Es la Colombia en proceso de pacificación, pero no todo parece marchar como se estima. Una llamada anónima para la Fiscalía General, en Bogotá, advierte sobre un enfrentamiento entre dos grupos armados ocurrido en el municipio de Inzá, en la zona montañosa al poniente del país. A pesar de la distancia y lo pequeño de la jurisdicción, el uso de presunto armamento pesado en la reyerta enciende las alarmas de las autoridades. La información es imprecisa todavía, pero no abona a la tranquilidad: se habla del involucramiento de un helicóptero en la balacera y, días más tarde, otra llamada anónima agrega que incluso se usó una bazuca.

El incorruptible fiscal Edilson Jutsiñamuy asume la investigación y de inmediato decide contactar a la periodista independiente Julieta Lezama, de toda su confianza; le comparte lo sabido hasta el momento y la reportera, con el tesón que le caracteriza, se suma a la afronta acompañada de Johana, su asistente, una habilidosa exguerrillera de las FARC con quien viaja cuanto antes hacia la región para comenzar con la investigación.

El relato sobre lo que Jutsiñamuy y Lezama irán descubriendo gradualmente, conforme avanza la pesquisa, es el hilo siempre en tensión, con sus diversos nudos narrativos, de la novela Será larga la noche, del escritor colombiano Santiago Gamboa, recién publicada este septiembre.

Enemigas de la paz y la democracia 

En entrevista vía telefónica con El Economista, el también autor de El síndrome de Ulises, ganadora del Premio Rómulo Gallegos 2007, habla sobre este nuevo trabajo que, a decir de la crítica, es otra pepita de oro del abrevadero de la novela negra latinoamericana. Mientras conversa, advierte que mantendrá sus reservas para no arruinar el factor sorpresivo del trabajo narrativo.

Describe a Será larga la noche como una mirada desde la sociedad civil sobre los problemas de Colombia “y de cómo la democracia está siendo permanentemente atacada por diferentes agentes que hoy forman parte del espectro político; uno de ellos son las iglesias evangélicas. Por supuesto esto no es el argumento de la novela, porque é﷯se no lo podemos contar, ya que es una novela negra y, entonces, haríamos spoilers,﷯ pero sí podemos hablar de los temas que el escritor tenía sobre su mesa cuando escribía la novela, y uno de ellos son las iglesias evangélicas y el modo en el que están poniendo en jaque la democracia en toda América Latina”.

Gamboa identifica en cada país latinoamericano el avance del peso político de este tipo de doctrinas religiosas. “En Brasil ya está muy avanzado, ya tienen presidente, ya tienen el 30 o 35% del Congreso. En Colombia también tienen presidente y pastores que son congresistas. Y ése es un terrible peligro para la democracia porque aquí el pastor evangélico presenta a sus fieles un candidato al que anteriormente le ha vendido los votos de su feligresía, con lo cual se convierte en un cacique político”, argumenta.

Las iglesias evangélicas, reconoce, no son el único enemigo sino uno de los elementos que están actuando negativamente y que se coluden.

“Está la corrupción gigantesca, la cual se une con elementos violentos para defenderse. Cuando un periodista empieza a investigar a un corrupto, el corrupto se pone en contacto con un grupo violento para que suprima al periodista”.

Explica que en el proceso de paz en aquel territorio sudamericano la gran dificultad yace en una sociedad “tan injusta, cruel y perversa”, por lo cual, el término de una guerra civil no garantiza el cese de la violencia que ha permeado en una sociedad por décadas. 

“Hay países que tienen incluso mucho más muertos que Colombia sin tener guerra; México puede ser uno de ellos, Venezuela también. Son países que tienen un tremendo debate social que produce violencia y muertes”, argumenta.

Un país de huérfanos 

Adelanta, eso sí, que la orfandad es otro de los grandes temas de la novela simplemente porque es uno de los grandes temas de la historia presente de su nación.

“Colombia es un país de huérfanos, de cincuenta y pico años de guerra, de narcotráfico, de desapariciones, de infancias robadas, de juventudes deshechas, de niños y adolescentes solos, que se han criado en la búsqueda de estructuras que los protejan, con un Estado ineficiente. Y eso también ha alimentado la violencia. Al niño que a los 13 años ve cómo asesinan a sus padres, la única respuesta que le queda es entrar a una estructura que le permita la primera pulsión, que es la venganza, y esa estructura fueron los paramilitares o la guerrilla”.

También autor de novelas como Necrópolis (2009) y Plegarias nocturnas (2012) identifica en la novela negra latinoamericana particularidades irreplicables en obras del mismo género de otras latitudes. 

“La novela negra en América Latina nace siendo un mecanismo de denuncia y, de alguna manera, es una novela militante, una novela que quiere mostrar la realidad con toda su crudeza, su injusticia y, a veces, también, con toda su complejidad”. Reflexiona que aquel que pretenda escribir sobre la realidad de América Latina involuntariamente terminará haciendo novela negra “porque las realidades son terriblemente negras”.

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