Bienvenidos al 2015, año mundial de Star Wars. La franquicia de franquicias cinematográficas revive, como ya todos saben, y vamos a estar hablando mucho de Luke Skywalker, Han Solo y sus nuevos compañeros de aventuras (Star Wars nunca se ha quedado corto de personajes platicables; hasta Jar Jar Binks es platicable).

No es fácil explicar el amorío de Star Wars con la audiencia durante casi 40 años. Es una historia simple, llena de clichés. El único personaje original es Han Solo y él también es una repetición sacada del cine de cowboys.

Pero la épica de George Lucas tocó un punto vulnerable en la imaginación de generaciones de niños. Era, es, el cuento de hadas que explicaba nuestros tiempos, tan distintos a los de nuestros papás, tan inaccesible desde cierto punto de vista para los que no nacieron en la era de la revolución digital.

Yo misma recuerdo que la primera película que vi casi completa fue El regreso del Jedi, y aunque no entendí gran cosa (bueno, quién sabe, los niños pequeños tienen su modo peculiar de entenderlo todo, desgraciadamente es algo que olvidamos en el camino), sí recuerdo que imaginaba a esos héroes teniendo miles de aventuras más allá de la pantalla. Demonios, tenían aventuras junto a mis Ositos Cariñositos y mis Lego, tenían aventuras en mis dibujos y en los de mis hermanos.

Star Wars ha sido elemento básico de las recámaras infantiles por años y años. De lo que todavía no nos hemos dado cuenta es que, quizá, también debería serlo de los museos y de los libros de historia del arte. He aquí una afirmación provocativa: el clímax del volcán en erupción del Episode III: The Revenge of the Sith, la última película realizada de Star Wars, es lo mejor que han producido las artes visuales en los últimos 30 años.

La afirmación no es mía sino de la crítica cultural Camille Paglia, una disidente ideológica, una rebelde de las formas establecidas del mundo intelectual, pero también una profunda conocedora de la historia del arte.

Dice Paglia en su libro Glittering Images, un estudio crítico en orden cronológico de 29 de las obras que considera más significativas en la historia del arte: Nada que he visto en los últimos 30 años de las artes que fuera tan osado, bello y emocionalmente seductor como el espectacular final en el planeta volcánico de The Revenge of the Sith... Durante las décadas entre el siglo XX y el XXI, cuando la importancia de las artes se ha encogido, sólo un creador ha tenido el impacto que asociamos con los grandes maestros de la vanguardia del modernismo: George Lucas, un cineasta épico que tomó la impresionante nueva tecnología para convertirla en un nuevo género de fantasía profundamente personal .

No es sólo una frase bombástica. Paglia procede a hacer un riguroso análisis de todo el fenómeno Star Wars en general, y en particular de esa escena.

Recordemos: en el planeta de Mustafar, Anakin Skywalker, el futuro Darth Vader, se enfrenta a muerte con Obi-Wan Kenobi, su maestro. Los rodea un volcán en erupción, es como si lucharan en Pompeya o en el infierno. La escena es de importancia capital: no sólo es el nacimiento de Vader como el gran villano de la historia, también marca el nacimiento de Luke y Leia Skywalker, los futuros héroes.

Paglia: El infierno, como en Marlowe, Milton y Blake, es un estado psicológico: la autodestrucción de Anakin Skywalker por su amor posesivo y su envidia mortal . Para Paglia la escena tiene muchos niveles, el más importante es el dramático, pero no le va tan a la zaga el valor plástico, una mirada novedosa al desenlace de la epopeya tan dibujada por los grandes maestros de todos los tiempos. Es un matrimonio entre la alta tecnología (Paglia destaca con admiración la capacidad de Lucas de inventar la tecnología que le era indispensable para llevar a la realidad la obra de su imaginación) y la mitología sin atemporal que ha definido la psique humana.

Star Wars se alimenta de cuentos de hadas, el mito heroico, la espiritualidad samurai, el misticismo sobrenatural, el ojo divino -la Fuerza- y una perspectiva muy moderna sobre el poder de la democracia. Todo eso unido al trabajo de un ejército de ingenieros, artistas, artesanos y creadores indefinibles hacen, desde la perspectiva crítica de Paglia, a Star Wars la gran obra de nuestros tiempos, así como las tumbas de los faraones definieron el alma egipcia y Pablo Picasso supo ver el futuro con sus señoritas de Aviñón.

El arte y la ley definen a la civilización, dice Paglia. La ley controla nuestro comportamiento pero el arte descifra nuestra alma. A veces glorifica el poder como en Egipto, a veces lo desafía como el Romanticismo. Pero el arte es siempre un enigma que nos lleva más allá de la razón. Star Wars conserva el misterio y el encanto del arte inmortal. No soy tan entusiasta de George Lucas como Paglia pero en eso fundamental estoy de acuerdo: el hechizo de Star Wars es innegable.