Los potosinos quieren a Miguel Mateos. Hombres y mujeres, aunque más ellas, se saben sus canciones y con ellas cantan, bailan, agitan los brazos y se emocionan durante el concierto con que el rockero argentino clausura el Festival de Letras 2012.

Personas de todas las edades, que no hace falta que hayan vivido durante el ya lejano movimiento rock en tu idioma, llenan la Plaza de los Fundadores, quizá la menos agraciada de esta bella ciudad, donde se lleva a cabo el concierto en un ambiente familiar y tranquilo.

De pronto, se desata la lluvia. Al principio es ligera, pero ni siquiera cuando se convierte en un torrencial aguacero, espanta al público que empapado permanece en su lugar cantando y coreando mientras los músicos siguen tocando.

Pero, ¿y los escritores?

Los potosinos acudieron por miles a escuchar la clausura con Mateos y la apertura del festival con Ximena Sariñana, por cientos para escuchar las palabras y ver la cinta de Alex de la Iglesia, otros tantos acudieron a la magnífica obra infantil El misterio del helado derretido; pero los encuentros del público con los escritores, si descontamos a los alumnos de alguna escuela que fueron llevados, apenas rebasan una única decena.

Llena de estudiantes en el Museo del Virreinato se dio la charla Ensayo, una deriva con/sin derivaciones, pero en cuanto terminó y salieron los jóvenes, dejaron a Julio Patán y Álvaro Uribe charlando sobre la nueva novela de este último, ante una docena de personas (incluidos técnicos y una par de periodistas).

Esto sucedió incluso cuando se trató de innovar en los formatos y se planteó el ¡Espectacular cartel de lujo! Leyendo a una sola caída y con límite de tiempo:

Lucha/lectura de exhibición por el Primer campeonato universal de cuento corto San Luis Potosí 2012 .

Sonaba muy divertido en principio pero terminó en lecturas un tanto aisladas, sin luchas ni ganadores, de los escritores arriba de un ring de lucha, muchos de los cuentos no eran tan cortos e incluso se leyó un capítulo de una novela. Hay que decirlo, la gente que de entrada no era tanta, se fue saliendo.

Y resulta curioso, ya que si alguna ciudad mexicana puede presumir de lectora esa es San Luis Potosí.

Librerías a la vuelta de la esquina

En San Luis Potosí se leen libros. El Atlas de Infraestructura Cultural señala lo que una simple caminata puede comprobar: Resulta difícil recorrer las calles del centro de la ciudad (de aquí en adelante, a fin de evitar la repetición de calificativos como bellas y hermosas, baste decir que al menos en el centro de San Luis Minas de Potosí, edificios, plazas, calles y banquetas son todas… despampanantes) sin encontrarse con una librería.

Los potosinos tienen muchas más librerías que ciudades como León, Mérida, Puebla, Guanajuato o hasta Oaxaca. Hay desde las modestas y sin mucho surtido, como Ochoa o Don Quijote, hasta las representantes de cadenas grandes como Porrúa y Gandhi (esta no está en el centro), que compiten codo a codo con algunas magníficas locales, como la Librería Española, Gonvill y la de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Esto ocurre solo gracias a las compras los lectores, ya que no existe algún apoyo especial para el negocio de las librerías, comenta Amparo Rosillo de la Librería Española, la de más tradición ya que ha estado abierta desde 1880.

Amparo consulta su base de datos, en abril vendió 1,490 libros (unos 50 al día), lo cual es un poco menos que el cálculo aproximado que hacen en la sucursal de Porrúa: unos 80 diarios.

Cabe señalar que, a diferencia de las librerías locales, Porrúa y Gandhi tiene presencia del Festival de Letras, con un par de presentaciones de libros. Este año no nos invitaron, no sé por qué , lamenta Amparo.

Las arengas de Mateos ( En vez de ver porno, leo ) y Sariñana ( Toda expresión artística proviene de las palabras ) no fueron suficientes, el público en general no estuvo interesado en las actividades puramente literarias.

¿Será que faltó más integración entre famosos y escritores? ¿Será que no hubo ningún escritor realmente taquillero (Élmer Mendoza, el más reconocido de los invitados, no pudo asistir)? ¿Faltó promoción en las librerías locales? ¿Será que la lectura es un acto íntimo y no se ha encontrado la manera de hacerlo multitudinario? ¿Será que se está apostando al futuro, a que los estudiantes que llenaron en esta ocasión las lecturas y charlas acudan en años futuros por su propio pie a este tipo de eventos? ¿No preferiríamos que se quedaran en su casa leyendo?

Sea lo que sea, el Festival de Letras tuvo un enorme éxito y todo parece indicar que en San Luis Potosí la lectura goza de excelente salud.

[email protected]