin embargo, México no restringió ningún viaje internacional. Desde junio de 2020, los viajeros aéreos deben completar un cuestionario para confirmar que no han estado en riesgo de contraer el virus, esta es una aplicación laxa de las mismas que han permitido que el virus circule libremente. México se convirtió en un destino atractivo durante la pandemia para visitantes internacionales que buscaban escapar de medidas más estrictas en sus países de origen.
  8. Nuevas variantes. La perspectiva de México es que, si bien las nuevas variantes pueden ser más virulentas, aún faltan pruebas definitivas, también han enfatizado que la mayoría de las mutaciones son inocuas y que la probabilidad de que sean biológicamente relevantes, en cuanto a su capacidad de causar daño, es muy baja.
  9. Riesgo epidemiológico y medidas de salud pública. “El desprecio de las autoridades por la evidencia en algunas de sus decisiones en torno a la respuesta a la pandemia se refiere a la desconexión, en coyunturas críticas, entre los niveles objetivo de riesgo epidemiológico y las restricciones de salud pública”. Por ejemplo, la Jornada Nacional de Sana Distancia terminó el 30 de mayo, cuando los casos estaban en aumento y sin evidencia de que la transmisión estuviera bajo control.
  10. Vacunación. “El lanzamiento inicial del programa de vacunación no ha seguido la evidencia y las pautas técnicas”. El propio grupo de asesoramiento técnico del gobierno recomendó dar prioridad a los trabajadores de la salud y luego vacunar a la población en función del riesgo de muerte. Sin embargo, las autoridades federales se han desviado de este plan, apuntando a municipios rurales y docentes en un estado donde no hay brotes severos, sin detallar los criterios de selección.

nelly.toche@eleconomista.mx

rrg