Durante la primera mitad del siglo XX, el arte europeo y sus vanguardias ejercieron, quizás, la mayor influencia mundial en la historia. Contrariado por estas nuevas propuestas artísticas, sobre todo pictóricas y escultóricas, en las que España tuvo gran injerencia, el escultor madrileño Ángel Ferrant publicó en 1952 La esencia humana de las formas, un texto sobre el dilema filosófico de la deshumanización de las artes a partir de esos movimientos de vanguardia.

Prácticamente a la par, su alumno, colega y amigo alemán, Mathias Goeritz, con apenas tres años en México, comenzó a trabajar una serie de esculturas en madera, todavía figurativas, que daban cuenta de los remanentes de la hegemonía fascista y la guerra en Europa: formas humanas y de animales notablemente malheridas con los rostros notablemente desencajados, perpetuados en el sufrimiento. De esa serie se gestó la pieza El animal herido (1951), una pieza que habla de la subordinación de pueblos que en su momento fueron colonizados.

A decir de David Miranda, curador del Museo Experimental El Eco, que desde el pasado 18 de octubre presenta la exposición homónima, El animal herido, en el marco del 70 aniversario de la llegada de Goeritz al país, sus piezas de aspectos malheridos fueron “un manifiesto plástico que representa la muerte de los valores de la humanidad y simboliza el efecto de los agravios que el pensamiento occidental propinó al resto del mundo”.

Por ello, el museo de la UNAM reunió 17 obras de 15 artistas mexicanos y latinoamericanos, muchos de ellos jóvenes, además de dos obras de Goeritz, que cuestionan el momento político-social de la región, a través de temas como el colonialismo, los conflictos de raza, etnia, clase o género, para, de esa manera, retomar la paradoja que Ferrant puso sobre la mesa y que Goeritz respondió con su obra a mediados del siglo pasado: ¿se ha deshumanizado el arte o es la propia humanidad que está inmersa en un proceso deshumanizador?

Piezas para la actualidad

Gran parte de las piezas elegidas para la exposición y sus planteamientos discursivos, sin importar el año en el que fueron hechas, encajan a la perfección con los contextos políticos del continente. Es el caso de la instalación “Sin título (Proyecto cuatro espejos)” (2018), en la que Fritzia Irízar reprodujo una pollera de chola cuencana, un traje tradicional ecuatoriano de origen criollo que históricamente se ha concebido como una indumentaria de gracia femenina, una gracia, que, a decir del curador, “es impuesta sistemáticamente por el patriarcado local. Esta idea de imponer esta cadencia, de poner a la mujer como adorno, es un gesto de imposición sumamente violento”.

Con un trabajo de documentación, la artista Aurora Noreña, en “Colonizados otra vez” (2018), ha documentado el caso de la pérdida de piezas arqueológicas extraídas del país de manera ilícita por el comerciante de antigüedades Leonardo Patterson, quien, en el 2017, ganó el litigio internacional de 690 objetos precolombinos mexicanos. “Hace un señalamiento muy particular del extraccionismo de piezas prehispánicas del país. Pero no solamente es el problema del objeto perdido, sino que al momento de no tener como pueblo ciertas colecciones, perdemos el derecho a la memoria”.

El resto de pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones con discursos sociales que integran la muestra son autoría de Lorena Ancona, Marcos Castro, Marilá Dardot, Sofía Echeverri, Rafael Ibarra, Laura Muciño, Teresa Olmedo, Eduardo Ponce, Sandra Valenzuela y Felipe Zúñiga. Cada una de esas piezas es evidencia de que hay humanismo en el arte contemporáneo.

“Vivimos un momento de crisis política y social en America Latina. Los modelos posindustriales y neoliberales están en crisis no sólo por un tema económico sino de fundamento ideológico. La UNAM es un espacio donde el pluralismo y la diversidad son ejes discursivos para la creación de programas públicos. Es en ella donde, sin cuota de mercado o de coleccionismo, el arte puede servir como un vehículo para poder imaginar nuevas formas de discusión sobre estas nuevas tensiones que vivimos”, explicó Miranda.

Durante su permanencia, la muestra ofrecerá una ciclo de Tejedebates, en el que tanto visitantes como invitados podrán debatir sobre los problemas sociales mientras tejen. Para conocer el programa, visitar http://eleco.unam.mx

[email protected]