Miren, estoy borracha. Más bien, cruda. ¿Quién no lo está? Con este año tan horrible, todos debemos emborracharnos este fin de año. Salud. Que en el 2017 no se muera Keith Richards.

En fin, como es costumbre, el Garage se abre para desempolvar las mejores películas del año. Meh, no seré tan presumida: de todas las que vi, éstas fueron las que me gustaron. Digamos que si me encerraran en mi recámara con un Netflix de puras películas 2016, con esta lista me sentiría muy a gusto.

Rogue One. Sí, soy una fangirl, pero cuando una de mis adoraciones falla, lo digo. En este caso el universo de Star Wars se expandió para incluir una historia trágica, inspiradora, noble sin ser cursi. No se trata de heroísmos fáciles ni de un elegido que, con magia, vendrá a vencer al villano que respira como una máquina. No: ésta es la historia del soldado desconocido. Star Wars alcanza la edad adulta. Aplausos a Diego Luna.

Tangerine. Esta película se robó el Sundance en el 2015. Podemos hablar de la hechura, filmada completamente con un par de celulares, pero lo importante de Tangerine es, como debe ser, la historia. Dos prostitutas transexuales buscando sacarle a la vida su escondido filón de plata. Personajes humanos e hilarantes. Y de fondo un crepúsculo color mandarina: la belleza natural de Los Ángeles.

La La Land. No se ha estrenado y no me maten por incluirla, pero tengo que hacerlo. Estuve a punto de pasarla por alto en el Festival de Cine de Morelia y al final la vi y fue la mejor película que vi en el malhadado festival. Ryan Gosling es un pianista de jazz desencantado. Emma Stone sueña con ser actriz. El atardecer de Los Ángeles. La magia sucede. Cuando la estrenen, en febrero, no se la pierdan por nada.

Estación zombie: tren a Busan. El asunto zombi está ya tan traído y llevado que uno pensaría que no habría manera de encontrarle sorpresa. Pues miren esta película coreana. Sucede el evidente outbreak de un virus zombi en Seúl y los pasajeros de un tren, todavía sanos, tienen que volverse una especie de mini-Estado para sobrevivir.

Raw. Ok, Ok. Voy a incluir otra que ustedes no han visto porque no la han estrenado y yo la vi en Morelia. Es la locura. No soy fan del gore (me marea) ni del terror (me quita el sueño), pero esta cinta sobre una joven que se vuelve caníbal es algo más que un display de sangre y entrañas. Es una crítica al primer mundo y los valores posmodernos que quiere imponer al resto del mundo. Hasta al veganismo le cae su pedazo de hígado. Gran cosa. Véala a medianoche.

Sing Street: éste es tu momento. John Carney, director, es algo así como el John Hughes de nuestra generación. No tanto por el tema adolescente sino por su capacidad de hacer películas modestas que son totalmente conmovedoras. A Carney lo que lo vuelve loco es la música. Esta historia de los 80 en un Dublín que parece un páramo que, de pronto, se llena de la mejor música es inolvidable. Como siempre, un chico conoce chica. Y el rock los acompaña. Pongan el soundtrack en repeat.

La llegada. Si me apuran, diré que La llegada es mi película favorita del año. Denis Villeneuve es el genio de esta generación. Siempre sabe encontrar la historia personalísima en la Gran Historia. Amy Adams protagoniza como una experta filóloga e intérprete que tiene sobre sus hombros el destino de la humanidad. En serio: una filóloga. Si piensan que la lingüística es cosa de profesores, vean La llegada. Nunca pensé que podría emocionarme tanto la diferencia entre significado y significante. Y además, la cinta pone en escena una teoría hermosa: que el lenguaje ordena las funciones de nuestro cerebro, hasta nuestra percepción del tiempo.

La bruja. Esta película independiente no depende del susto fácil para mantener la tensión. La bruja es la historia de una familia que la de la epónima bruja. Algunos la hallaron aburrida, yo salí de la sala sintiendo choques eléctricos.

Bellas de noche. Hay un punto en el que la ternura y la lástima se encuentran. Hallar ese punto ha sido una de las obsesiones del arte y lo digo sin exageración. Hay belleza en ese punto que es tan pequeño, una frontera fácil de pasar. Bellas de noche, documental de María José Cuevas, da justo en el blanco al contar la historia de las viejas vedettes de los 70. ¿Qué fue de Wanda Seux, de Olga Breeskin, de la Princesa Jamal, de Lyn May? Alguna vez fueron el objeto de deseo de poderosos y desarrapados por igual. La cinta dice mucho del poder, del sexo y de la condición femenina en un país de machos..

Las elegidas. David Pablos hizo la mejor película mexicana de este año. La historia, por desgracia tan del periódico de la trata de mujeres recuerda en realización y tono a Las Poquianchis de Cazals. Pero Las elegidas tiene su vida propia. Una joven pareja: ella es ingenua, él es un aprendiz de padrote. La prostitución es el negocio de la familia: o metes a tu novia al negocio o te mueres. Una historia de dimensiones épicas en el corazón del crimen organizado nuestro.

Mención especial: Horace and Pete. Verán, Horace and Pete no es una película pero debería serlo. La serie, obra del genial Louis CK, es un comentario de lo que significa ser estadounidense en esta generación. Horace (Louis CK) y Pete (Steve Buscemi) son dos hermanos que cuidan el legado familiar: un bar que ha visto pasar el siglo XX y ahora sobrevive el XXI como una cáscara de nuez en el océano.

Es muy chistosa, pero no es una comedia loca. Es, en realidad, una comedia que tiene regusto: después de la carcajada viene la reflexión. Quisiera escribir más al respecto pero lo mejor es que la vean: está disponible en el sitio de CK. Louis CK debe ser considerado el Montaigne de nuestros días.

concepcion.moreno@eleconomista.mx