Los críticos no somos objetivos. Tenemos siempre nuestras películas consentidas. Por eso no quepo en mí de gozo con las nominaciones al Óscar.

Mi cinta favorita del año pasado lidera la lista, El Gran Hotel Budapest, la obra que define la carrera de Wes Anderson, recibe nueve guiños de la Academia, incluyendo mejor película, mejor dirección, mejor guión original y mejor banda sonora.

Qué bien, qué felicidad. Pero tengo la sensación de que será la gran perdedora la noche del 22 de febrero, cuando se celebra la entrega del galardón.

¿Por qué? Porque tiene frente a sí a la favorita de gran parte de la crítica mundial: Birdman, de Alejandro G. Iñárritu.

La competencia es cuello a cuello con esas dos, con Boyhood de Richard Linklater, y quizá alguna otra (puede ser The Imitation Game o la mediocrísima La teoría del todo) metiendo el hombro.

Birdman es, no lo niego, una magnífica película, arriesgada, la mejor de González Iñárritu. Se merece sus nominaciones. De todas ellas, creo que las más merecidas son la de Edward Norton como actor de reparto; Emmanuel Lubezki, por su brutal experimento fotográfico; Martín Hernández y Aaron Glasscock, por el diseño sonoro, y por supuesto, los dos que puede ser que tenga ya en la bolsa: mejor director para Iñárritu y mejor protagonista para Michael Keaton.

Varias voces en los medios de EU se han levantado para acusar a la Academia de poco diversa. El Negro ha quitado el González de su nombre artístico y ahora algunos medios estadounidenses lo consideran parte de la bancada blanca (como siempre, en Estados Unidos todo es raza).

La crítica viene a cuento además por el poco amor que la Academia muestra a Selma. El filme, con tan sólo dos nominaciones (mejor película y mejor canción), va sobre la vida de Martin Luther King y su lucha por los derechos civiles de los afroamericanos. Fueron ignorados el actor inglés David Oyelowo, que personifica al reverendo King, y Ava DuVernay, la directora, la que algunos pronosticaban que sería la primera cineasta de raza negra en recibir una nominación. La película la veremos pronto en México.

Pero a pesar de esas críticas, los Óscares 2015 son buenos, una vez más, para México. Además de las nominaciones a Iñárritu, Lubezki y Martín Hernández, también está considerado el cortometraje documental La Parka, producido por el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), dirigido por el nicaragüense Gabriel Serra Argüello, alumno del CCC.

Y es también un gusto ver considerada a la genial Relatos salvajes, del argentino Damián Szifrón, entre las mejores películas en lengua no inglesa. Sus dos rivales a vencer son la rusa Leviatán (que se llevó mejor guión en Cannes y un Globo de Oro el domingo pasado) y la polaca Ida.

El próximo domingo 22 de febrero muy probablemente el Negro Iñárritu suba al podio por su tío Óscar. Dos directores mexicanos al hilo no estaría nada mal, ¿no?

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