El periodismo está considerado como actividad esencial en esta época y de acuerdo a datos de Reporteros Sin Fronteras. Hasta el momento se han registrado 18 fallecimientos entre reporteros y trabajadores de las áreas de comunicación en México. Y es dentro de este marco de riesgo por posibles contagios del virus SARS-CoV2 que 9 fotoperiodistas nos cuentan cómo ha sido su labor en estos tiempos de crisis sanitaria. Este es el testimonio de Quetzalli González, del periódico Excélsior.

Siento una gran responsabilidad por hacer mi chamba lo más profesional y ética posible, porque además es un momento de mucho dolor y cuando hay mucho dolor siempre hay que tener en cuenta que la cámara es agresiva y a veces suele sumar un dolor más a las familias y en ese sentido hay que ser sumamente empático y respetuoso. Fotografía: Quetzalli Nicte Ha González

1. David Olazagasti y Diego Luna son parte del cuerpo de paramédicos que da la primera atención a pacientes de covid en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México. De ellos depende el diagnóstico por clínica y la decisión del trasladarlo. En la imagen, bajan a un paciente con sospecha de contagio de Covid-19 para ingresarlo a la ambulancia 14. Foto: Quetzalli Nicte Ha González / Excelsior

Siento una gran responsabilidad por hacer mi chamba lo más profesional y ética posible, porque además es un momento de mucho dolor y cuando hay mucho dolor siempre hay que tener en cuenta que la cámara es agresiva y a veces suele sumar un dolor más a las familias y en ese sentido hay que ser sumamente empático y respetuoso". 

—¿Qué ha significado para ti cubrir estos momentos?

—Significa una gran responsabilidad porque de alguna forma debemos de tener un auto cuidado para poder seguir estando en las calles, por nosotros mismos y por los seres que amamos, ya que al estar nosotros expuestos, de alguna forma terminamos exponiéndolos.

Y también una gran responsabilidad, porque nos toca registrar un momento que es histórico, que nos ha retado y ha exigido al mundo una dinámica completamente nueva y eso ha transformado la vida, desde las cosas más cotidianas, hasta pues ya pareciera que todo lo que antes era extraordinario, ahora está modificado. Por lo tanto tiene que quedar documentado y mientras seamos más los fotoperiodistas que estemos en la calle, pues quedará mejor registrado.

Siento una gran responsabilidad por hacer mi chamba lo más profesional y ética posible, porque además es un momento de mucho dolor y cuando hay mucho dolor siempre hay que tener en cuenta que la cámara es agresiva y a veces suele sumar un dolor más a las familias y en ese sentido hay que ser sumamente empático y respetuoso.

¿Cómo has llevado cada día de cobertura?

—Pues es como si fuera el día uno todo el tiempo, porque no hay manera de contabilizar cuantos días, como el resto de las personas, que quizá tienen un día de riesgo y cuentan 14 y ahí se acaba el riesgo. Nosotros siempre estamos en el día uno y eso te genera cierta tensión. En el día a día hay nuevos hábitos: hábitos de limpieza al salir, hábitos de limpieza al llegar y cargar toda una serie de aditamentos a los que no estábamos acostumbrados. Hay que manejar el estrés y manejar ese cuidado.

Esta crisis me ha enseñado en lo profesional, a trabajar en equipo, porque creo que todos también hemos empezado a cuidarnos de forma colectiva, incluso hacemos coberturas en conjunto porque a veces es muy duro atravesar por esto en la soledad y necesitamos hablar y sacar cosas. Fotografía: Quetzalli Nicte Ha Gonzáez

2. Personal del Centro Médico 20 de Noviembre del área de covid, se han destacado por ser de los más preocupados por la salud emocional de sus pacientes. Al iniciar sus rondas suelen escribirse mensajes positivos en las batas para que sus pacientes los lean. Foto: Quetzalli Nicte Ha González / Excelsior

Esta crisis me ha enseñado en lo profesional, a trabajar en equipo, porque creo que todos también hemos empezado a cuidarnos de forma colectiva, incluso hacemos coberturas en conjunto porque a veces es muy duro atravesar por esto en la soledad y necesitamos hablar y sacar cosas". 

—¿Has sentido temor, que otros sentimientos?

—He sentido mucha preocupación por infinidad de cosas. Preocupación por lo que estoy viviendo y lo que están viviendo otros, preocupación de que ese virus llegue a las personas que amo, preocupación por yo ser un factor de riesgo para esas personas, preocupación por no estar haciendo esta cobertura de forma adecuada y responsable. Sí creo que tenemos que hacerlo con una empatía enorme, porque esto está transformando a la humanidad en este momento y tiene que ser contado con respeto y desde el conocimiento de que el otro está pasando por un momento muy doloroso.

