En el Día Internacional de la Educación, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) promueve el rescate y la revitalización en respuesta a la interrupción del aprendizaje por la pandemia de Covid-19, la institución ha establecido que se trata de reforzar la educación como el centro de la recuperación pero ¿qué tan sencillo será eso?

En entrevista la doctora Bertha Fortoul, investigadora de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad La Salle y especialista en prácticas docentes, explica que tal vez pasaremos por modelos mixtos, sin embargo, es un hecho que algún día regresaremos a la presencialidad y el reto para ello será complejo porque habrá muchos temas que se van a cruzar, por ejemplo la atención al desarrollo cognitivo, social, emocional y ético de los estudiantes; el diálogo entre diversos agentes educativos, centralmente entre los padres de familia, los maestros y la flexibilidad curricular, con su pertinencia y relevancia.

De entrada, “En estudios realizados a niños de 0 a 6 años, el 40% no ha tenido ningún contacto que no sean los papás, esto nos habla de que esos niños van a llegar con carencias sociales con personas de su edad, muy marcados por adultos. El trabajo deberá ser con personas de su misma edad  y en cuanto a los hábitos, pues en muchas casas los horarios se rompieron completamente, los límites y la vigencia de la norma se eliminaron”.

Otros temas, desde el punto de vista de la especialista serán el bien común, bienestar y el tema de la muerte, “todo ello tiene que ver con aspectos afectivos que va a pegar en las dinámicas en un sentido muy importante y que no se van a arreglar mayoritariamente con terapia, requerirá de muchas actividades de socialización que ayuden a la expresión como salida nacional en espacios como parques recreativos, casas de la cultura, bibliotecas, canchas, etcétera”.

Por otro lado los conocimientos académicos preocupan, de manera especial primero y segundo de  primaria, porque estos grados implican la lecto-escritura, formación del número, conteo, adición, sustracción; luego la formación más práctica en todas las carreras, hasta las universitarias.

La doctora Fortoul subraya que la escuela juega un rol importante de cuidado de las personas en torno a la violencia y a la posibilidad de tener otros espacios donde convivir y desarrollarse, “para pensar en ello después de la pandemia ya vamos tarde”. Y aquí hay un problema porque no se sabe nada de cuáles son las decisiones que está visualizando la Secretaría de Educación Pública, “creo que si se hará o no un rediseño curricular, el magisterio ya está cansado de programas que salen en el mes de mayo o junio para implementarse en el mes de agosto, esto no puede seguir pasando”.

Dijo que hoy ya estamos en la posibilidad de empezar a imaginar y crear los escenarios sobre las diferentes realidades que habrá en este país y la salida que habría que darle, y para ello se necesita recomponer un diálogo que ha sido muy dañado durante la pandemia, este es entre Secretaría de Educación Pública-Magisterio-padres de familia, “si bien no es nuevo en este periodo se recrudeció mucho y se permitieron muchos exabruptos de las tres partes. Aquí hay algo importante que hacer y tendría que ser asumido por lideres nacionales que lograran un diálogo mucho más productivo”.

Por último aseguró que necesitamos datos seguros y certeros, qué pasó con nuestros niños durante la pandemia?, a partir de ahí pensar en ideas diferenciadas, para niños que nunca tuvieron oportunidad de conectarse, que vivieron violencia intrafamiliar, adicciones, hasta quienes tuvieron buena conectividad y apoyo; las combinaciones serán muchas y en ese sentido no funcionarán las salidas nacionales, pues a la larga es muy inequitativo, dijo que debemos analizar los diversos casos y encontrar soluciones específicas.

Fortoul concluyó que el Covid.-19 no es solamente un tema de salud y de economía, está afectando la integralidad y son muchos factores que no podemos descuidar, entre ellos la educación.

nelly.toche@eleconomista.mx