Hoy no sé nada, solo sé que la literatura no nace sólo de cosas bonitas (casi estoy segura de que casi nunca nace de cosas bonitas). A veces el odio y la venganza son las mejores razones para escribir una novela.

No sé la historia detrás de La versión de Barney (publicada por editorial Sexto piso), novela del canadiense Mordecai Richler, pero detrás de una comedia tan ácida (y sí, tan humana) debe haber una revancha.

Otra cosa que sí sé: pronto se estrenará en México la película basada en la novela, y no, tampoco la he visto. Sólo sé que las actuaciones de Paul Giamatti y Dustin Hoffman, que salen de padre e hijo (o más bien hijo y padre, respectivamente) se han ganado críticas de todos los tipos: sublimes, regulares y malas. La peor fue la que les hizo la Academia: los ignoró olímpicamente a ambos y de paso a la cinta y a su director, Richard Lewis.

No sé por qué, no sé si la cinta es muy mala, o tan buena que los críticos no la entienden. Lo que sí sé es que la novela de Richler es fascinante. Toda está narrada de primera mano por su protagonista, Barney Panofsky, un aspirante a escritor que aprendió a leer con una de esas revistas como el Selecciones (de esas que son como lectura para el baño) y que prefería los billares a las bibliotecas.

Al estar toda narrada en primera persona, podemos decidir si creerle o no a Barney. Nos damos cuenta de que no hay que creerle mucho, porque a lo largo del texto hay muchas notas al pie que aclaran la exactitud de los detalles.

Panofsky es un judío de Quebec. Y esto es quizá lo mejor de la novela, además de su sentido del humor y su mala leche: su descripción de la Quebec de clase trabajadora, de barrio.

Yo no conozco Quebec, pero después de leer la novela de Richler siento que la conozco, no como esa ciudad romántica y deslavada que venden las agencias de viajes que promueven cursos de inglés, sino como un lugar de cantinas y partidos callejeros de hockey sobre hielo (el equivalente quebequense de una cascarita).

Pero yo sigo sin decir exactamente de qué trata La versión de Barney. Y es que la verdad es que no lo sé. 200 páginas leídas con absoluto placer y la verdad es que no sé exactamente de qué trata, excepto de una revancha: Barney quiere vengarse de su amigo Terry McIver, quien publicó sus memorias antes que él.

Barney quiere aclarar el feo papel que juega en los recuerdos de Ferry y de paso dar su versión de los hechos.

¡Ah, eureka! Ya sé de qué trata la novela.