La última vez que lo vi, Gonçalo M. Tavares traía bajo el abrazo una serie de papeles con diferentes dibujos y frases; en aquella ocasión, el brillante escritor portugués construía un extraño barrio habitado por escritores.

Hoy, Tavares - quien algún día causara la envidia a José Saramago- presenta El barrio y los señores editado por Almadía.

Vía e-mail, Gonçalo M. Tavares habla para El Economista de sus motivos al escribir, de la violencia humana, de la tragedia y, sobre todo, de su intento por hacer libros que resistan al tiempo y a la velocidad del mundo.

Un barrio de escritores, recuerdo ?perfectamente que en tu visita a México me mostraste unos dibujos…. ¿hasta dónde te llevó la historia y tus ideas?

En los años que vivimos y con las ideas que nos rodean, me gusta pensar mucho que la escritura tiene muchos vínculos.

Creo que la escritura es una forma de pensar y el dibujo es otra forma de pensar. Y en El barrio, de cierta manera, pretendo mezclar esas dos formas de pensamiento.

En El barrio y los señores creas mundos paralelos.

Me gusta la idea de que la literatura puede hacer innumerables cosas. La literatura tiene infinitas hipótesis; dos de ellas, tienen que ver, la primera, con la hipótesis de construir un mundo paralelo, un mundo irreal en el cual la imaginación es la base de todo.

¿Qué te impulsa a hacer eso?

Yo diría que es algo que puse en este barrio, un mundo utópico, un mundo que no puede existir.

Me gusta, por un lado, poder escribir libros paralelos a la realidad, mundos utópicos e inexistentes y, por otro, libros realistas que tengan que ver con la parte trágica del hombre.

Hay homenajes a escritores que sin duda deben de haberte inspirado a escribir...

El barrio son imágenes de escritores, homenajes que no tienen que ver con la biografía de los escritores. Los textos no tienen que ver con la vida de ellos: tienen que ver más con el tono, los temas de escritores que, claro, me gustan, Pero no sólo eso, intento crear personajes lúdicos.

Por ejemplo, me gusta mucho Thomas Mann pero no me gusta como señor de este barrio. Es algo que no puedo explicar muy bien. Yo sólo tengo personajes, y por lo tanto doy el nombre de autores a estos personajes, simplemente. Claro, hay una conexión, y no son nombres casuales. Pero la idea realmente es que el nombre active un conjunto de ideas y acciones del personaje que está siendo homenajeado.

En este mundo utópico, ¿hay más sueños y esperanzas qué ?en la realidad?

Sí, hay más imaginación y tranquilidad que en el mundo real. Este mundo utópico de cierta manera es, hasta ahora, un mundo seguro y tranquilo con personajes extraños y exóticos, con mentalidades diferentes pero que no son violentos. Claro que el mundo tendrá transformaciones en un futuro, y la violencia podrá crecer en el barrio; pero el barrio es, de cierta manera, una utopía contra la violencia.

De alguna manera es un microcosmos de lo que sucede en el mundo. ¿Crees que sea así?

El barrio es realmente un mundo… un mundo muy tranquilo que nos permite cierta seguridad, donde podemos encargar los niños al vecino.

Conocemos el mapa del barrio, no nos sentimos cohibidos; al contrario de las ciudades; como, por ejemplo, la ciudad de México o Lisboa que hacen que no nos sintamos cómodos porque no los conocemos por completo, y eso hace que tengamos miedo. Y el miedo es la primera parte de la violencia.

¿Qué te impulsa a alejarte ?de la realidad?

Para mí, hay, entre muchos otros, dos movimientos importantes en términos de escritura; dos que particularmente me agradan. Uno tiene que ver con personas alejadas de la realidad, que construyen un mundo imaginario y paralelo a la realidad, un mundo que no existía antes de ser escrito y El barrio tiene que ver con eso.

Pero también me interesa el otro lado, el de ver por la ventana. Los escritores mirar por la ventana, deben salir de casa e infiltrarse en la vida de las personas. De cierta manera también deben escribir sobre la realidad. Yo intento hacer eso en muchos libros que son otro mundo, un mundo opuesto al barrio; por ejemplo, en Jerusalén o en Água cão cavalo cabeça, que son libros que tienen que ver con este murmullo de la realidad.

La realidad es muy violenta ?en la actualidad.

A veces, la realidad es simplemente violenta, y muchas veces, cuando escribo una novela, termino agotado psicológicamente y necesito un tono más lúdico, una especie de espacio mágico que me ayude a no hundirme en una tragedia. Y es que a pesar de todo, creo que es importante que un escritor salte de un punto a otro, entre lo trágico y lo lúdico.

Lo de José Saramago y eso de que no tenías derecho a escribir ?tan bien a los 35 años, ya quedaron ?en el olvido ¿ o te pesa tal responsabilidad?

De cierta manera, cuando escritores, gente de tu mismo oficio se entusiasman con tu trabajo te pones muy contento. Otros escritores que admiro mucho, como Lobo Antunes, Vila-Matas, Manguel se han entusiasmado… por lo tanto, cuando el interés viene de autores con una gran trayectoria como ellos es algo que debemos de agradecer. A mí me da energía. Y sigo mi camino, tranquilamente, haciendo lo que quiero hacer.

¿Y qué es lo que te gusta hacer?

Intento hacer libros serios que resistan un poco a la velocidad del mundo, un mundo de imágenes, que se gasta rápida y violentamente. Yo intento hacer libros que resistan a esa violencia. Intento hacer libros que resistan al tiempo: eso es lo principal, para mí.

vgutierrez@eleconomista.com.mx