El periodismo está considerado como actividad esencial en esta época y de acuerdo a datos de Reporteros Sin Fronteras. Hasta el momento se han registrado 18 fallecimientos entre reporteros y trabajadores de las áreas de comunicación en México. Y es dentro de este marco de riesgo por posibles contagios del virus SARS-CoV2 que 9 fotoperiodistas nos cuentan cómo ha sido su labor en estos tiempos de crisis sanitaria. Este es el testimonio de Miguel Dimayuga, de la revista Proceso.

Es un momento trascendental y sin precedentes en nuestra generación. Y como fotoperiodista, tengo el interés en estar en la primera línea de lo que sucede. Fotografía: Miguel Dimayuga

1. Los trabajadores del Panteón Municipal de Valle de Chalco, indican que los días mas duros ya pasaron. 14 entierros en un solo día fue su récord. Cuando los ataúdes vienen envueltos en plástico son muertos confirmados de Covid19, según sus propias palabras. Foto: Miguel Dimayuga / Proceso

Es un momento trascendental y sin precedentes en nuestra generación. Y como fotoperiodista, tengo el interés en estar en la primera línea de lo que sucede".

—¿Qué ha significado para ti cubrir estos momentos?

—Es un momento trascendental y sin precedentes en nuestra generación. Y como fotoperiodista, tengo el interés en estar en la primera línea de lo que sucede, ya que en un evento como estos, obviamente quiero estar en todo.

Ha sido importante, transcendental y sin precedentes, así lo puedo definir.

—¿Cómo has llevado cada día de cobertura?

—Pasas por muchas fases a lo largo del día. Desde que sales y te preparas; alistas todo lo que vas a usar ahora: el gel, el espray, las toallas, la careta, los lentes, el tapabocas.

Por ejemplo, tengo un par de zapatos que estoy usando desde que comenzó la pandemia. Ahorita traigo otros, pero porque me mojé ayer, pero solamente tengo un par de zapatos asignados. Me los quito en la puerta cuando llego a casa; los guardo en el baño y los rocío con alcohol isopropílico, los dejo ahí que se sequen toda la noche y en la mañana cuando me voy, me los vuelvo a poner en la puerta.

Una vez que fui a un crematorio o cuando fui al hospital Juárez, también llevé un bote con cloro al 10%, e igual, cuando llegué, me rocié la ropa, el pantalón, el equipo. He remojado mis bolsas de equipo en agua caliente dos veces en lo que va de la pandemia.

Cuando es necesario uso los cubrebocas N95. Una vez que fui al panteón, no llevaba, pero traía uno de tela que me hizo mi esposa, son de tela de algodón con tela quirúrgica, porque no puedes estar gastando todos los días en tapabocas y se supone que es de un sólo uso (los N95). Lo que hago es que éstos (los de tela), los lavo diario y los N95, que tampoco me dieron tantos en la oficina; solo diez y los he ido dosificando a lo largo de la pandemia. Me decían que era de un sólo uso, pero yo los ocupo hasta por 72 horas. Digamos que tres puestas es lo más que les doy. Lo que hago para los N95 es que los alterno, tengo dos en uso, cuando dejo de usar uno, antes de secarlo le pongo alcohol isopropílico en la parte de enfrente. Siempre preocupado por no tocarlo, de no manipularlo y con mucho cuidado de no agarrarme la cara de más. Como alguien que toda la vida ha sido muy ansioso, imagínate lo que es no poder tocarte la cara. Pero tengo mucho control todo el tiempo.

Como fotorreporteros somos más integrales. No llegas y tomas una foto, además, debes traer toda la información. Volví a lo básico con esta pandemia, porque andas más solo y es más difícil trabajar con un reportero. Fotografía: Miguel Dimayuga

2. Personal médico y ayudantes generales del Hospital Juárez de México, en el norte de la Ciudad de México, durante un día de labores en el semáforo rojo de la pandemia por el Covid-19. Foto: Miguel Dimayuga / Proceso

Como fotorreporteros somos más integrales. No llegas y tomas una foto, además, debes traer toda la información. Volví a lo básico con esta pandemia, porque andas más solo y es más difícil trabajar con un reportero".

—¿Has sentido temor?

—Todos los días, todo el tiempo desde que comenzó (la pandemia). Porque tengo un hijo de 3 años y mi esposa. En algún momento decidimos que se fueran de la ciudad a la casa de mi esposa (en otro estado), para tener menos riesgo.

Era muy estresante cuando ellos estaban aquí y yo llegaba de trabajar. Los hijos te quieren abrazar, por lo que llegaba corriendo a mi casa, iba directamente al baño con los zapatos en la mano y quitándome la ropa.

Más de una vez he tenido miedo de sentirme contagiado, porque fui al Vive Latino y al Viacrucis, además de que hace unos días me mordió un perro en el Bordo de Xochiaca.

