Juegan, juegan.

Los miro entre la vaga bruma del gas y el humo.

Y mirando estos hombres sé que la vida es triste.

Pablo Neruda,

Los jugadores

No es que esta columnista quiera convertirlo todo en futbol (bueno, sí). La cosa es que el futbol es algo tan absurdamente metido en la cotidianidad que es imposible desligarse de él.

Por supuesto que esto a propósito del Mundial en Sudáfrica, pero también a propósito del futbol como el gran fenómeno social de la modernidad (o esa época que empezó después de la Primera Guerra Mundial y que unos dicen que se acabó en el 2000, otros que todavía sigue y algunos más que nunca existió).

La literatura, el arte en general pero especialmente la literatura, no está lejos del futbol. A veces han corrido en la misma cancha, aunque sea de manera anecdótica porque aún falta por escribirse la gran novela de llamado juego del hombre (aunque cada vez más mujeres lo juegan).

Bien es sabido que Albert Camus, el novelista, fue portero de la selección argelina, la misma que antier perdió contra Eslovaquia, la misma que alguna vez pudo tener a Zinedine Zidane como líder. Camus jugaba de cancerbero porque de niño su abuelita le prohibía correr; había que cuidar las suelas de los zapatos.

Menos conocido es el dato que Vladimir Nabokov en su paso por la prestigiosa Cambridge jugó también de portero. Era musculoso, casi un Gordon Banks que hablaba con un temible acento ruso. Imponía solo con gritar órdenes a su defensa. Otro guardameta al que le dio por la literatura es al alemán Günther Grass, aunque él mismo confiesa que nunca fue muy bueno (por eso mismo lo ponían a porterear).

C.S. Lewis alguna vez escribió que hacer lo correcto sólo por beneficio propio es como jugar futbol sólo para anotar goles. Al maestro oxoniense no le habría gustado para nada Cristiano Ronaldo.

Borges alguna vez… bueno, no alguna vez, sino La Vez: la tarde del 25 de junio de 1978, horas después de que Argentina ganara su primer campeonato frente al futbol total de Holanda, se atrevió a decir en Bunas Aires que el futbol era un juego para mentes estúpidas… ¿alguien de verdad se atreve a decir que Argentina es mejor que Holanda? . (Se refería a lo fundamental, claro, no a meter goles, porque en eso sí me atrevo a afirmar que Argentina es muchas veces mejor que Holanda) (¿Pero acaso meter goles no es parte siquiera de lo fundamental?).

Alessandro Baricco narra en "Los bárbaros" que el jugaba de defensa, admirador de la férrea disciplina táctica clásica del calcio italiano. Jugaba con botas de montaña porque sus padres no podían comprarle tacos. Imaginen esas barridas y sóbense las pantorrillas.

Neruda escribió el poema Los jugadores después de pasar la tarde viendo un partido en un llano obrero. Como siempre propenso a darse baños de pueblo, el poeta quiso entender el juego escribiendo que el mundo es triste . Seguro era un partido de uruguayos contra chilenos, equipos lentos y pateadores.

Aún así, un mundo con futbol nunca es triste. Puede ser absurdo, puede ser aburrido, puede ser violento. Triste sólo cuando pierde México. Y eso hasta que empieza el próximo torneo y los Pumas saltan a la cancha.