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Generosidad y libertad, los puntos cardinales de Carrère

Foto: Notimex (Notimex)
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Por Redacción El Economista

Discurso de Emmanuel Carrère, leído durante la recepción del Premio FIL

El francés Emmanuel Carrère recibió el Premio FIL de lenguas romances. En su discurso habló de su vocación literaria como autor de ficción y de no-ficción (término que dijo no le gusta) y dedicó unas palabras a Juan Rulfo

“Debo confesar que estoy un poco triste porque este magnífico premio ya no lleva el nombre de Juan Rulfo. Porque Pedro Páramo y El llano en llamas, que descubrí cuando tenía unos veinte años, han sido de las experiencias más fuertes en mi vida de lector. Libros mágicos, libros intensos, libros misteriosos como la carrera de su autor –aunque la palabra “carrera” no va bien con Rulfo, pienso que valdría más hablar de destino: uno de esos destinos que Enrique Vila-Matas colocaría en la genealogía de Bartleby. No debe haber sido fácil vivir un destino así”, dijo. Agregó: “Todo escritor tiene miedo a un destino así”.

¿No-ficción?

Carrère, autor de libros de narrativa, tanto de ficción como de ensayo, crónica y todo eso que se ha dado a englobar con el término no ficción, dice que no está muy contento con esa “definición en negativo” de la no-ficción.

Explicó que en el cine tienen más claras las fronteras: “En el cine las cosas son claras. Por un lado hay películas de ficción, que la mayoría de la gente llama “películas” a secas. Y por otro lado están las películas documentales.Se puede decir eso, pero me parece que para distinguirlos existe un criterio muy simple que es éste: en una película de ficción los personajes son encarnados por actores, mientras que en documental tenemos los personajes mismos”.

Como autor de no-ficción y “autobiógrafo”, Carrère admira a Truman Capote y contó una anécdota sobre su héroe:

“El 1960 Capote era un celebrado autor de ficciones, pero se sentía acabado. Buscaba un medio para desmentir la frase de Scott Fitzgerald que decretaba que no había un segundo acto en la vida de un escritor americano. Capote había desarrollado una teoría sobre lo que llamó y sigue llamándosenon-fiction novel, y buscaba un tema que le permitiera ilustrar esta teoría. Algo que normalmente estuviera relacionado con el reportaje a partir del cual él haría una obra maestra. Un día encontró en el New York Times una breve nota sobre el asesinato de una familia de granjeros por unos desconocidos en Kansas. Se dijo: un crimen, ¿por qué no? La América profunda, ¿por qué no? Se fue a Kansas, se instaló en la población donde había sucedido el crimen.

Se entrevistó con el sheriff que dirigía la investigación, comenzó a hablar con gente.

El minúsculo Capote con su voz de falsete y sus modales horriblemente sofisticados provocaba un extraño efecto entre los rednecks.

Todos pensaban que rápidamente se cansaría pero no, no se cansó. Se insertó. Al cabo de unas semanas, los dos asesinos fueron detenidos. Fue a la cárcel a verlos.

A partir de ese momento la historia narrada en A sangre fría y la historia de A sangre fría se diferenciaron de manera fascinante y a partir de ahí se articuló uno de los contratos de lectura más perversos que conozco en la historia de la literatura”.

De acuerdo a Carrère, la idea de Capote era ”escribir, siguiendo el modelo de Flaubert, un libro objetivo e impersonal, un libro en el que el autor está en todas y en ninguna parte y se prohíbe la vulgaridad de aparecer como personaje o siquiera como narrador. Una parte de su tema entraba en este cuadro estético. Los asesinatos, la vida de los asesinos y de las víctimas hasta que sus caminos se cruzaron y la fuga posterior de los asesinos hasta su arresto, todo eso podía ser narrado sin implicaciones personales: Capote no estaba ahí, se contentó con investigar con los testigos. El problema es que entre el momento de su arresto y el de su ejecución pasaron cinco años que también debían ser narrados. Esos cinco años abarcan la última cuarta parte del libro y para permanecer ausente en esa última cuarta parte, Capote ideó una vertiginosa trampa. En el transcurso de las visitas Capote se había hecho amigo de Dick y de Perry y sin lugar a dudas él era el personaje más importante en la vida de los prisioneros. A pesar de eso, eligió narrar sus vidas fingiendo que él no estaba ahí. Los dos últimos años fueron terribles. Habían sido juzgados y condenados a muerte. La ejecución fue diferida mucho tiempo a causa de los recursos de apelación. Capote les aseguraba que estaba haciendo todo lo posible por salvar sus cabezas, que les buscaba a los mejores abogados. En realidad y a pesar del afecto verdadero que sentía al menos por Perry, sabía que su ejecución era el mejor final posible para su libro. Sabía que ese libro seria su obra maestra y con la esperanza de poner punto final, llegó a encender cirios en la iglesia para que finalmente los colgaran”.

“Así, de ese modo un tanto cruel, Capote tuvo su segundo acto.Para acabar su discurso, Carrère habló de Dickens, quien modificó uno de sus personajes a petición de “una pequeña mujer de provincias”. Carrère admira el gesto de generosidad de, autor de David Copperfield y terminó su discurso con la frase: “¿En el fondo, la generosidad y la libertad no son lo mismo?”

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