“Al entrar a su casa, los libros espantan; espanta saber que uno no leerá siquiera la mitad de todo lo que ahí se ve; libros en todos los pasillos, en la sala donde me recibió en su casa en Madrid, en los muebles de la sala, en su estudio, libros, libros, en cada lugar que pusiera los ojos”.

El anterior es un extracto de La vida constante. Conversaciones en el tránsito del milenio, en particular, de las páginas dedicadas a Los juegos de la memoria, una entrevista que Miguel Ángel Muñoz le hizo al escritor español Javier Marías.

Por paradójico que parezca, entrar a la casa del poeta, articulista, historiador y crítico de arte es como entrar a una librería en la que ya hace mucho tiempo los libreros dejaron de ser suficientes para ordenar los tomos sobre novela, ensayo, poesía y arte. Las paredes también se han visto colmadas en capacidad para colgar en ellas las decenas de piezas de arte que llegan a su casa. Y sin embargo, Miguel Ángel bromea que lo suyo “es una miseria” comparado con lo que hay en la casa de Marías.

El fotógrafo le pide que se ubique frente a uno de sus libreros para tomar una fotografía; y otra más en el pequeño pasillo que dejan los estantes para entrar a su comedor. Ahí le pide que cruce los brazos y que mire a la cámara. Entonces Miguel Ángel bromea que “siempre a quien fotografían así es a Juan Villoro”.

Un tal Roberto Matta

Como poeta y doctor en Historia del Arte, a Miguel Ángel Muñoz siempre le ha interesado la simbiosis entre la creación artística y la literatura. No es extraño que de su trabajo de investigación se haya publicado recientemente el libro Roberto Matta. Los paisajes de la memoria, una recopilación de notas, reflexiones y poemas, muchos de ellos prácticamente inéditos, del pintor chileno considerado uno de los grandes transformadores de la historia del arte, tanto por su incursión en el movimiento surrealista como en el expresionismo abstracto americano.

Los paisajes de la memoria es el primer tomo, a cargo de Migue Ángel, de una serie de publicaciones sobre artistas hispanoamericanos pensados para publicarse periódicamente por Dextra Editorial.

“El editor sabía de mi admiración hacia Matta, que lo traté, lo conocí; incluso hice dos exposiciones muy grandes cuando fue su centenario: una para el Carrillo Gil y otra para el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca”, relata.

Agrega que en este volumen, entre otras cosas, el lector podrá conocer al otro Roberto Matta, uno más visceral y complejo; bastante crítico sobre la obra de artistas con los que él convivió, como Joan Miró, Pablo Picasso, Robert Motherwell y Jackson Pollock... o sobre Salvador Dalí, sobre quien escribió:

“Era, y eso nadie quería admitirlo, un pintor mediocre. Hay que darse cuenta, después de todo lo que inventaron los impresionistas, de Seurat, de Picasso (...) ¡Hay que ver qué cuadros pintó bajo la influencia cubista! ¡Son patéticos!”.

“La gente que admira la obra de Roberto Matta podrá entender otra parte, descubrir no sólo su personalidad, sino qué opinaba sobre el arte, aunque fuera duro, y desde luego esa vena poética que deviene de la enorme relación que tuvo con los escritores”, adelanta Miguel Ángel.

Conversaciones ibéricas

La otra novedad en el palmarés de publicaciones de Miguel Ángel Muñoz es el antes mencionado La vida constante, una recopilación de diálogos, más allá de simples entrevistas, con figuras y otros estudiosos de la lengua española, realizados entre 1992 y 2015.

“Vienen las entrevistas que quizás más me gustaron en su momento, con narradores como Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ignacio Martínez de Pisón; una mezcla de generaciones (de escritores) que viene desde Francisco Ayala, que es, entre comillas de la vieja guardia, a los más actuales, como los del boom de la nueva novela española en los años 90. También decidí incluir a los grandes poetas que tuve el privilegio de conocer, y, desde luego, a los historiadores (como Hugh Thomas y Raymond Carr)”, acota.

Miguel Ángel se dice privilegiado porque con muchos de estos literatos entabló gran amistad, y de inmediato se le viene a la mente Juan Goytisolo, quien, a propósito de fotografías, recuerda que “era muy difícil, porque le chocaba que le tomaran fotografías. No le gustaba posar en lo absoluto para la cámara; al contrario, le gustaba que lo tomaras (siendo) muy disimulado”.

Asegura que esta serie de diálogos con tantas figuras de las letras españolas le ha dejado “una enorme gratitud y un gran aprendizaje acerca de la humildad de muchos de ellos ante ‘la gran literatura’, como le gustaba decir a Goytisolo”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx