Hugo es un niño que está por cumplir nueve años, vive con sus abuelos maternos, tiene ojos muy negros, enmarcados por largas pestañas y una sonrisa irresistible. Su hablar es rápido y desenfadado. Sus piernas delgadas muestran varios moretones resultado de una cierta torpeza impulsiva que lo expone a estarse golpeando frecuentemente con los objetos a su alrededor.

Hugo dice querer ser astronauta y por ello habla con autoridad y alegría sobre los cazadores de tornados y el peligro inminente que representan los cambios climáticos para la humanidad: mucha gente puede morir.

Como se le diagnosticó Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en Estados Unidos y le prescribieron tratamiento con medicamentos, los abuelos están preocupados y quieren saber qué más hacer para ayudarlo.

El TDAH es un asunto polémico puesto que hay quienes lo consideran una enfermedad mental, mientras que otros expertos cuestionan este enfoque diciendo que se trata de un cierto patrón del funcionamiento cerebral que genera conductas disruptivas en sistemas educativos donde los niños pasan horas y horas dentro de un salón de clases atestado, escuchando un montón de cosas irrelevantes y sin poder moverse libremente. Hasta la fecha no existe ningún marcador biológico que permita reconocer este diagnóstico que se hace clínicamente.

El TDAH es un síndrome en el que la hiperactividad, la impulsividad y la inatención son las manifestaciones centrales. A menudo vienen juntas. Algunas personas, sin embargo, pueden ser predominantemente hiperactivas e impulsivas mientras que en otras destaca la inatención.

Se las reconoce por ser distraídas, estar en la luna o papando moscas . Lo curioso es que de pronto pueden concentrarse intensamente y ser muy eficientes en actividades que las motivan e interesan.

A Angélica, mamá de Hugo, la conocí hace años cuando nos tocó compartir un taxi. De inmediato entablamos una agradable y estimulante conversación. Años más tarde supe que se había casado con un estudiante de medicina procreando un hijo varón.

Un día llegó a mi consultorio en un estado lamentable de ansiedad y depresión. Se había divorciado y las cosas no iban nada bien.

Yo me preguntaba cómo era posible que una joven inteligente, talentosa y creativa estuviera tan desorientada y ofuscada en las cosas prácticas de la vida.

Aquella ocasión reconocí en Angélica la misma tríada sintomática que hoy detecto en su hijo: hiperactividad, impulsividad y atención selectiva.

Lo más preocupante del TDAH son las limitaciones psicológicas, sociales, educacionales y laborales que a menudo provoca. Incluso personas excepcionalmente inteligentes, creativas, responsables y perseverantes tienden a desempeñarse social y laboralmente muy por debajo de sus capacidades reales debido al TDAH.

Del tratamiento adecuado y el manejo oportuno, así como del apoyo de sus familiares, depende hoy que Hugo algún día alcance su sueño de ser astronauta.

El estigma sigue siendo el principal obstáculo para tratar a 5% de la población con déficit de atención. No es factible pretender una sociedad desarrollada y equitativa sin atender la salud mental.

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