Graham Gillmore (Vancouver, 1963) es un freak. Uso el término freak como lo usa mi generación, la de los nacidos en la década de los 80. Un freak es alguien que nomás no se halla. Alguien en malestar con la cultura y el mundo, alguien buscando sabiduría en la cultura pop que vive reventando sus desgracias en los cuadernos de la escuela. Ser un freak equivale a ser eternamente adolescente.

"The Winner Often Wept and Was Kissed by the Loser" (algo así como Frecuentemente el ganador lloraba y era consolado por el perdedor ) es el título de la nueva exposición del arte de Gillmore en la galería OMR (Plaza Río de Janeiro 54, col. Roma).

La frase que da título a la pequeña muestra la escuchó Gillmore mientras seguía la última edición de los Juegos Olìmpicos de Invierno por televisión. Este tipo de persecusiones lógicas abundan en el trabajo del canadiense. La paradoja de un ganador siendo consolado por un perdedor le hizo pensar en la condición contradictoria de su obra: por una lado le gusta ser muy cómico y por el otro sus piezas proyectan la gran tirsteza del que se siente solo.

En varias de las obras Gillmore lo que uno ve son diálogos consigo mismo: en medio de los colores, frases que se persiguen, una pregunta y otra que contesta. Uno de sus cuadros más famosos, Psych Test , es un complilado de frases que describen estados emocionales puestas de tal modo que quedan como un juego de Serpientes y escaleras , y una frase feliz ( Me siento bien con mi familia ), puede convertirse en una terrible ( Me siento amenazado por mi familia ).

Eso es, pues, de lo que yo llamo su freakness. La contradicción de ser infeliz cuando sé tiene todo: juventud, inteligencia, prosperidad. Sentirse un outsider estando en el centro del mundo.

La mirada de Gillmore es sumamente irónica: se burla de sí mismo. Ahí donde parece que sus cuadros (qué están llenos de colores y textos caóticos) se tornan demasiado melancólicos, o demasiado fáciles, para ser tomados en cuenta, de pronto aparece una frase que se roba toda la obra, por ejemplo Paintings don’t grow on trees ( Las pinturas no se dan en los árboles ).

No deje de visitar el trabajo de Gillmore en OMR, que ya lo ha traído en varias ocasiones anteriores. Especialmente si es usted coleccionista de arte contemporáneo, pues son piezas que capturan el aire de los tiempos y que se prestan para la revaloración histórica, que algunos valuadores aprecian tanto.