En cualquier ciudad que se visite, nunca deje de recorrer galerías de arte. Muchas de las cosas que se platican, discuten o apenas se perciben en la vida cotidiana se ven plasmadas en la obras de los artistas. Recuerdo, por ejemplo, el trabajo de Betsabée Romero hace casi 10 años sobre la violencia en Ciudad Juárez exhibido en el Centro Cultural España (que no es una galería, pero trabaja casi como una).

Los galeristas quizá sean los mejores exploradores del mundo del arte en ese sentido. Al buscar nuevos talentos o tratar de adivinar las tendencias del mercado, refresacan no sólo al propio arte, también el discurso público.

En las galerías de la Ciudad de México se pueden ver hoy cosas interesantísimas que hablan de este viaje sobre el pulso vital del día a día tanto del DF como del país.

Cierto es que los artistas en general hacer su trabajo a título totalmente personal, pero de todos modos lo que presentan, leído y traducido por curadores y galeristas, se convierte en un discurso que habla enormidades de los tiempos.

Aquí dos visitas a galerías que no debe dejar de hacer:

Galería Ginocchio- Praxis (Arquímedes 175, col. Polanco): "En cualquier lugar en donde esto hallarse" es la exposición de varios pequeños retratos realizados por Armando de la Garza. La peculiaridad de los retratos es que todos son de espaldas. La identidad de cada sujeto sólo podemos adivinarla por su cabello, su ropa y otros detalles que apenas se ven. Además de ser un discurso sobre al anonimato, también lo es de la moda y de la relación contemporánea que tenemos con los objetos personales como depósito de identidad.

Hilario Galguera (Francisco Pimentel 3, col. San Rafael): "Árboles oscuros" de Damien Hirst. Por supuesto, de esta exposición hemos hablado ya antes en esta sección, pero nunca está de más invitarlo a no perdérsela. Lo más interesante de Hirst es su capacidad para llamar la atención. En "Árboles oscuros" podemos ver su segunda faceta más interesante: la de filósofo de la muerte. Aquí podemos ver sus pinturas más recientes (y son puras pinturas, nada de arte-objetos ni instalaciones, lo cual también es importante) hechas todas ellas en azules y negros, recordando un bosque cerrado y ominoso, en el que se distinguen formas de cráneos y criaturas sufrientes.