Cuando vi la sangre, lo primero que pensé fue que tenía que ir a Urgencias y me dio un montón de miedo porque es muy riesgoso. Hay mucha gente que no sigue las reglas y aunque hay un acceso para gente con síntomas de Covid-19, pues llega de todas maneras gente por la (puerta de) Urgencias normal. Ese día estuve como hora y media esperando y solamente en ese rato llegaron dos personas que no podían respirar por la zona que no era para Covid-19. Yo iba más protegido a Urgencias del Seguro Social que al Bordo de Xochiaca. Al Seguro me fui con la careta, con el N95 y le eché alcohol isopropílico a todo; tocaron mi IFE y le eché alcohol isopropílico. Todo lo que tocaron lo rocié. Tampoco acostumbro a sentarme en cualquier lugar. Te pones a pensar que tienes un chorro de estrés y a veces cargamos todos los días de 10 a 12 kilos de equipo fotográfico, a veces hasta más por el (lente) cuatrocientos y si haces video, llevas el monopié, tripié, la cabeza de video y como no puedes poner nada en el piso por seguridad, pues todo el tiempo tienes la mochila encima colgada en el cuello y te duele el cuerpo y sientes que tienes síntomas.

Entonces entre a círculo vicioso permanente, porque es muy agotador físicamente. Andas todo el tiempo en la calle y pues sí, también te cansas mentalmente y eso es todavía más agotador que lo físico.

El otro día hablando en un foro en Cencos, se comentaba que esto fue un poco como lo que pasó en 2006; nadie nos preparó en la escuela para una ola de violencia como la que nos enfrentamos en la década del 2000. Y obviamente tuvimos que modificar la forma en la que trabajamos, en la que nos comunicamos entre compañeros y los protocolos de seguridad. Ahora también es un poco eso. Pero todavía es peor, porque esto ha sido más rápido. En cuatro meses hemos tenido que aprender a usar el gel, aprender a usar el alcohol isopropílico, todo lo que te decía, los lentes, las caretas y el traje tyvek. De esos tengo dos y todavía no los he usado porque no ha sido necesario, pero también estoy como expectante, porque lo que he sabido de compañeros, es que hay una forma de ponérselo y una forma de quitárselo y si no lo haces bien te puedes contagiar. Todas esas cosas las hemos tenido que aprender sobre la marcha y sin margen de error. Porque en la práctica, no es como estar estudiando medicina y en cinco años te estás poniendo el traje. Aquí no, aquí estás arriesgando, no solo tu vida y la de tus familiares, sino también la de tus compañeros.

Ese es ahora otro miedo. Por ejemplo, fuimos a Campo Marte a un evento y los de logística o no están preparados o se les pasa, pero yo consideré que era un error que hubiera tres hectáreas en Campo Marte y tenían a 16 personas, 2 sin tapabocas, dentro de un espacio de 2X6 metros.

En la gran mayoría de las veces y de las coberturas que hacíamos todos los días, eras un poco como mirón de palo. No participas, eres ajeno, solamente estás ahí para documentar la situación pero tú no sufres una consecuencia, pero en la pandemia sí, tú eres vulnerable todo el tiempo. Fotografía: Miguel Dimayuga

3. Habitante de la Ciudad de México posa frente al mercado de Arcos de Belén durante la Fase 3 de la contingencia sanitaria por la pandemia del Covid19. Foto: Miguel Dimayuga / Proceso

En la gran mayoría de las veces y de las coberturas que hacíamos todos los días, eras un poco como mirón de palo. No participas, eres ajeno, solamente estás ahí para documentar la situación pero tú no sufres una consecuencia, pero en la pandemia sí, tú eres vulnerable todo el tiempo". 

—¿Qué te ha enseñado esta crisis?

—Que como fotorreporteros debemos ser más integrales. Ahora, no llegas y tomas una foto, sino además, debes traer toda la información. Volví a lo básico con esta pandemia, porque andas más solo y es más difícil trabajar con un reportero. Hay que estar monitoreando más cosas, viendo el trabajo de los compañeros y logrando coberturas con más autogestión.

—¿Qué dejará la pandemia y su presencia en tu vida personal y profesional?

—A corto plazo mucho estrés, hasta me salió un hoyo en la cabeza por alopecia. Supuestamente mi esposa se fue para estar más tranquilo, pero mi cuerpo dice que no lo estoy dándome esas señales. Lo que trato de buscar es más el autocontrol.

Finalmente, el hecho de estar todo el tiempo en primera fila de los sucesos ha sido desgastante. En la gran mayoría de las veces y de las coberturas que hacíamos todos los días, eras un poco como mirón de palo. No participas, eres ajeno, solamente estás ahí para documentar la situación, pero tú no sufres una consecuencia, pero en la pandemia sí. Tú eres vulnerable todo el tiempo al igual que una persona que está llegando al Hospital General sin poder respirar, si no te cuidas y tomas las precauciones debidas. Además tienes a fuerza que salir a la calle, no vas a reportar desde un teléfono o la computadora. Yo no puedo tomar las fotos desde la ventana de mi casa.