—¿Qué te ha enseñado esta crisis?

—Me ha enseñado en lo profesional, a trabajar en equipo, porque creo que todos hemos empezado a cuidarnos de forma colectiva, incluso hacemos coberturas en conjunto porque a veces es muy duro atravesar por esto en la soledad y necesitamos hablar y sacar cosas. Me ha enseñado a trabajar con otras colegas y en lo personal, sé que suena a lugar común, pero tengo unas ganas enormes de abrazar a mis padres y de estar con ellos y solo pienso en todo lo que he dejado de hacer y qué quiero hacer en cuanto termine esto. Con respecto a las personas que amo, me ha enseñado con ímpetu, una revalorización de aquello que tiene que haber con mis afectos cercanos y que luego postergo.

—¿Qué dejará la pandemia y su presencia en tu vida personal y profesional?

—En mi vida profesional, replantearme desde donde estoy fotografiando. ¿Estoy fotografiando desde mis propios prejuicios? ¿Desde una cultura de la colonización o desde una cultura patriarcal? ¿Desde dónde estoy mirando? Creo que a partir de esta pandemia, y ya desde un tiempo para acá, me estoy cuestionando mucho que no es solo registrar por registrar, que no es simplemente obtener la foto, sino que tiene que ver con una posición desde donde miras y cómo vas a contar esa historia.

Y creo que en esta pandemia ha habido una serie de debates a partir de si tenemos o no el derecho de acercarnos a la intimidad y de qué forma nos vamos a acercar a esa intimidad. Entonces el aprendizaje ha sido enorme, yo creo que todavía no logramos digerir todo lo que venimos aprendiendo en el día a día, todo ha sido muy rápido y creo que será hasta meses después, que nos daremos cuenta y procesaremos todo eso.

Esta es la cobertura en que más he bajado la cámara y he renunciado a las fotos, porque ha sido tanto el dolor de las personas que si yo no tengo una aproximación previa y el consentimiento de esas personas de alguna forma de hacerme partícipe de ese instante, he renunciado a esas imágenes con tal de no sumar, de no colocar un peso extra en esas familias. Fotografía: Quetzalli Nicte Ha González

3. Visita al área de recuperación de pacientes covid en el Hospital 20 de noviembre. En la imagen, Harley, El Tuerto, un perrito pug, que es parte de la terapia a los doctores, enfermeras y personal en general que afrontan la pandemia de covid-19.  Foto: Quetzalli Nicte Ha González / Excelsior

Esta es la cobertura en que más he bajado la cámara y he renunciado a las fotos, porque ha sido tanto el dolor de las personas que si yo no tengo una aproximación previa y el consentimiento de esas personas de alguna forma de hacerme partícipe de ese instante, he renunciado a esas imágenes con tal de no sumar, de no colocar un peso extra en esas familias". 

—¿Cómo imaginas la “nueva normalidad”?

—Yo creo que el tema de la vacuna va tardar muchísimo y no vamos a volver a la normalidad que conocíamos. Entonces me imagino una normalidad donde el tema de la limpieza tenga mucho que ver con nuestro día a día y que lo interioricemos.

El tema de no tocarnos la cara y cosas que antes eran muy comunes, ahora vamos a tenerlas restringidas. Me preocupa mucho el que no podamos tocarnos, de que la distancia sea un requisito. ¿Por qué? Porque como latinos somos gente que transmitimos a partir del cuerpo y los afectos tienen mucho que ver con tocarnos, con saludarnos, con abrazarnos, con sentirnos. Algo que me ha puesto muy triste es dejar de tocar a las personas. Tenemos reconfigurar como transmitimos el afecto, empezar a ver de qué otra manera hacemos que los otros nos sientan. Es todo un reto para los latinos que somos muy corporales.

—¿Cambiará tu forma de trabajar?

—Sí, claro. Cuando era más jovencita e ingresé al gremio y al fotoperiodismo, me preocupaba mucho poder resolver la foto, exponer bien, llegar al momento, no perderme el instante y estaba muy en este rush de esta cultura del fotoperiodismo que nos enseñaron. Creo que con el tiempo y con las coberturas que he elegido hacer, he aprendido que hay más cosas además de eso, que eso es como la primera parte, la técnica, que una vez que la resuelves tienes que cuestionarte un montón de cosas porque quizás en tu afán de querer resolverlo, pasaste por encima de un montón de cosas que no debiste hacer. Creo que esta es la cobertura en que más he bajado la cámara y he renunciado a las fotos, porque ha sido tanto el dolor de las personas que si yo no tengo una aproximación previa y el consentimiento de esas personas para hacerme partícipe de ese instante, renuncio a esas imágenes con tal de no sumar y no colocar un peso extra en esas familias. Y eso se me va a quedar toda la vida, creo que ya no podré fotografiar de la misma forma, más preocupada por mi imagen. Afortunadamente, de unos años para acá, por encima de mi imagen está lo que sienten las víctimas, donde ellos me colocan en esa historia y entonces yo debo asumir esa responsabilidad desde ahí, no desde que yo necesito la foto, si no desde cómo se está contando esa historia y cómo está directamente relacionada con quién estoy fotografiando.

