En las semanas pasadas en esta ciudad capital, el DF, los dioses volvieron a caminar entre nosotros.

Caminaron, llegaron al teatro y se sentaron a escuchar; a escuchar una historia en la que hace muchos siglos ellos eran protagonistas y hoy se convertían en meros y gozosos espectadores.

Hubo algo muy especial, no sé si divino (tal vez solo mágico), en la lectura pública de Homero, Ilíada de Alessandro Baricco en el Teatro el Milagro. Era el silencio del público, pero también las risas y los suspiros sincronizados de un grupo de gente cautivada.

Durante seis semanas el Milagro se atiborró. Miércoles tras miércoles, un público fiel se reunió para, como dijo el director del proyecto, el dramaturgo y director Sergio Zurita, escuchar, más que ver, la Ilíada.

Diecisiete actores dieron cuenta de 21 monólogos. Puede sonar pesado ir al teatro a ver como unos tipos leen en un atril. Por eso lo importante era escuchar, volver a ser como niños que escuchan un cuento alrededor de la fogata.

La adaptación de Baricco fue hecha precisamente para ser leída en voz alta y dar una dimensión totalmente humana a la Ilíada de Homero. Los dioses fueron borrados del texto. Pero yo creo que sí estuvieron en las lecturas: se les sentía en el aire. Así de memorable fue cada lectura.

En el escenario había solo un círculo de arena: la playa de Troya. Sobre esa blanca arena caminaron Aquiles (Daniel Jiménez Cacho), su amigo Patroclo (Diego Luna) y el mentor de ambos, Fénix (el increíble Ramón Barragán); también Héctor (Andrés Montiel) y Helena (Sophie Alexander-Katz), así como Eneas (Luis Mora) y el Rey Príamo (Juan Carlos Colombo), sin dejar fuera a los soldados como el feísimo Tersites (Silverio Palacios) y la esclavas como la bella Criseida (Naomi Romo).

Fue un espectáculo único que ojalá se repita pronto. Tal vez tenga un encore el Hay Festival de Xalapa, en el mes de octubre, pero eso todavía está por confirmarse. De hacerse en el Hay, Homero, Ilíada estaría en su elemento, un espacio en el que la literatura vive como vivió durante seis semanas en el Teatro el Milagro.