¿Qué es el arte conceptual? Es una de esas ideas borrosas que suelen causar suspicacia entre el gran público.

Y el gran público tiene razón. Uno entra a una galería y ve un calcetín gigante y a un lado un larguísimo texto explicando que el calcetín es una metáfora de la muerte. Y todo mundo sale desencantado. Ah, quién diera todo por un Rembrandt, por un Caravaggio.

Pero no, el arte conceptual no es ni aburrido ni inaccesible. En el mejor de los casos es revelador, subversivo. Se podría decir hoy en día que todo arte es conceptual y el que no lo sea podría calificarse de artesanía, de mera repetición de una técnica.

Carlos Ginzburg (Argentina, 1946) entiende de arte conceptual a montones. Su obra ha sido pionera en Latinoamérica del arte revolucionario y ha servido para poner a nuestra región entre las más interesantes del mapa de creación plástica.

En el Museo Carrillo Gil se presenta Los viajes de Ginzburg 1972-2017. una serie de fotografías que retratan las odiseas del argentino durante su carrera.

Son fotos que ni pecan de exotismo ni son anodinas. Las miro y pienso en Swift y en Los Viajes de Gulliver, pues hay en cada imagen algo de sátira y algo de historia. Se trata de la frivolización del viaje, concepto tan manido en el arte. El viaje como evento edificante versus el viaje como simple acto voyeur.

Sobre todo es una sátira del concepto de turismo. El hombre que se fotografía con un burro en Tijuana o el que capta, como si fuera algo irrepetible, una ofrenda floral, o juega a dejar su impronta en algún edificio emblemático de la cultura china. Es, pues, el fetiche de la imagen.

Las fotos pueden verse como eso, simples documentos de un tipo que no se estuvo quieto más que en el momento de apuntar la cámara. Pero lo interesante es verlas como algo más: la idea que el artista quiere compartir sobre la naturaleza del viaje.

Como dije más arriba, el viaje ha sido una de las grandes obsesiones del arte. Desde los diarios de viaje del siglo XVII o XIX hasta el advenimiento de la fotografía en 1830 y después del turismo masivo, el viaje documentado se convierte en filosofía y en una forma estética.

El que viaja, decía Montesquieu, no puede mantenerse intolerante. Viajar es una forma de democracia, el sueño del cosmopolitismo que nos hace seres más humanos. Ginzburg juega con esos significados y los subvierte.

El viaje transforma alquímicamente y es precisamente esa transformación la que Ginzburg captura en sus fotografías. Pero hay algo importante que anotar: no hay romanticismo per se en cada imagen. Ése se lo agregará cada visitante a la exposición. Es otro acierto: la capacidad de la obra de permitir que cada quien complete su historia.

Museo Carrillo Gil

Av. Revolución 1608, Guadalupe Inn.

Martes a domingo, de 10 am a 6 pm.

Entrada: $45