(En ese momento se acerca una persona a pedir dinero) por ejemplo, todo ese tipo de cosas me da pánico, que se me acerque la gente.

—Eso te ha dejado en tu vida personal. ¿Pero en la profesional?

—Pues todo va casi en comparaciones. Primero lo comparaba en 2006 y también con el sismo, era muy difícil cubrir el sismo como habitante de la Ciudad de México porque tú te puedes ver reflejado en todos los lugares a donde ibas. Más si piensas que tienes un patrimonio después de 15 o 20 años y lo ves derrumbado, o sea, ves la casa de alguien más y sabes que pudo haber sido la tuya.

Aquí también, ves a las familias sufriendo, ves a la gente llegando sin poder respirar a los hospitales, todo el tiempo sabes que puedes estar en la misma situación si no te cuidas porque somos muy vulnerables.

Ves a las familias sufriendo, ves a la gente llegando sin poder respirar a los hospitales, todo el tiempo sabes que puedes estar en la misma situación si no te cuidas, porque somos muy vulnerables. Fotografía: Miguel Dimayuga

4. Trabajadores de la funeraria Servicios Funerarios Ayala en Ecatepec, Estado de México, realizan el rescate de los restos de una persona fallecida en su domicilio con los protocolos por la fase 3 de la contingencia sanitaria. Foto: Miguel Dimayuga / Proceso

Ves a las familias sufriendo, ves a la gente llegando sin poder respirar a los hospitales, todo el tiempo sabes que puedes estar en la misma situación si no te cuidas, porque somos muy vulnerables".

—¿Cómo imaginas la "nueva normalidad"?

—Con distancia y una nueva forma de relacionarse, con relaciones intrapersonales nuevas, por lo menos en dos o tres años.

No es la primera vez que pasa una situación así, pero no en nuestra generación, no nos había tocado, y ahora además, se suma la globalización y todos los problemas que de por sí había en el país y en el mundo. Cosas como el narcotráfico, la violencia, el feminicidio, el racismo. La pandemia ya lleva 4 meses y nada de eso ha dejado de pasar.

—¿Cambiará tu forma de trabajar?

Sí, ya cambió. Todo el rito de limpieza del equipo, las mochilas, todo con lo que tienes contacto. Cuando agarro la cámara me lavo las manos y si le saco la tarjeta, me vuelvo a lavar las manos antes de meterla a la computadora, y si toco la computadora y voy a comer, limpio la computadora con alcohol isopropílico y entonces me lavo las manos de nuevo. Te provoca mucho estrés hacer todo eso.

—¿Cuál ha sido el papel de fotoperiodismo en esta crisis?

—Ha sido documentar, dejar prueba y constancia para las siguientes generaciones de un hecho sin precedentes en nuestra era. Escuchamos toda la vida de cuarentenas, de confinamientos, de la peste bubónica, la lepra, la viruela, pero nunca nos había tocado vivir en la época moderna una pandemia y menos con todos los elementos para documentarlo. El papel del fotoperiodismo ha sido eso, los profesionales documentando la pandemia que es un hecho sin precedentes en la era moderna.

—¿Cuál ha sido tu papel en esta crisis?

Simplemente ha sido hacer mi trabajo, salir a la calle a documentar lo que está pasando. Yo creo que no vas más allá.

Hay que estar conscientes de que como fotorreporteros, como reporteros, como periodistas, somos una comunidad, pero como habitantes de la Ciudad de México también debemos ser conscientes que esto no es temporal, no es pasajero, llegó para quedarse y hay que cuidarse, no solamente uno, sino todos. Fotografía: Miguel Dimayuga 

5. Vendedores de tianguis de Chimalhuacán, pertenecientes a la Alianza Fraternal Suprema Mexicana se manifestaron desde temprano frente a Palacio Nacional para exigir al gobierno federal que les permita trabajar ya que desde finales de marzo no les permite establecerse por la contingencia sanitaria por la pandemia del Covid19 y no han obtenido ningun apoyo. Foto: Miguel Dimayuga / Proceso

Hay que estar conscientes de que como fotorreporteros, como reporteros, como periodistas, somos una comunidad, pero como habitantes de la Ciudad de México también debemos ser conscientes que esto no es temporal, no es pasajero, llegó para quedarse y hay que cuidarse, no solamente uno, sino todos".

Reflexión personal

Creo que lo que nos va a salvar en estos tiempos es la empatía. Hay que estar conscientes de que como fotorreporteros, como reporteros, como periodistas en general, somos una comunidad. Pero como habitantes de la Ciudad de México también debemos ser conscientes de que esto no es temporal, no es pasajero, llegó para quedarse y hay que cuidarse, no solamente uno, sino todos y ser conscientes de nuestro entorno.