El fotoperiodismo ha cumplido su labor. A nosotros nos llegaron imágenes de otras partes del mundo y empezamos a dimensionar que se venía. Creo que cada fotoperiodista ha buscado de manera particular, que mirar. Fotografía: Quetzalli Nicte Ha González

4. Frente a la saturación de los hornos crematorios por la pandemia de covid-19, muchos familiares han elegido inhumación. Para ello, la empresa Platinum Casket Company, fabrica ataúdes con adecuaciones que permiten un sellado hermético evitando la salida de fluidos o vapores para prevenir la propagación del virus. Ubicados en Texcoco su producción es de alrededor de 80 ataúdes diarios. Foto: Quetzalli Nicte Ha González / Excelsior

El fotoperiodismo ha cumplido su labor. A nosotros nos llegaron imágenes de otras partes del mundo y empezamos a dimensionar que se venía. Creo que cada fotoperiodista ha buscado de manera particular, que mirar". 

—¿Cuál ha sido el papel de fotoperiodismo en esta crisis?

—Ha sido como en otras épocas, dejar un registro de un acontecimiento histórico para la posteridad. El tema sería saber desde dónde se está haciendo ese registro, desde dónde estamos mirando y con qué ética, con que rigurosidad, con que acercamiento y con qué respeto estamos registrando. Yo creo que el fotoperiodismo en el mundo, en este momento, está planteándose esas preguntas porque esta frente a una pandemia que toca un lado humano muy sensible, que significa las pérdidas de seres queridos. En ese sentido no basta con registrar, basta con saber que estamos ante la muerte y ante el dolor de un montón de seres humanos que son el papá de alguien, la mamá de alguien, la abuelita de alguien o el hijo de alguien, o sea, que siempre serán seres humanos con referencia a otros seres queridos y que por lo tanto aunque sean desconocidos para nosotros, tenemos que tratarlos con mucho respeto. Creo que ha cumplido su labor. A nosotros nos llegaron imágenes de otras partes del mundo y empezamos a dimensionar que se venía. Creo que cada fotoperiodista ha buscado de manera particular que mirar. Ahí está lo interesante también, que pasa del registro a tener una posición propia frente a una pandemia como esta.

—¿Cuál ha sido tu papel en esta crisis?

—He hecho mi trabajo y mi parte, lo mejor que he podido, así, llanamente.

La parte que me corresponde es dimensionar lo que está sucediendo y tomármelo con mucha seriedad, registrar y documentar de la manera más profesional, ética y empática lo que está sucediendo a mi alrededor. En ese sentido me he esmerado lo mejor posible para hacer mi chamba, para no contagiarme y no poner en riesgo a los seres que yo quiero, entonces, no sé si he hecho algo diferente a lo que me correspondía hacer, a lo que nos corresponde como profesionales de la comunicación. Nada más eso.

La parte que me correspondía era dimensionar lo que está sucediendo y tomármelo con mucha seriedad y registrar, documentar de la manera más profesional, ética y empática lo que está sucediendo a mi alrededor. Fotografía: Quetzalli Nicte Ha González

5. Panteón Civil de Valle de Chalco. En mayo, el panteón municipal se vio en la necesidad de comprar otro lote para atender la demanda de servicios funerarios dado que la pandemia por covid- 19 incrementó las inhumaciones. A un costado del cerro Xico decenas de familiares despiden a sus seres amados, en medio de nuevas reglas que la emergencia sanitaria exige. Foto: Quetzalli Nicte Ha González / Excelsior

La parte que me correspondía era dimensionar lo que está sucediendo y tomármelo con mucha seriedad y registrar, documentar de la manera más profesional, ética y empática lo que está sucediendo a mi alrededor". 

Reflexión personal

Deseo profundamente que esta pandemia nos transforme en el sentido de que hagamos un recuento de cuáles son las prioridades que realmente, como seres humanos nos mantienen felices y vivos y eso está muy distante de ser como todo lo que este sistema capitalista nos ha vendido que es lo importante.

Debemos poner más atención al cuidado de nuestros afectos, porque el estar aislados y sentirnos solos, el resguardarnos porque el otro nos da miedo, debería de replantearnos nuestras relaciones en muchos aspectos. Yo tengo un deseo profundo de que volteemos a ver a las personas que nos son importantes antes de que algo así nos los arrebate o la vida misma nos los quite.