Ningún grito viene gratis ni se profiere sin causa. En general es motivo del hartazgo, la primera advertencia de la rebelión o la expresión definitiva de algo que ya no puede encerrarse en el espíritu. Así terminan las grandes tormentas, comienzan las grandes tragedias,  se invoca la calma requerida y se escribe la Historia. No es por ello extraño que nuestra Independencia se anunciara con un grito. Aunque si vamos a ser precisos quizá solo fue un discurso, un llamado a todo volumen, una proclama que sustituyó al sermón de una primera misa, la escandalosa expresión de una voz a lo que ya no podía callarse. Narraciones hay muchas. Ya lo sabemos: cada quien habla de cómo le fue en la feria y no es lo mismo ser realista que insurgente, o imperialista que republicano.

La versión cronológica más aceptada dice que el 16 septiembre a las dos de la mañana  se presentó en casa  de Miguel Hidalgo  Ignacio Aldama y que  Allende ya estaba allí. Les informó que se había descubierto la conspiración en Querétaro.  Y que  acto seguido Aldama, Allende e Hidalgo salieron a la calle con 10 hombres armados que el cura tenía  en su casa y que primero que nada puso en libertad a los presos de la cárcel, con lo que reunió  a 80 hombres que se armaron con espadas. Que después, Allende y Aldama tomaron preso al  subdelegado, lo maniataron y se lo llevaron hacia el atrio de la iglesia. Antes de que llegara la hora de la misa, Hidalgo lanzó un discurso gritando por la libertad y el pueblo comenzó a echar vivas a la religión y a la Virgen de Guadalupe e  insultos al mal gobierno y a los gachupines.

Historiadores y cronistas, relataron aquel día de distintas y a veces de muy deliciosas maneras. Luis Castillo Ledón, por ejemplo, en su libro Hidalgo, la vida del héroe cuenta que Hidalgo, la noche del 15, estaba en animada reunión jugando una partida  de mus y de malilla con doña Teresa Ortiz, esposa del subdelegado, cuando le avisaron que Ignacio Allende lo buscaba. Escribe que hablaron un rato, despidieron a los invitados y unas horas más tarde se presentó Aldama avisando que se había descubierto la conspiración y doña Josefa y don Miguel habían sido aprehendidos. Y que la primera reacción de Hidalgo había sido ofrecerle una taza de chocolate...pero que a continuación, ignorando el terror de sus capitanes que no sabían si escapar o entregarse, el cura se puso medias y zapatos y con toda calma dijo “Caballeros, somos perdidos, aquí no hay más remedio que ir a coger gachupines”. Y se puso de pie, para salir,con actitud resuelta.

Lucas Alamán,  en su  Historia de Méjico. Desde los primeros movimientos que prepararon su Independencia en el año 1808 hasta la época presente, a pesar de haber detestado todo lo que implicaba el movimiento insurgente no tiene más que reconocer que la primera proclama de Hidalgo estuvo muy bien dicha, no se apartaba de la religión y fue la transición que lo cambiaría  todo. De elogios y gritos, nada.

Pedro García, testigo presencial, escribió la siguiente crónica cuatro años después: “El acontecimiento tuvo lugar la noche del 15 de septiembre de 1810. El siguiente día domingo, que la gente del campo tiene por costumbre llegar a la población muy a la madrugada para aprovechar la misa prima, se empezaron a formar grupos con el fin de esperarla; y como pasara un gran rato sin llamarla, empezaron muchos a notarlo, sin acertar, por entonces, con el motivo de aquella tardanza. No faltó quien empezara a informarlos, de que pudiera ser que no hubiera misa, porque el Sr. Hidalgo había en la noche anterior mandado aprehender a todos los gachupines y todos se hallaban en la cárcel. En este estado de incertidumbre se fueron acercando al frente de la casa del Sr. Hidalgo y como aumentaba el número  le pareció a aquel párroco respetable, que era tiempo ya de dirigirle la palabra a aquella multitud .Salió al zaguán y nos explicó de la manera siguiente:

"Mis amigos y compatriotas: no existe ya para nosotros, ni el Rey, ni los tributos: esta gabela vergonzosa, que sólo conviene a los esclavos, la hemos sobrellevado hace tres siglos como signo de la tiranía y servidumbre: terrible mancha que sabremos lavar con nuestros esfuerzos. Llegó el momento de nuestra emancipación: ha sonado la hora de nuestra libertad; y si conocéis su gran valor, me ayudaréis a defenderla de la garra ambiciosa de los tiranos. Pocas horas me faltan para que me veáis marchar a la cabeza de los hombres que se precian de ser libres. Os invito a cumplir con este deber. De suerte que sin patria, ni libertad, estaremos siempre a mucha distancia de la verdadera felicidad. Preciso ha sido dar el paso que ya sabéis: y comenzar por algo ha sido necesario: la causa es Santa y Dios la protegerá. ¡Viva, pues, la Virgen de Guadalupe!¡Viva la América, por la cual vamos a combatir!"

Sirvan de gozo y memoria los anteriores párrafos para los días que vienen. Porque este año nadie festejará  como siempre... aunque muy bien podamos gritar como nunca antes.